Mamá me sedujo sin querer
Recuerdo esa época en la que mis hormonas de hombre andaban al mil de calientes y alborotadas en plena adultez joven. Me excitaba solamente con ver mujeres o compañeras de mi escuela y fantaseaba con mujeres y con tener sexo todo el tiempo con ellas. Mi mamá era la única mujer de la casa y solía ser una mujer de hogar dedicada única y exclusivamente a mi cuidado. Al no tener yo ni hermanas mayores ni hermanas menores, mis fantasías y mis deseos sexuales despertaron muy temprano en mí al ver a mi mamá en la casa. Sin saber a qué se debía, empecé a fantasear con mi mamá sin querer y sin darme cuenta de a qué se debía que mi propia mamá empezará a llamar muchísimo mi atención como mujer y no solo como madre.
Mamá fueron las primeras tetas y las primeras nalgas que comencé a observar y que comencé a desear también. Incluso mamá fue la primera mujer que recuerdo haber visto completamente desnuda, sin nada de ropa. Esa clase de accidentes o descuidos de mi mamá, a pesar de que ella solía ser muy cuidadosa en casa al estar frente a mí, fueron los que despertaron en mí aquellos impulsos y deseos sexuales por ella. Lo más extraño de todo es que yo deseaba sexualmente a mi mamá mucho antes de saber realmente lo que era, lo que significaba o incluso cómo era que se hacía el sexo o se tenían relaciones sexuales con alguna mujer. Desde antes de saber acerca de todos esos temas sobre sexualidad y sobre el acto sexual, yo recuerdo muy bien que ya deseaba muchísimo sexualmente a mi mamá desde antes de saber sobre esos temas.
Hubo una época en que mi mamá empezó a usar unos shortsitos demasiado cortos, ajustados y entallados en casa debido al calor que hacía en nuestra ciudad en verano, mientras yo atravesaba mi etapa de hombre joven. Mis erecciones, mis fantasías y mi excitación de hombre y mis deseos sexuales por mi mamá como mujer aparecían de forma inesperada, de forma inevitable y de manera involuntaria también al verla vestida así. Mi mamá era la primera mujer y la única que yo tenía en casa para poder observar y poder conocer su cuerpo de mujer, y al ver sus tetas, sus nalgas, su cintura, era inevitable que yo como hombre no me sintiera atraído sexualmente hacia mi propia mamá por ver a la mujer que ella era de pies a cabeza. Y es que sus nalgas, sus senos y su cuerpo de mujer, pero sobre todo la forma de vestir de mi mamá en casa, gritaba a los cuatro vientos: «Mírame, zórrame, obsérvame, deséame, caliéntate y fóllame». Y en mi mente así lo hacía. Yo no solo miraba únicamente a mi madre como mi mamá, sino que también comencé a desearla sexualmente como mujer.
Una noche en que mi mamá y yo nos quedamos a solas en casa —papá iba a trabajar hasta la madrugada esa noche—, mi mamá me pidió que la acomp
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