Al día siguiente desperté en mi cama con el culo adolorido, casi no podía sentarme derecho. Me dolía al moverme, pero cada vez que me acordaba de cómo me turnaron, cómo me llenaron como pedí, me mojaba otra vez. Fui impulsiva, como siempre. Puse la condición clarita desde el principio, me tiré al hu
Hasta que a los quince dia la invite a quedarse a comer y ella aceptó, comimos y nos sentamos a tomar un trago, cuando ya estaba caliente le pedi si queria un masaje en sus pies, ella se rió y me dijo que le daba pena pues era mi empleada, pero insistí y se dejó.
Lamí y chupé, le mordía los muslos y volvía al coñito con más fuerza hasta que la sentí venirse en una serie de orgasmos que parecían que no tenían fin. Yo no podía más tampoco y entrelacé mis piernas con las de ella para que nuestros coñitos se unieran, empezamos a estregarlos con fuerza uno contra el otro.
Ella quería que Steven le acompañara a su fiesta privada, siendo cómplice en su fantasía. Fue el mejor encuentro sexual de sus vidas.