Si me dan a elegir a la hora de ir a la cama toda la vida me inclinaría por un "colágeno" que esté lleno de vitalidad y tenga una herramienta bien dura y sobre todo que la sepa usar, y si bien no estaba en mis planes tener un revolcón con un maduro, la vida me demostró que estaba equivocada.
Soy fanática del running, me gusta cuidar mi cuerpo y todas las tardes al terminar mi jornada laboral voy a correr a un parque cercano a mi domicilio.
Y todas las tardes me cruzaba con hombres mirones a quien no les daba importancia, y algunos pasaban los límites y se mostraban súper groseros y en definitiva se trataba de un montón de pajeros nada más.
Hasta allí todo normal. Al día siguiente me levanté con una extraña sensación, como presintiendo que algo iba a pasar. Regresé a casa y necesitaba salir, tomar aire fresco y ejercitarme. Opté una calza negra y no me puse ropa interior. Si bien se me marcaba todo la sensación de sentirme cómoda no me la quitaba nadie.
Me puse las zapatillas grises de trotar, un top blanco, una campera liviana corta y una gorra negra haciendo juego con mi vestimenta.
Estacioné el auto, me bajé y empecé con la rutina de elongación cuando veo colocarse una camioneta a la par de mi vehículo, era un señor que me dirigió unas miradas lascivas, se bajó y comenzó a elongar a metros de mí.
Incómoda por su presencia decidí apartarme y comenzar a trotar sin mirar atrás.
Con el movimiento la campera se me fué levantando y varios tipos pasaron a mi lado y me dijeron algunas groserías con respecto a mi culo, hasta que el señor que me incomodaba con sus frecuentes miradas se puso a mi lado, me mira y se detiene.
_Hola disculpá...vos sos la esposa del doctor Jorge Cohen?
_Si...y usted quien es? _respondí con algo de intriga y un tanto de enojo.
_Me llamo Antonio Hassan, soy abogado y te tengo de vista desde hace tiempo_ me dijo y dejándome sin reflejos y con total confianza se acercó y me dió un beso en la mejilla.
_Disculpá la intromisión es que escuché que unos tipos muy pesados te molestaron y no paraban de decirte cosas en referencia a tu parte trasera y si te parece puedo ofrecerte asistencia legal frente a los acosos.
_Jaja me causa gracia lo de la parte trasera, nunca se habían referido a mí de una forma tan elegante.
(y con eso logró sacarme una sonrisa y sumó un punto a su favor).
_Bueno... en referencia a tu culo, no quise ser algo vulgar con una niña tan bonita como vos.
_Muchas gracias por cuidar sus modales y sobre todo por rescatarme del acoso de esos primates.
_Te molesta si corremos juntos? Pero aún no se tu nombre.
_Empecemos por lo último: me llamo Maria José Orsi, y en cuanto a su pregunta no me molesta para nada, al contrario, me encantaría. Además si corre conmigo, supondrán que es mi marido y evitaremos de esa forma que me sigan diciendo vulgaridades y no creo que haga falta acudir a la justicia.
_Bueno dale... Y ahora que soy tu marido ficticio puedo pedirte algo?
Epa! (Pensé sin decirlo) _Apenas empezamos a hablar y ya se tomó atribuciones!!.
_Maria José te pido que nos sentemos a tomar algo así charlamos un poco mas, me gustaría conocerte.
_Bueno, lo evaluaré los próximos días para ver que tal es como protector y marido ficticio y tal vez acepte.
_Gracias Dios!! tengo una esperanza, por lo menos no me dijiste que no.
_Tampoco dije si, solo que veré como se comporta y en una de esas, acepto su propuesta.
_Un pequeño detalle: estamos aquí parados hace un buen rato y estamos descuidando la actividad física, le parece si trotamos?_ le dije.
Y nos pusimos en marcha y lo puse a prueba. Si fuese por mí daría sesenta vueltas al parque con tal de cansarlo, pero Antonio me sabía llevar el ritmo y no mostraba cansancio alguno. Sin dudas tenía una buena preparación física. Y eso ya le sumó puntos adicionales.
Los días fueron pasando y a diario nos encontrábamos en el parque. Por lo general yo siempre llegaba primera y me gustaba esperarlo. Empezaba a elongar ni bien lo veía llegar y los ojitos se le iban a esa parte de mi cuerpo por el cual otros hombres me decían tantas groserías.
Antonio podrá haber sido un hombre mayor, refinado y de buenos modales pero no era de fierro. Lo cierto es que ya cayó en mis inocentes provocaciones.
Y así un día jueves, como todos los días nos poníamos a la par a correr, y al terminar con la rutina tomó fuerzas y me preguntó:
_Majo me dirías cómo me porté como cuidador y marido ficticio?
Yo para ese entonces ya no lo trataba de usted.
_Te diría que muy bien, nadie me volvió a molestar así que te pongo un 10. Sos el marido ideal.
_Entonces me la juego: Ya que soy el marido ideal puedo pedirte que salgamos, te parece?
_Okey acepto, cuando?_ respondí con una sonrisa. En definitiva mi diablita interior lo estaba pidiendo a gritos. Antonio era muy seductor.
_Mañana viernes tengo que hacer unos trámites en el centro, te busco y vamos a algún lugar para estar tranquilos y tomar algo.
_No tengo problemas, me parece bien.
_Te paso a buscar tipo 3 de la tarde, por donde me digas.
Y acordamos que me busque en un lugar neutral con tal de no levantar sospechas, si bien solo nos estábamos conociendo siempre era mejor ser precavidos.
Y así me puso una mano en mi cintura, me acercó a él y me dio un beso en los labios dejándome pasmada. Otra vez se había tomado muchas atribuciones pero muy en el fondo Antonio el hombre mayor que nunca estuvo en mis planes me estaba despertando ciertas cosas.
Llegó el viernes y a la hora acordada lo esperé en una esquina. Puntal apareció y subí a su camioneta, me dio un beso en la mejilla y partimos.
Opté por un pantalón elastizado que más que elastizado me lo había puesto a presión. Y cuando Antonio me vió subir a su camioneta me destacó lo bien que me quedaba posando su vista en mis ancas.
_Gracias, es que quería ponerme algo lindo para mi marido ficticio_ le contesté, sabiendo que ya lo tenía a mi merced.
Fuimos a un lugar muy distinguido, nos sentamos, pedimos dos cortados y charlamos.
Antonio me dejó sin palabras, la estábamos pasando de maravillas, aunque a decir verdad ese pantalón nuevo que estaba estrenando para la ocasión me iba a explotar, yo sabía que era mala idea comprar un talle menos pero por hacer caso a la vendedora aquí estaba pagando las consecuencias. Esa tela me estaba cortando la circulación.
Ya sin temas que hablar y con los cafés finalizados además de mi pantalón, el silencio me incomodaba.
_Vamos?_ le pregunté tomando la iniciativa.
_Bueno, y dónde vamos?
_Donde me lleves, no tengo problemas.
_Donde yo quiera, estás segura?
_Nunca estuve tan segura.
Pagó la cuenta, subimos a su camioneta y sin más que decir condujo hasta un hotel alojamiento.
Ya en la habitación, nos besamos, me puso de espaldas y me ayudó a sacarme el pantalón.
_Majo que culo!! Fue lo primero que exclamó al verme así de espaldas a él con el pantalón por las rodillas y con la tanga que se me metía toda.
_Al parecer no tenes problemas de meterle los cuernos a tu marido?
_Tal vez... y al parecer vos tampoco tenés problemas en engañar a la doctora Fabra, tu mujer. No?
Y así lo dejé mudo, ninguno de los dos éramos santos y mayor fue su sorpresa cuando le di a entender que conocía a su mujer.
Ya que antes de llegar a esto me puse a investigarlo, él abogado, su esposa también y mucho más joven que yo. Y desde el día uno fué tan chabacano que ni siquiera atinó a quitarse el anillo en mi presencia, por lo tanto no tenía derecho alguno a reprochar.
Pero quise seguir, no había vuelta atras así que abrí su camisa mientras bajé hasta su pantalón, se lo saqué y quedando en ropa interior se notaba que debajo había una buena herramienta ya bastante dura.
Y si bien el doctor Hassan era contemporáneo a mi marido la diferencia entre los dos era abismal. Un hombre esbelto, con cuerpo atlético, de sangre turca y unos ojos que me seducían y lo mejor es que a pesar de sus canas no tenía problemas de ereccion como el mío.
Al menor descuido saltó de adentro de su ropa intima una hermosa pija de tamaño standard pero gruesa y venosa, tanto que emanaba vigor.
Sinceramente me gustó por lo que no dudé y me metí en la boca para que juegue con mi lengua.
Antonio me llevó hasta la cama, allí me lamió toda... en cada centímetro de mi piel y para coronar metió su lengua bien profundo en mi interior, era un maestro manejando esa lengua, y tanto jugó conmigo que me sacó un hermoso squirt.
Luego de soltar mis líquidos alcé mis piernas quedando totalmente abierta esperando su entrada. Estaba tan mojada que su pija se deslizó solita sin ayuda.
Me la hizo entrar lentamente y la sacaba de repente, luego lo mismo, cosa que me ponía loca, impaciente, queriendo más y más.
_Anthony por favor, no la saques, cogeme cogeme cogerme!!_ exclamé.
_Te gusta putita como te cojo?
_Si si... me encanta, dale, cogeme de una vez!!.
Me la dió muy fuerte haciendo caso a mi pedido, lo noté vital, fresco, como si fuese uno de mis jóvenes amantes cuando sintió mis gemidos y acabé como nunca.
Con una sorprendente fuerza me levantó y yo seguía ensartada en su pija.
Estando de parados continuó con sus brutales ensartadas hasta que sentí unos fuertes disparos de esperma dentro de mí. Acabó y yo sin querer llegué a mi tener otro orgasmo.
Se tumbo a mi lado, me recosté con parte de mi cuerpo sobre el y jugué con su pija y fui bebiendo los restos de leche que seguían saliendo.
Simplemente me gustó hacerlo. Me gustó chuparla.
Nos tomamos unos minutos sin decir nada hasta que Antonio rompió el silencio.
_Majito decime qué te pareció tu marido de running?
_Increible. Me dejaste exhausta... Pero feliz.
Y a decir verdad un poquito me estaba gustando eso de que el doctor Hassan sea "mi marido de running".
_Maria José puedo pedirte algo más?_ me preguntó mientras yo seguía embobada con ese miembro haciéndole una lenta paja.
_Lo que guste Doctor Hassan.
_Me obsesioné con vos desde que te vi. Pero más desde que escuché el comentario de cada uno de los tipos que te ven en el parque respecto al hermoso culo que tenés... Y la verdad es que tenés un culo perfecto!!.
_Doctora Orsi se lo quiero hacer. Concédame ese deseo.
Y sin decir nada me puse en 4 patas, arqueé la espalda para levantar más mi culo, lo miré y dije:
_Si te lo ganas es tuyo.
Se puso detrás, me abrió las nalgas con ambas manos y me dió una chupada interminable. No sé si yo la deseé tanto pero el tema es que me produjo unos espasmos y por qué no temblores de placer, porque ese hombre mayor dejó mi agujerito muy ensalivado, deseoso y listo para que algo duro entre.
Qué hermoso ojete... qué abierto está!!_ Dijo.
Y sin tanto esfuerzo apoyó el glande en mi entrada y con poca presión entró.
_Doctora Orsi que hermoso culo!! se ve que su marido lo usa mucho y seguramente no solo él.
_Me lo usan aquellos que saben ganárselo_ le respondí desafiante como la más infiel que en verdad soy.
Y Antonio comenzó a bombear lentamente y de a poco aumentó el ritmo.
_Que placer, que divino es este culo !!!_ me decía.
_Dale no pares no pares que acabo!!_le dije para apurarlo, aunque en realidad fingí. Es que la pija del veterano estaba haciendo estragos en mí y tan solo deseé poder sentarme sin dificultad después.
_Hay mami, yo también... Ahí te va toda la lechita para vos!!.
Me tomó fuerte de la cintura y dejó caer todo el peso de su cuerpo en mí, por suerte logré salirme, no estaba lista para que me acabe adentro pero al hacerlo me decoró las nalgas con su leche y me las impregnó como si fuese un decorado de glasé.
El apareo llegó a su final y me quedé inmóvil, no tuve nada que hacer y simplemente cedí.
Con las pocas fuerzas que le quedaron atinó a decir _Que hermoso ojete que me comí.
Estaba eufórico por su hazaña. Lo había logrado.
Luego de darme por el culo, se fue a duchar. Yo quedé destruida contemplando mi cuerpo desnudo en el espejo del techo.
Luego fué mí turno de darme una merecida ducha, me vestí y nos fuimos.
Antonio me llevó hasta la misma esquina en donde nos encontramos y allí bajé para buscar mi auto.
Al despedirnos me dió un beso en los labios y con una sonrisa me fui.
Pasó el fin de semana y al llegar el lunes nos volvimos a ver en el parque... Encuentro, elongación, trote, descanso en el césped, toqueteos en su camioneta para después terminar enculada otra vez en un cuarto de hotel.
Y así seguimos con la más entretenida de las rutinas con mi amante mayor cada vez que podemos hacerlo.
Me gusta hacerlo con Antonio y le cuento a mis amigas que estoy viviendo mi propia novela turca con un señor casado y no paran de reírse con mis historias.
Y mientras mi esposo no sospeche y su mujer no se entere lo seguiré viendo a "mi marido ficticio, mi marido de running" de todas las tardes.
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