Tres días después, la Videnta Mora llegó a Piedraluna.

No anunció su visita. Simplemente apareció en la puerta del ala oriental, una anciana encorvada envuelta en mantos negros, con los ojos lechosos de quien ha visto demasiado y ya no puede dejar de ver. Los guardias no quisieron detenerla: había algo en ella que hacía que la mano se negara a empuñar el arma.

Kael la recibió con una inclinación de cabeza.

—Videnta. No esperaba vuestra llegada.

—No esperabas nada, cachorro. Eso es lo que te hace peligroso. —Mora se sentó en el único sillón de la habitación y miró alrededor con los ojos que no veían pero que percibían todo—. ¿Dónde está la chica?

Kael no preguntó cómo lo sabía. Las Videntes de Escama leían los patrones de las mudas, y la muda que Kael había sufrido esa noche —la más intensa desde su primera transformación— habría dejado un rastro que cualquier Vidente podría leer a leguas.

—No está aquí.

—Mentira. No me mientas, cachorro. Soy vieja, no estúpida. —Se inclinó hacia adelante—. He venido porque he leído las escamas de tu última muda. Y lo que he visto no me gusta.

—¿Qué has visto?

—Fuego. Mucho fuego. Una ciudad ardiendo. Y una corona fundida como cera. —Hizo una pausa—. Pero también he visto algo que no había visto en setenta años de lectura. Dos llamas que arden como una. Una humana. Una dracónica. Unidas en la lengua antigua.

Kael se quedó inmóvil.

—¿La alianza de fuego?

—No la alianza de fuego, cachorro. La Alianza de Fuego. La original. La que crearon los primeros dragones y los primeros reyes humanos, antes de que el pacto fuera traicionado y la lengua antigua se perdiera. La que no se puede romper.

—Esa es una leyenda.

—Todo es leyenda hasta que deja de serlo. —Mora se levantó con una agilidad sorprendente para su edad—. La profecía de la Primera Alianza dice: "Cuando el fuego humano y el fuego dracónico se fundan en una sola llama, la corona de mentiras se fundirá y los cinco clanes se alzarán o caerán según su verdad." Tu padre lo sabe. El rey Aldric lo sabe. Y lo temen más que a la guerra.

—Mi padre no sabe...

—Tu padre sabe más de lo que dice, cachorro. Igual que el rey humano. Ambos han ocultado la profecía durante generaciones porque una alianza verdadera entre dragones y humanos destruiría el sistema que les da poder. Los rehenes, las reliquias robadas, los matrimonios arreglados... todo depende de que dragones y humanos sigan siendo enemigos que se toleran.

Kael sintió algo que no había sentido en años: miedo. No por él. Por Isavel.

—Si el rey descubre lo que ha pasado entre nosotros...

—No lo descubrirá por mí. Pero hay otros que leen las escamas. Y el duque Beltran tiene un Vidente comprado.

La noticia cayó como una piedra en agua quieta. Beltran, el prometido de Isavel, tenía un Vidente de Escama a su servicio. Un dracónico comprado que leería la muda de Kael tan fácilmente como Mora.

—Tenéis que iros —dijo Mora—. Los dos. Antes de que Beltran presente la prueba al rey y os acuse de traición al pacto.

—¿Huir? ¿Adónde?

—A la Asamblea de las Brasas. Se convoca en tres lunas en el Calderanegro. Allí podréis enfrentaros al Alto Wyrm y revelar lo que los señores de la Tiñada han ocultado: que el pacto fue una traición, que las reliquias fueron robadas, que los rehenes son prisioneros. Y que la Alianza de Fuego ha vuelto.

Kael la miró.

—¿Y si el Alto Wyrm no nos escucha?

—Entonces arderéis. Pero al menos arderéis juntos.