1.
Estaba tan nerviosa, que llevaba varios días sin pegar ojo. Entre el calor sofocante de esos días, y que por fin se acercaba el día, no daba pie con bolo y lo único que quería era marcharme lejos del maldito Madrid, para olvidarme del trabajo y de mi asqueroso jefe. Mi novio estaba todo el día diciéndome que ese pervertido solo sabía mirarme las tetas cuando me acercaba para decirle algo. A veces pasaba por el trabajo cuando salía del suyo, y entraba a verme a la agencia de viajes, y siempre se iba de allí cabreado por la forma en que mi jefe babeaba, según él, cuando le llevaba algún papel.
—No me gusta cómo te mira, cualquier día va a meter la mano o peor, la bocaza esa que tiene. —me decía siempre.
—No te preocupes, Leo, lo único que me interesa de él es cuando me paga la nómina a final de mes.
—Ya, pero no me gusta que otros tíos te miren como si fueras ganado; estas tetitas solo puedo disfrutármelas yo. —contestó, a la par que absorbía uno de mis pezones de tal forma, que hizo que me olvidara de tener que volver al día siguiente a un trabajo que no me llenaba en absoluto.
—Al menos trabajando ahí tenemos la opción de hacer estos viajes casi a precio de costo; merece la pena aguantar un poco sus babeos para podernos escapar a sitios que de otra forma no podríamos permitirnos.
—Sí, eso es verdad. Lo reconozco. Pero que no se pase ni un pelo.
Así que sí, estaba deseando terminar hoy, mi último día, para olvidarme del temita, y poder follar con mi novio en cada rincón de la casa en la playa que nos habíamos reservado para estas vacaciones, lejos del ruidoso y pegajoso Madrid, en el que, a pesar de estar ya a mediados de septiembre, seguía haciendo calor como en pleno agosto.
Pero, sobre todo, para olvidarme de mi jefe.
—¿A qué hora sale el avión, Salma?
—Hoy no podemos acostarnos tarde, tenemos que estar a las 5 en el aeropuerto. Esta tarde llamé para que nos recoja un taxi a las 4, así que vamos a cenar algo rápido, una ducha y a la cama.
—Hmmmm, me gusta la idea de la ducha, pero juntos, ¿no? Así tardamos menos… —me miró con cara de pillo igual que un niño pequeño cuando le das su chuche favorita.
Le devolví una mirada pícara, sonreí, y me fui mientras me quitaba la ropa y la tiraba por el pasillo dejando un camino de prendas para él.
—El orden de los factores no altera el producto… creo que la cena puede esperar. —grité mientras entraba en el baño y encendía el grifo de la ducha.
Había tenido unos cuantos novios antes de conocer a Leo, pero ninguno follaba como él. La forma en que él hacía que me corriera hasta casi perder la consciencia del tiempo era increíble. A veces me costaba hasta recuperar la respiración y volver en mí; ese maldito cabrón me llevaba hasta lo más alto sin miramientos.
Los tíos con los que había estado solo iban al, aquí te pillo, aquí te la meto, como decía yo siempre. Eran brutos y a veces desconsiderados, deseando incluso que terminaran rápido para poder quitármelos de encima, literal y metafóricamente.
Pero Leo era diferente… la madurez que mostraba en su forma de tratarme, y como sabía calentarme y excitarme antes de culminar en el acto, hacían que quisiera estar en la cama con él las 24h.
—Puedes mover un poco el termostato, el agua sale hirviendo.
—Qué delicado eres… quieres callar ya y follarme ahora; ya te he dicho que a las 4 viene el taxi a recogernos.
—Cómo me pone cuando te enfadas; sobre todo porque no te sale. Date la vuelta. —me susurró a la vez que lamía el agua que resbala por mi cuello.
Enseguida supe lo que quería. La verdad es que no había problema en hacer lo que quisiéramos allí, ya que teníamos la enorme suerte de contar con una ducha tan grande, que incluso si queríamos, no nos rozábamos. En un movimiento rápido, me giro, dándole la espalda y casi sin esperar a que me diera la vuelta del todo, empezó a recorrer mi espalda, con sus