Esto sucedió hace poco y quería contarlo antes de que olvide detalles. Yo soy un joven de 30 años, una wuawuita de 30, que tengo una oficina en una calle que viví mi infancia, una calle bonita. En esa casa vivimos todos mis hermanos, mis papás y, bueno, cada cierto tiempo nos mudamos, pero yo conocía a esta vecina que le pondré de nombre Victoria. Mi vecina Victoria, yo creo que no nos conoce muy bien porque ella vive a cuadra y media de mi casa y, bueno, es a la otra calle paralela a la mía, o sea, al espaldar de mi casa en esa calle. En fin. Desde que estuve en el colegio, o sea, ya hace 15 años aprox., ella ha tenido una tiendita. Yo rara vez iba a comprar a su tienda. Era una tienda humilde, no recuerdo si olía mal, pero fuera de ello hubo una tienda al frente de mi casa y otra al costado a media cuadra, así que cuando se acababa el pan o algo, no tenía. Mi mamá siempre me decía: «Pero ve a todas las tiendas, ¿fuiste donde la vecina? ¿Preguntaste?» Y yo no soy bueno mintiendo. El detalle es que yo iba rara vez a comprar y compraba pan, pero pasó el tiempo y cuando yo estaba en promoción del colegio recuerdo que vi que mi vecina tenía una máquina de coser y recientemente se puso a costurar. Una fecha mi pantalón se rompió. Ya bueno, en el colegio me lo rompieron y, para que no se dé cuenta mi mamá, llegué a mi casa, me abrieron la puerta mis hermanos, fui, me puse el buzo y fui donde mi vecina y le dije que si podría costurármelo. Me dijo que sí, sin pensarlo lo dejé. Lo bueno es que era solo las costuras, no rompieron la tela, jeje. Regresé y ya estaba. Me cobró económico. Para eso yo no gasté mi recreo, jajaja, qué recuerdos. El punto es que desde esa fecha sé que ella tiene una tiendita de costuras y siempre que hay algo que hacer le llevan. Hay, bueno, casi no tenemos mucho que costurar. En estos dos últimos años yo llevé dos ternos para que me los ajuste, un pantalón yin o dos. Es que no hay mucho, rara vez. El detalle que el año pasado, a fines casi del año, me compré un traje de mariachi. Estaba bonito, lo compré y, bueno, cuando llegué a mi casa me probé, pero la cintura era demasiado pequeña, pero el traje está bonito con sus detalles. Mi hermano se dio cuenta que se puede agrandar porque tiene bastante tela y, bueno, estaba que quería ir a hacer entallar y por tiempo no se pudo. En febrero de este año 2026 fui donde mis tías y una de mis tías saca un terno recién cosido y me lo regala. Me dijo que a mi tío le daba feo, que es más juvenil. Me probé y me daba bien. Pasaron los meses y, bueno, yo suelo tener mucho vello en mi pelvis y compré una máquina depiladora láser. Cabe recalcar que me depilé calatito calatito 2 veces. En la primera me picó como mrd, no podía usar calzones y, bueno, en la segunda vez ya aprendí un poco. Me compré cera, leí sobre la cera que se calienta y todo, y una vez viendo porno vi un corte de vello bacán donde era como un triángulo equilátero que era de encima del pene unos 2 a 3 centímetros el triángulo y terminaba para arriba conectando los vellos con los vellos del ombligo, y me lo hice así ya como 4 veces, pero usando la pistola cada 3 meses más o menos para que elimine el vello y, bueno, queda visualmente bien, aparte que le da un poco de centímetros al pene. Yo hace tiempo me había tirado a una comadre cuando vino a mi casa a tomar con mi papá y mis hermanas. Así es otra historia. La cosa que me quedé con esa sensación rica de kachar a una abuela o madura, algo así. En fin, hace 2 meses atrás veía un streamer y vi un outfit xvere. Era de una camisa de Duff con un gorro de Duff. Caminando por donde venden ropa usada vi una gorra de Duff y dije: «Aaaazu bacán». No estaba muy cara comparado a su precio real. Agarré y conseguí una camisa color café y dije: «Este de aquí lo haré modificar y una bordada queda chulada», y dije: «Llevaré mi camisa donde la abuelita». Fui, felizmente encontré abierto su tienda y la saludé: «Vecina, buenos días. Le estoy trayendo mi camisa. Quiero que me la modifique. Esto de aquí lo saca y lo pone aquí, por favor, y así». Para esto vi que ella tenía varios trabajos y me dijo: «Pero, vecino, estoy ocupada, no saldrá para hoy». Le dije que no lo necesitaba con urgencia, que podía demorar y, por mi trabajo, bueno, para el viernes quedamos. Hasta ahí normal. Ella siempre la vi sola, o sea, vivir sola. Hay una vez me contó que sus hijos estaban fuera del país y que ya ni le llamaban. Me dio pena, pero bueno, creo que es viuda ya hace muchos años. Resulta que llega el día viernes, voy y me dice que no lo hizo, que para el día de mañana sábado. Yo dije: «Bueno, total no lo usaré». «Está bien», le dije, y le dije: «De paso le traigo un pantalón para entallar». «Está bien», me dijo. Justo llega sábado, no pude ir y ese sábado me depilé con la cera y el láser y, cuando ocupo la cera y láser, yo no uso calzoncillo. Pienso que es para cuidar mi piel. Ese sábado en la tarde-noche alisto mi pantalón de mariachi y saco sus hebillas de metal que son varios. Me probé mi pantalón plomo hace semanas y me daba, pero uff, levanta pompis todo, y dije: «Este pantalón llevaré mañana». El domingo plan 8 am salgo de mi casa y voy. Emm, no se veía bien si estaba o no. Me di cuenta que sí estaba y me voy a comprarle un jugo para que desayune. Casi siempre está sola y, bueno, voy, llevo todo en mi mochila, el jugo en mi mano. Entro y le digo: «Vecina Victoria, ¿ya estará mi camisa?» Y me dice: «Estoy por terminarlo». Agarro el jugo y le invito. Miro la camisa y estaba mal y le dije: «Vecina, no era así, era de esta forma, pero ya bueno, no importa. Le estoy trayendo un pantalón». Y saco los pantalones. Le digo: «Este de aquí es el que me da bien a esta medida. Entállemelo este de aquí», bla bla bla. Le explico todo. Se anota en el pantalón y, como vi que estaba mal la camisa, le dije: «Hmmm, o mejor me quedo», le dije. Me dijo: «No, vecino, yo lo haré, no te preocupes». «O mejor, ¿por qué no te pones el pantalón para ver cómo está y qué tengo que cortar?» Entrar yo le dije que ya, y casi al instante me puse a pensar y dije: «Pero estoy sin calzoncillo». Hmmm. Pensé por el bien de mi traje. Dije: «Ya ni modo, no creo que me vea». Y le dije: «Vecina Victoria, pero poniéndome, ¿sí saldrá mejor?» Me dijo: «Sí, porque mediré tu cadera y todo para ver cuánto está y cuánto tiene que estar». Yo me miré y le dije: «Ya, vecina, pero no traigo nada adentro», le digo. Me mira, mira para mi pene. Me imagino que miró ahí y me dijo: «Normal, vecino. Entre aquí», me dice (adentro del mostrador). Yo dije: «Bueno, como que ya estamos grandes también, cierto, no hay nada de qué avergonzarse». Ella sale de su máquina y mira afuera, cierra un poco la puerta y me dice: «Mejor así». Cerró con reja de afuera y la puerta un poquito cerró. Yo me volteo dándole la espalda, agarré mi buzo blanco y me lo bajé. Yo volteo un poquito y me di cuenta que ella me trataba de mirar disimuladamente. Me puse el pantalón que me da, pero ufff. Me subo, me abrocho y me volteo. Le digo: «Ya, vecina». Me dice: «A ver, levántate tu chompa». Cuando me está midiendo yo siento que se me acerca mucho. Me mide la cintura, anota, mide de mi cadera para mis pies y anota. Me dice: «Abre las piernas un poco». Yo estaba parado y abro las piernas. Agarra mi entrepierna y me mide. Mi vecina Victoria es la de la foto. Ella tendrá sus 70 años o un poquito menos. Ella siempre anda con una falda y centros, ah, y tiene su pantalón de lana y con su mantonita así puestito para que le abrigue. Siempre anda así, ese es su outfit. Yo me di cuenta que en eso que midió la entrepierna subió un poco y aplastó su mano con mi pene. No fue fuerte, pero fue algo suave. Anotó y se fue a mirar afuera. Cerró un poquito más la puerta. Ella suele tener un letrerito escrito a mano con plumón de cerrado-abierto. Yo me percaté en el segundo que volteó la hoja a cerrado. Como estaba cerrado con su puerta de reja normal, yo no le di importancia, la verdad, y ella me dice: «Ahora ponte el que no te da». Dentro de mi mente estaba que cómo estaría yo porque ese pantalón, como la cintura era pequeña, o sea, mis pantalones usualmente son 30 y ese era un 24, o sea, como es con cierre no me cerraba para nada. Ni enflaqueciendo quedaba gran parte de mi pelvis descubierta con ese pantalón y sin calzón. Uy, no sabía cómo se me iba a ver. Me quito el pantalón y ese que me puse me daba aprieto, o sea, entallado. Tuve que agacharme, levantar mi pie para quitarme. Yo me di cuenta que ella estaba mirándome atento cómo me quitaba el pantalón. Yo escuché que me dijo: «Te ayudo a quitarte por si no puedes». Yo le dije: «Ya, vecina, te aviso» (no entiendo indirectas, jaja). Ya estaba calato, pero el pantalón no me había dado la vecina y le digo: «¿Dónde está el pantalón?» Y me dice: «Está allá». Yo le digo: «Ah, está bien, voy» (porque ella, como es de edad, no la voy a hacer caminar, correr o algo). Estaba afuera del mostrador en su mesita, y le digo: «Vecina, me imagino que usted habrá visto muchas personas calatas». Mientras voy a traer me dice: «Yo solo he estado con tu vecino y cuando falleció, que fue ya hace 30 años. Nunca estuve con otro hombre. Siempre trabajé para mis hijos noma». Cuando escuché eso algo dentro de mí se calentó. Mi mente: 30 años sin ver ni tocar un pene y yo aquí calato. Me procedo a ponerme y, bueno, ya me tuve que voltear. Ya no le di mi potito para que mire, si no ya le di todo. Esto estaba pasando adentro de su mostrador de madera, o sea, si alguien entraba el escritorio me cubría o me daba chance para sentarme y taparme porque, aparte, estaba su puerta de reja. Como no me cerraba y se me veía el vello poquito y alrededor nada de pelo, calatito, mi vecina empieza a medir otra vez mi cadera, pero esta vez, en vez de que me mida de la parte izquierda de mi cadera, agarra del medio tocando mi piel. Se demora y anota. Me mide al costado la basta, anota. De ahí me dice: «Abre las piernas, levántate la chompa» y yo hago caso. Ella agarra y me mide y, dicho y hecho, me toca disimuladamente mi pene, y anota. En eso ella me dice: «¿Y esto cuánto medirá?» En son de broma. Yo le digo algo serio: «Creo que mide 18 centímetros». Me dice: «¿Lo mido?» Cuando me dijo eso mi pene se erectó y se me notaba por el pantalón. Yo me bajo un poco más el pantalón, y mi pene estaba piedra. No sé por qué. Mi vecina me mira y veo que le llama mucho la atención de cómo se veía mi pene. Se sienta y agarra y me mide. Me dice: «Aquí me sale 17. Estás mintiendo». Yo le digo: «Mídale una vez más». Me lo agarra y me dice: «De repente falta crecer» y otra vez lo mide. Cuando me lo agarró sentí un poco de miedo y placer. Me acarició alrededor del triángulo, o sea, mis vellos, y me dijo: «Esta parte es suave, vecino. ¿Así siempre es?» Yo le dije que sí, así nací. Me dijo: «Parece la piel de un bebé». Pasa la mano por mi pelvis, acaricia mis vellos y agarra el pene. Se levanta, me mira y me dice: «Vecino, no te cobraré de la camisa ni del pantalón, pero ¿puedes tratar de sacar leche?» Yo le miro, agarro mi pene y le digo: «Ya, vecina, pero mejor sácamelo usted. Agarre noma». Ella agarra, me trata de masturbar y me dice: «Cierra la puerta». Yo salgo altoque, empujo bien, cierro de arriba noma porque estaba medio descuadrado la puerta. Voy donde está mi vecina y le digo: «Ya está, ahora sí puedes agarrar lo que quieras». Me está agarrando. Yo trato de agarrarle el culito por encima de su pollera-falda, no sé cómo se llama. Le levanto su pollera. Estaba con enaguas de lana, uno de muchos colores. Le levanto, le acaricio su potito por fuera de su pantalón. Yo siento que está surcido con lana más gruesa su pantalón. Le meto la mano, acaricio su culito. Me muevo y la pongo apoyada al escritorio. Le levanto toda su pollera, le bajo el pantalón de lana y veo su culito blanquito. Nunca vio el sol, y no estaba arrugado como su cara. Estaba limpio ese culito. Le acaricio. Me dice: «Entremos ahí». Era su trastienda que tenía una camita. Todo el lugar olía a abuelita. Entramos. Me agarra y me lo trata de chupar. Yo, como vi su culito blanquito, le hago echar. Le digo: «Vecina Victoria, abra las piernas». Me dijo: «No me digas Victoria, dime Viky noma». «Okey», le digo, y ella se echa. Vi que su pantalón estaba medio rotito. Me dio ganas de romperle el pantalón. Por su rotito se veía un poco su vagina. Le quité el pantalón y tenía pelito encima de su vagina. No mucho, pero sí tenía. Le miro y estaba mojada. Agarro, jugueteo con mi pene y ratito. Me mira, me dice: «Ya, mételo». Yo le meto. Gime. La volteo. Su nalguita blanquito bonito. Le agarro su nalga, le meto. Ella le gusta. Meto, saco, meto, saco. Me echo a su costado, le levanto una pierna con mi pierna y le sigo dando. Me agarra mi cintura con su mano para atrás. Le meto más. Ella me dice: «Qué rico y suavecito y a la vez duro es tu miembro». Yo le digo: «¿Mi pinga?» Le hablo al oído. Me dice: «Sí, tu pinga». Haaaa, gime, y me dice: «Qué rico, vecino. Hace tiempo quería hacerlo, no sabía con quién». Ella gime y me excita tanto que me vengo. Voto toda la leche. Pensé que me diría algo, no sé, como que duraste solo 20 minutos o algo así. Vaciaste todo. Me agarró y no me soltaba y se movía hasta que ya estaba ella satisfecha. Saqué mi pene. Ella se limpió con una media. Fui a ponerme mi pantalón, me puse. Me dijo que ha sido lo mejor que ha pasado. Se levantó, no se puso el pantalón. Me abrazó. Me quería besar. La verdad, traté de esquivar. Me dio un beso en la mejilla, eso sí normal. Yo estaba como: «¿Qué hiceeee?» Hablamos un rato. Abrió la puerta, entró el sol otra vez. Agarró los pantalones y me dijo: «Lo haré como me dijiste. Para la tarde lo tendré». Y me preguntó: «¿Dónde vives, vecino?» Yo le dije: «Aquí a la vuelta. ¿Cómo no me vas a conocer?» Y seguimos hablando por un rato. De ahí me salí de su tienda. Ella me dijo: «En la tarde te espero», y yo me fui a hacer mis cosas. Fue una cachada rico. Su vagina estaba mojadito. Ese día no fui en la tarde. Se me pasó la hora. Tenía partido de vóley, y ahora iré a recoger mi pantalón este sábado porque no puedo de día. Estoy trabajando y no puedo. La verdad, no sé qué me dirá. De repente estará diciendo que ya nunca volveré o no sé, pero no volví a pasar. ¿Qué me aconsejan para este sábado? ¿Llevo algo? ¿No llevo nada? ¿Solo voy y recojo mi pantalón? ¿Le digo para cachar? Pero también, ¿cómo decirle pues? «Vecina, gracias por el pantalón. Recuerda que me cobró ese día. Bueno, le traigo su vuelto». ¿Así le digo?? O no sé.