Como en tantas otras ocasiones, uno de mis jóvenes lectores se pone en contacto conmigo para que le ayude a tener sexo con su madre.

Él tiene 20 años y su madre 45. Vive con sus padres y me confiesa que aún es virgen, que no ha tenido sexo con ninguna mujer y que lo que más desea del mundo es estrenarse con su madre, que sea su coño el primero en el que mete su pene.

Cuando me mandó su primer correo eran las 10 de la noche y estaban él y su madre solos en la casa, porque su padre estaba trabajando en el turno de noche.

Me mandó el correo electrónico de su madre, yo me puse en contacto con ella, mandándole mi habitual correo de presentación y esta es la conversación que tuvimos intercambiando correos:

—Hola Luisa.

Soy un escritor de relatos eróticos.

Me llamo Tomás, vivo en España, mi nombre de autor es TPRECIADOS1975 y TPRECIADOS2000.

Estoy especializado en relaciones sexuales entre miembros de la misma familia.

¿Tienes interés o curiosidad por este tipo de relaciones?

¿Sientes atracción sexual por algún familiar cercano?

¿Cómo reaccionarías si supieras que un familiar cercano siente atracción por ti?

Esto no es ninguna broma, como podrás comprobar si me contestas con sinceridad.

—Hola, no sé quién es usted. ¿Cómo obtuvo mi correo? ¿Y qué preguntas son esas?

—Hola Luisa, gracias por contestarme.

Yo soy quien te he dicho en mi correo anterior y si contestas a mis preguntas con sinceridad no te arrepentirás.

Tardó más de 20 minutos en contestarme.

—He entrado en la página que me indicó y he leído algunos de sus relatos y no comprendo qué tengo yo que ver con ese tipo de relaciones, yo nunca he tenido deseos por nadie de mi familia y solo he tenido relaciones con mi marido.

—OK, ¿pero qué me dirías si alguien de tu familia tuviera deseos por ti?

—Pues le diría que eso está mal. ¿Alguien de mi familia? ¿Quién?

—Pues se trata de tu hijo Daniel, él es el que me ha facilitado tu correo para que me ponga en contacto contigo y te lo diga, porque él no se atreve a decírtelo directamente.

Que te quiere muchísimo como madre, pero que también te desea como mujer.

Que aún no ha mantenido relaciones sexuales con ninguna mujer y que su mayor deseo es que tú seas su primera mujer.

—¿Pero qué dices? ¿Tú estás loco? Esto debe ser una broma de mal gusto. ¿Cómo va a querer tener sexo mi hijo conmigo?

—Esto no es ninguna broma, Luisa, esto va totalmente en serio y de lo que se trata es de que, una vez que sabes que tu hijo quiere tener sexo contigo, me digas cómo lo ves.

—Pues cómo lo voy a ver, lo veo muy mal, una madre no puede tener relaciones sexuales con su hijo. Yo a mi hijo lo adoro, pero nunca se me ha pasado por la cabeza hacer algo así con él.

—Te sorprendería saber la cantidad de madres que tienen sexo con sus hijos, de todas las edades y condición, yo personalmente he conocido cientos de casos y he publicado muchos relatos basados en hechos reales, como puedes comprobar que está siendo en estos momentos tu caso.

—¿Mi caso? ¿Cómo que mi caso? Yo no voy a tener relaciones sexuales con mi hijo, no le puedo hacer eso a mi marido y además ¿qué pensaría la gente si se enteraran?

—¿La gente? ¿Qué gente? Nadie tiene que enterarse, ni tu marido tampoco, será vuestro secreto.

Yo estaba también en contacto con el hijo y le iba contando cómo iban las cosas con su madre y como vi que la madre no me decía un no rotundo, le dije al hijo que se hiciera una foto con su pene tieso, para mandársela a su madre, porque es algo que he utilizado en muchos casos y funciona muy bien, las pone muy caliente y les anima a decidirse.

Él se hizo una foto desnudo delante de un espejo y tenía una buena «tranca», que, desde luego, no iba en consonancia con su cuerpo, porque era bastante delgado y eso hacía que su pene totalmente duro destacara aún más.

Yo le mandé la foto a la madre diciéndole:

—Mira, Luisa, esto es lo que te quiere meter tu hijo.

Y su respuesta fue esta:

—¿Quééé? Sí, ese es mi hijo, pero ¡Dios mío!, nunca imaginé que mi hijo pudiera tener algo así, no lo puedo creer, es enorme, mucho más grande que el de su padre.

—Pues ese hermoso pene puede ser tuyo ya mismo si me dices que lo quieres.

—¿Cómo te voy a decir que lo quiero, si ya te he dicho que no puedo tener sexo con mi hijo porque eso no está bien?

—Ya, ya sé que me has dicho eso, pero tú antes no sabías que tu hijo, al que adoras, se muere de ganas de tener sexo contigo y que además quiere que tú seas su primera mujer.

—Bueno, en eso tienes razón. Pero sigo sin comprender cómo mi hijo puede querer algo así, yo nunca he notado nada raro en él, solo el cariño normal de un hijo por su madre.

—Pues él me ha dicho que te ha visto varias veces desnuda, en el baño saliendo de la ducha y en tu dormitorio cambiándote y que tú le has dejado mirarte y no le has dicho nunca nada.

—Bueno, pero eso es algo normal, en la convivencia, a veces se dan esas situaciones, yo también lo he visto a él desnudo muchas veces, pero es cierto que cuando era más pequeño, hace años que no lo veía y por eso me ha producido tanta sorpresa verle ahora así, con ese enorme pene, nunca me lo había imaginado así, la verdad.

—Pues el verte desnuda y tú aparentar indiferencia es lo que ha provocado en él el deseo de tener sexo contigo.

Así que te lo vuelvo a preguntar: ¿vas a permitir que tu hijo cumpla sus deseos contigo? ¿Quieres que tu hijo meta su hermoso pene dentro de tu cuerpo?

—Visto lo visto y aunque sigo pensando que está mal, ahora mismo no sé qué pensar, pero creo que es demasiado grande para mí, yo solo he tenido sexo con mi marido y la tiene muy normalita, nada que ver con la de mi hijo.

Además, yo soy una mujer más bien pequeña y ese pene me podría dañar.

Ya no se negaba a tener sexo con su hijo, se ve que eso ya lo había aceptado, ni le preocupaba su marido ni la gente, ahora lo único que la preocupaba era el tamaño del pene de su hijo.

Yo a ella no la conozco y no sé su constitución, pero según decía ella, es una mujer más bien pequeña y desde luego, el pene de su hijo infunde respeto, así que le dije:

—Bueno, sí, el pene de tu hijo es evidentemente más grande de lo normal, pero no creo que tanto como para hacer daño a una mujer de tu edad, por lo general a las mujeres mayores les suelen gustar los penes grandes.

—No sé, no sé, creo que no estoy pensando bien, ver esa foto, comprobar que se trata de mi hijo de verdad y ese pene… Ufff.

Está bien, dile que venga a mi dormitorio pero solo para que hablemos.

Yo le dije al hijo que su madre me había dicho que fuera a su dormitorio para «hablar».

Le dije que fuera solo con los calzoncillos y que a su madre la iba a decir que le esperara sentada en la cama, pero sin bragas, para que todo resultara más fácil.

A la madre le dije que su hijo iría en un momento a su dormitorio, que lo esperara sentada en la cama, sin bragas, para que la «conversación» fuera más «fluida».

Y ella me contestó:

—¿Sin bragas?!!! Dios mío ¿me la va a meter de verdad? Creo que me estoy volviendo loca, pero siéndote sincera, sí, ya sí estoy deseando que me la meta y que sea lo que Dios quiera.

Dile que venga yaaa…

Y así quedaron las cosas, no volví a saber nada de ellos hasta el día siguiente, que recibí un correo, primero del hijo y después de la madre.

Correo del hijo:

Hola Tomás, te cuento lo que sucedió anoche con mi madre, aún no me lo puedo creer.

Llegué a su dormitorio y cuando entré, allí estaba ella, sentada en la cama con un camisón de tirantes de los que ella usa habitualmente para dormir.

No sabía si llevaría puestas las bragas o no, pero lo que no llevaba puesto era el sujetador, porque a través de la fina tela de su camisón se notaban perfectamente los pezones de sus tetas, que las tenía bien paradas.

Ella no me dijo nada cuando entré, ni yo a ella tampoco.

Yo iba totalmente decidido a todo, así que me acerqué hasta ella y cuando estaba bastante cerca, saqué mi pene de los calzoncillos y se lo puse a escasos centímetros de su cara, ella lo miró con cara de susto, pero como se supone que también estaba ya totalmente decidida, me lo agarró con una mano, me lo apretó fuerte, como si quisiera comprobar lo duro que estaba, me miró a la cara como pidiéndome permiso y sin dejar de mirarme, se metió mi glande en la boca y comenzó a chupármelo como con desesperación.

Yo agarré su cabeza con mis manos y comencé a acariciar su pelo, ella seguía mirándome sin dejar de chupármela.

Como te dije, yo no he tenido nunca sexo con ninguna mujer, pero he visto infinidad de vídeos y leído cantidad de relatos y aunque estaba en la gloria con mi madre chupándomela, estaba demasiado excitado como para quedarme quieto, así que decidí pasar a la acción.

Saqué mi pene de la boca de mi madre, ella me miró sorprendida, pero enseguida comprendió lo que quería hacer, porque la empujé suavemente para que cayera de espaldas sobre la cama y ahí pude comprobar que efectivamente no llevaba puestas las bragas.

Su coño peludo quedó a la vista, no estaba depilada, aunque, como pude comprobar luego, lo tenía recortado y afeitado en las partes más sensibles.

Ella se deshizo rápidamente de su camisón y se colocó bien en la cama, para darme todas las facilidades.

Yo me agaché, metí mi cabeza entre sus muslos y empecé a comerme su coño, sin tener ni idea de cómo hacerlo, pero yo lo chupaba y lo lamía con mi lengua por todas partes y no lo haría tan mal, porque mi madre no tardó mucho en correrse en mi boca.

Ella que estaba jadeando y gimiendo, dio de pronto un grito, agarró mi cabeza con sus manos y me la empujaba hacia su coño, como si quisiera metérsela entera dentro de ella y a la vez también me apretaba con sus muslos…

Ufff, casi me asfixia, pero yo conseguí respirar y me fui tragando todos los fluidos de su corrida.

En cuanto aflojó sus muslos y sus manos, saqué mi cabeza, me deshice de los calzoncillos, que aún los llevaba puestos, me acomodé entre sus piernas, que ella abrió totalmente, para facilitarme el acceso, enfilé mi pene con una mano a la entrada de su chorreante coño y de un empujón se la metí hasta dentro… Ufffff.

Como estaba tan lubricada, mi pene atravesó su vagina, que estaba bien estrecha, sin ninguna dificultad y noté cómo mi glande chocaba con algo, que debía ser el final de su vagina.

Mi madre lanzó un grito, supongo que de sorpresa, porque no se esperaría que se la metiera de golpe, pero desde luego no era de dolor, porque puso sus manos en mi trasero y me apretaba con fuerza contra ella intentando que se la metiera más adentro… Ufff.

Y aquí hablamos por primera vez, mi madre entre jadeos me dijo con una voz muy ronca:

—¿Me la has metido entera?

—Sí mamá, te la he metido entera. ¿Te he hecho daño?

—Nooo, cariño… No me has hecho daño, lo que pasa es que yo pensaba que no me entraría entera… Madre mía… ¡La tengo dentro entera!, con el miedo que yo tenía, pensaba que me ibas a atravesar.

—Jajaja. ¿Qué te iba a atravesar? Anda que no eres tú exagerada.

—Es que yo solo he tenido dentro la de tu padre y es mucho más pequeña.

—Pues ahora tienes dentro la de tu hijo y voy a empezar a follarte con ella.

Yo es la primera vez que la meto en el coño de una mujer y además es el coño en el que yo la quería meter, el coño de mi madre, así que me voy a morir de placer follandote, mamá.

—Siiii… Fóllame, hijo mío, fóllame, yo nunca pensé que esto pudiera pasar, pero está pasando y me estoy volviendo loca de placer…

Comencé a follármela con penetraciones fuertes y profundas, se la metía hasta que mi glande chocaba con algo y ella cuando lo sentía daba un gritito más fuerte que sus gemidos, sin dejar de mirarme a la cara.

A mí me volvía loco ver la cara de felicidad de mi madre, con su boca abierta y sus tetas subiendo y bajando al ritmo de su agitada respiración…

Yo estaba muy excitado y sabía que no iba a tardar mucho en correrme, así que aceleré mis penetraciones y de pronto mi madre lanzó un fuerte grito y comencé a sentir las fuertes contracciones de su vagina en mi pene.

¡Mi madre estaba teniendo otro orgasmo!, así que yo ya no aguanté más y también empecé a correrme, se la metí hasta el fondo y comencé a soltar todo mi semen en lo más profundo del coño de mi madre, mientras le decía:

—Me corrooo… Mamá… Me corroooo.

Y ella, también gritando, me decía a mí:

—Yo también me estoy corriendoooo… ahah…

Siiiii… Sí… Siento el calor de tu semen en mi útero… Has vuelto a entrar dentro de miiii.

¡Joder!!… Joderrrr… Mi hijo me está llenando con su semen… mmm… Esto es algo increíbleee ahahah… Dios mío… Me muero de placerrrr…

Así estuvimos diciéndonos cosas, mientras los dos nos corríamos.

Para mí era lo más de lo más, porque me estaba corriendo por primera vez dentro del coño de una mujer, y además era el coño en el que yo siempre había deseado correrme, el coño de mi madre… Uffff.

Y para mi madre me imagino que debería ser también algo muy especial, porque era la primera vez que follaba con su hijo y este le estaba echando todo su semen dentro.

En ningún momento, ninguno de los dos habíamos hablado sobre la posibilidad de embarazarla, pero, yo al menos y me imagino que mi madre aún más, en ese momento, sentimos el morbo de pensar que la podía estar embarazando… Ufff.

Yo tuve ese pensamiento y la sensación que me producía el pensar que podía estar embarazando a mi madre, hacía que apretara con más fuerza, como si quisiera meterle todo mi semen directamente en su útero… Ufff.

Después me confirmó mi madre que ella también lo pensó y que ese pensamiento también le produjo un morbo y un placer increíble. Pensar que su hijo la estaba embarazando mientras sentía el calor de su semen inundándola por dentro… Ufff.

Cuando terminamos de corrernos, se la saqué y los dos nos tumbamos en la cama, abrazados y comiéndonos a besos.

Mi madre me dijo que había sido el mejor polvo de su vida y que, solo de pensar que no quería tener sexo conmigo, por ser su hijo, ahora siente que no podía estar más equivocada, que es con diferencia el mejor sexo que ha tenido en su vida, que las sensaciones que ha sentido sabiendo que el que le estaba dando tanto placer era su hijo es algo que solo se pueden sentir haciéndolo.

Yo le dije que para mí había sido lo más de lo más, le di las gracias por permitirme cumplir mi mayor deseo, como era el de que ella fuera mi primera mujer y que por fin lo había cumplido.

Que la experiencia había superado todo lo que yo me había imaginado.

Ella agarró mi pene con una de sus manos y me dijo:

—Las gracias te las tengo que dar yo a ti, cariño, por elegirme como la primera mujer a la que meter esta cosa tan maravillosa, ahora que ya la he probado y comprobado que no solo no me ha causado ningún daño, sino que me ha proporcionado un placer como nunca había sentido antes, estoy deseando volver a tenerla dentro de nuevo, así que, vamos a ello, porque me muero de ganas.

Le dije que se pusiera a cuatro sobre la cama y en esa postura se la volví a meter y me la volví a follar.

Estuvimos más de tres horas follando, con pequeños descansos para coger aliento.

Me la follé en todas las posiciones que había visto en los vídeos y cada una me gustaba más que la anterior y a mi madre no digamos.

Yo me corrí otras tres veces y mi madre no sé los orgasmos que tuvo, pero me pedía más y más.

No paraba de darme las gracias por haberle permitido vivir esta experiencia y también me decía cuando parábamos para descansar que ya no podría vivir sin mi amor de hombre.

Ya totalmente agotados los dos, mi madre me dijo que teníamos que parar, que me fuera a mi dormitorio porque ella iba a cambiar las sábanas y a ventilar la habitación, para que cuando llegara mi padre no oliera a sexo, que la próxima vez sería mejor que lo hiciéramos en mi dormitorio.

Yo en plan de broma le dije:

—¡Ah!, pero ¿es que va a haber una próxima vez?

Ella me miró sonriendo y me dijo, siguiendo mi broma:

—Bueno, solo si tú quieres, claro.

Yo la abracé desde atrás, la agarré sus dos tetas con mis manos, la empecé a besuquear por el cuello y le susurré al oído:

—No voy a parar de follarte, mamá, piensa que ahora ya tienes dos maridos y tendrás que cumplir con los dos… Jajaja.

Ella, encogiéndose, porque los besos en el cuello le producen muchas cosquillas, me dijo:

—Pues sí, dos maridos, lo que pasa es que después de probar tu pene, cuando lo haga con tu padre, no me va a producir ninguna sensación… Jajaja.

Me fui a mi dormitorio y caí frito al momento.

Hoy cuando me he despertado lo primero que he pensado ha sido en contarte todo esto a ti, porque ha sido posible gracias a tu ayuda, así que es lo menos que te debo.

Muchas gracias Tomás, mi madre me ha dicho que también te mandará un correo.

Correo de la madre:

Hola Tomás.

Lo primero es que quiero agradecerte que me convencieras para tener sexo con mi hijo.

Era algo que nunca se me había pasado por la cabeza y cuando me lo dijiste, sentí un rechazo total, porque para mí era algo impensable, algo malo, algo que una madre y un hijo nunca deberían hacer, luego también pensé que suponía ser infiel a mi marido, cosa que tampoco me había planteado nunca y además con su hijo… Bufff.

Pero cuando me mandaste la foto de mi hijo desnudo, con ese enorme pene, tieso, duro, como amenazante, algo sucedió en mi cabeza, porque de pronto me olvidé de todos mis prejuicios y me centré en que aquel enorme pene no podría entrar en mi vagina, que me haría mucho daño, con lo que ya estaba dando por hecho que en mi fuero interno había aceptado tener sexo con mi hijo, pero que finalmente no lo podría tener porque pensaba que con su enorme pene me podía destrozar.

Pero no podía estar más equivocada, porque una vez que ha sucedido, no puedo estar más feliz y agradecida, tanto contigo por convencerme, como con mi hijo por darme la oportunidad de disfrutar de su virilidad, sabiendo además que yo he sido su primera y de momento, única mujer.

Si te soy sincera, ya no podría vivir sin disfrutar cada vez que pueda del hermoso pene de mi adorado hijo, ahora más adorado que nunca.

Voy a ser su hembra cada vez que él quiera y desde luego, reconozco que no podía estar más equivocada respecto al sexo entre madre e hijo, ahora creo que todas las madres deberían probarlo, porque es algo realmente increíble las sensaciones y el morbo que se siente.

Me ha dicho mi hijo que él te ha contado cómo sucedió todo, así que a mí solo me queda volver a darte las gracias por tu ayuda.

tpreciados2000@gmail.com