Cristina tenía 8 años cuando la conocí. Una niña encantadora, inteligente y extrovertida. Muy pronto esa niña empezó a adorarme. Demasiado, de hecho, produciendo muchas situaciones divertidas y alguna que otra un tanto incómoda, al menos para mí.
Sus padres no eran ajenos a esto, y mucho menos su hermana Carmen, que solía decirme “viene tu novia” cuando la niña venía a casa. Ya contaré un poco de esa época. Sobre todo del viaje a Lanzarote, cuando Cris tenía, creo, como 12 o 13 años, que fue cuando domé y preñé a su hermana mayor, Valeria. O incluso de antes, de cuando empecé a trabajar con su padre y me ennovié y