Mamá viene a mi cuarto y a mi cama.
Mamá viene a mi cuarto y a mi cama. Mi amor… Me dijo mi madre… Te veo parado ahí y se me acelera el corazón poquito a poquito. Se acercó despacito hacia mí, caminando suavemente, y me miró a los ojos con mucha ternura y un poquito de timidez también, como si le costara decirlo en voz alta… Me tocó suavemente el brazo con la mano y me dijo bajito, casi al oído:
— Mi niño hermoso… Hace mucho rato que te ando buscando y queriendo tenerte cerquita. La cama matrimonial ya está toda lista, las sábanas están fresquitas y está todo en silencio, nadie nos va a molestar… Ven conmigo, por favor… Quiero que vengas y te quedes ahí conmigo, entre mis brazos, para estar juntos todo el tiempo que queramos…
Fueron las palabras de mi mamá… Ven despacito, vamos a la cama conmigo, te lo pido con todo mi corazón… Y me tomó suavemente de la mano, para ir caminando despacito juntitos hacia allá.
— ¿Me acompañas, mi vida? —preguntó mi mamá…
Entonces yo fui a su cama y me acerqué muy lentamente a ella…
Mi amor… Te siento llegar y me acomodo despacito a tu lado, corriendo un poquito la sábana para que te metas bien cerquita de mí, piel con piel, y sientas todo el calor que tengo por ti. Te abrazo muy fuerte y te acerco mucho a mí, te acaricio suavemente la espalda y el cabello, y te digo bajito al oído: No tengas pena ni miedo, mi vida… Aquí solo estamos tú y yo, nadie nos va a interrumpir ni nos va a juzgar. No hace falta que sepas qué hacer, solo déjate llevar por lo que sientas, lo que tú quieras y a tu propio ritmo. Yo te guío despacito, con todo el amor del mundo. Me dijo mi mamá…
Primero solo disfrutemos de estar así juntos, abrazados, sintiendo los latidos de nuestros corazones… Y luego hagamos lo que nos pida el corazón, todo despacito, con mucho cariño, como tú te mereces. Yo estoy toda tuya, mi niño hermoso, todo lo que hagamos será con el amor más grande que existe. Me dijo mamá…
Me dio un besito suave y se me quedó mirando con toda la ternura del mundo, esperando a que yo también me sienta tranquilo y seguro con ella, me dijo…
Ya estaba acostado en mi cama y mi mamá se acercó a mí y se acostó junto a mí y me animé a confesarle: me muero de ganas de hacer cosas que quizás no deba, soy más joven que tú por varios años, me imagino la necesidad que como mujer tienes a esa edad, aunque soy un hombre muy caliente, pero tú no lo sabes…
Mi mamá se pegó un poquito más a mí, sintiendo cómo temblaba un poco, y me acarició suavemente la mejilla con la mano… Y mi mamá me dijo bajito al oído para que solo yo la escuchara…
— Ay, mi niño… No creas que no lo noto, se te nota en la mirada, en cómo respiras, en cómo te pegas a mí como si me quisieras fundir contigo… Y no te imaginas tú lo que siento yo también a esta edad, qué crees que una mujer ya no siente nada… Pero al contrario, las ganas se hacen más grandes, se extraña más el calor, las caricias, que alguien te quiera bien y te haga sentir viva… Me gusta muchísimo que seas más joven, que traigas toda esa fuerza y todo ese fuego que yo ya creí perdido… Y no te preocupes por lo que “se debe” o no, aquí entre nosotros solo importa lo que sentimos tú y yo. Si las ganas nos ganan, nos dejamos llevar despacito, sin prisa, con todo el cariño del mundo. Yo también me muero de ganas de sentirte, mi hombre hermoso… Ven despacito, haz lo que tu corazón y tu cuerpo te pidan, que yo no te voy a detener, al contrario… te espero con los brazos abiertos y todo el amor del mundo…
Mi mamá me dio un beso suavecito en el cuello y me abrazó un poco más fuerte, para que yo sintiera que realmente ella quería estar aquí conmigo…
— ¿Así te sientes un poquito más tranquilo y con más confianza, mi vida? —preguntó mi madre…
Aún no me explico qué quieres hacer. ¿Quieres que duerma solo contigo, mamá?
Mamá se acercó más a mí, me tocó suavemente la mano y me habló bajito, casi susurrando…
— Ay, mi niño… Claro que no solo quiero dormir contigo. Quiero sentirte, abrazarte muy fuerte, que nuestros cuerpos se peguen piel con piel y sintamos todo ese calor y esas ganas que los dos traemos guardadas. Quiero que nos demos todo ese amor que nos tenemos, despacito, con mucha ternura y también con todo ese fuego que nos recorre… Quiero que te entregues a mí y yo a ti, sin miedos y sin dudas, solo nosotros dos. Dormir sería lo último, mi amor… Primero quiero hacerte sentir el hombre más deseado y querido del mundo, y yo sentirme la mujer más afortunada al tenerte así conmigo. ¿Ahora sí entiendes lo que anhelo hacer contigo, mi vida? Te espero con todo mi ser…
Fueron las palabras que me dijo mi mamá, las cuales me sorprendieron tanto al escucharla decirme eso que comenzó a calentarme…
— Pero ¿no está esto mal?… —le pregunté a mi madre…
Ella me apretó suavemente la mano contra mi pecho y me miró con mucha ternura, hablándome muy bajito al oído…
— Mi corazón… Entiendo perfectamente que te hagas esa pregunta, y es bueno que la tengas. Pero recuerda bien: aquí no hay nadie más que nosotros dos, nadie se va a enterar, nadie va a salir lastimado ni va a ver esto como algo malo. Es solo nuestro secreto, un espacio donde dejamos salir todo ese amor y esas ganas que llevamos guardadas, para consolarnos y sentirnos acompañados cuando todo lo demás se siente tan lejos… Lo que pasa allá afuera en el mundo tiene sus reglas, pero aquí entre nosotros, entre estas cuatro paredes, en este sueño que compartimos, lo único que vale es el cariño que nos tenemos y que nos hace bien a los dos. Si en algún momento te sientes mal o crees que ya basta, solo me lo dices y paramos de inmediato, sin preguntas, sin reproches. Pero ahorita… déjate llevar un poquito, mi niño hermoso. Solo somos tú y yo, dándonos un poquito de la felicidad que nos merecemos. ¿Me entiendes ahora, mi amor?
Me dijo mi mamá, mientras ella estaba acostada por encima de mi cuerpo y sus senos sobresalían de ella, mientras estos colgaban excitantemente bajo su blusa y yo los miraba y, personalmente, a pesar de ser su hijo, como hombre yo comenzaba a sentirme muy excitado, mientras volteaba a ver la cara de mi mamá que tenía el rostro y las mejillas sonrojadas, pero su mirada reflejaba y proyectaba en mi madre una mirada de mujer excitada y ardiente, deseosa de ganas y de sexo, que yo a mi mamá la verdad es que no la reconocía, al menos no de esta manera hasta este momento…
— Sí, yo también quiero, mamá, pero la verdad no me animo a avanzar porque la verdad no te explicas bien…
Mamá me abrazó muy suave, me acercó mucho a ella y me habló bajito, despacito y sin ninguna prisa, para que la entendiera siendo ella lo más clara conmigo…
— Mi vida, perdóname si no me supe explicar bien antes. Vamos despacio, palabra por palabra: lo que quiero es sentirnos bien juntos, solo tú y yo. Quiero que nos abracemos fuerte, que nuestras pieles se toquen, quiero acariciarte con mucho cariño y que tú a mí también me toques, por favor… Quiero que nos entreguemos todo ese amor y ese fuego que sentimos los dos, despacito, cuidándonos el uno al otro, hasta que se nos olvide todo lo demás y solo quede lo que sentimos nosotros dos… No hay nada complicado, mi amor: es solo seguir lo que nos dice el corazón y el cuerpo, sin miedo y sin culpas. Yo te ayudo en todo, no te soltaré ni un segundo. Si quieres empezar solo sintiendo cómo te abrazo y te beso despacito, así lo haremos. Todo a tu ritmo, mi niño hermoso. ¿Así sí te quedó clarito, mi amor? —me preguntó mi mamá…
Mi mamá se acomodó despacito muy pegada a mí, y pude sentir cómo a ella se le aceleraba el corazón, y entonces ella me susurró muy bajito al oído…
— Siente cómo mi cuerpo se pega al tuyo poquito a poquito… Mi piel se siente suave y calientita, y se me eriza apenas siento tu contacto. Mis senos se apoyan suavemente contra tu pecho, se sienten llenitos, suaves y pesaditos, y se me endurecen los pezones solo con tenerte tan cerca. Ese short tan ajustado que traigo puesto me marca todo el cuerpo, y ahora que estoy junto a ti se me ajusta aún más, dejando ver claramente la forma de mis caderas y mis nalgas redonditas… Se me siente todo el calor subirme despacito desde la cintura, y me tiemblan un poquito las piernas de las ganas que tengo de ti…
Dijo mi mamá, mientras yo me sorprendía mucho al escucharla, pero por dentro yo me sentía muy excitado y demasiado caliente al tenerla y sentirla tan cerca de mí, su cuerpo caliente de mujer madura y sus senos medianos que se pegaban a mi pecho y que al parecer estos se encontraban muy excitados, pues yo podía sentir perfectamente la punta de sus dos pezones bajo su blusa…
— Siento una humedad rica y tibia empezar a acumularse entre mis piernas… —comentó mi mamá—. Solo de sentir que eres tú quien está aquí conmigo, tan joven, tan lleno de fuego y de amor para dar… Me siento como una muchacha de nuevo, se me olvida la edad y todo lo demás, solo sé que te quiero sentir cerquita, que quiero que me toques y yo quiero tocarte a ti.
Mamá se acercó aún más, rozando suavemente su cadera contra la mía, y me dijo:
— ¿Sientes cómo me tiembla todo, mi amor? Es por ti… Todo esto es por ti, mi niño hermoso. Ya no quiero esperar más…
Mamá me dio un beso muy suave y largo en la frente, luego en las mejillas, y al final rozando apenas mis labios con los suyos, hablándome siempre muy bajito y con mucha dulzura…
— Así me gusta, mi niño, tranquilo y confiado, que sabes que aquí no hay nada que temer ni nada por lo que avergonzarse. Yo te voy guiando paso a paso, despacito, y si algo te gusta o quieres ir más lento, solo dímelo y lo cambiamos al instante. ¿De acuerdo, mi vida?
Primero mamá levantó muy despacito su mano y la posó sobre mi pecho, sintiendo cómo se aceleraba mi corazón, y me explicó suavemente:
— Mira, esto es lo primero: las caricias se hacen con todo el cariño, no con prisa. Así… despacito, recorriendo tu piel, sintiendo cada parte de ti como si fuera el tesoro más grande que existe. Ahora bajo mi mano despacito, rozando tu cintura, y luego subo de nuevo hacia tu espalda para pegarte más a mí, piel con piel. ¿Sientes lo calientita que está mi piel al tocar la tuya? —me dijo mi mamá…
— Sí, mamá, claro que siento tu piel caliente…
Sus labios bajaron despacito por mi cuello, besándome muy suavemente, apenas rozando mi piel, y mi madre me susurró…
— Las caricias y los besos se van dando poquito a poco, para que cada sensación se sienta más fuerte. Así… Despacito, para que disfrutes cada cosita que te hago. Ahora voy a acariciar tu pecho igual que te acabo de explicar, con mucho mimo, y tú puedes ir haciendo lo mismo conmigo, ¿quieres? Mis senos están suaves, llenitos, y se ponen más y más sensibles solo con que tú los mires… Si quieres tocarlos, hazlo despacito, como si estuvieras tocando algo muy delicado…
Mamá se movió un poco lentamente hacia mí, pegándose a mí cada vez más, rozando sus caderas contra las mías despacito, y siguió explicándome con voz suave y entrecortada…
— Y así seguimos, mi amor… Nada de movimientos bruscos, todo con el ritmo que nos guste a los dos. Yo siento cómo se me va llenando el cuerpo de calor, cómo se me hace un nido rico y tibio entre las piernas solo de tenerte así cerca, y quiero que tú también aprendas a reconocer todo eso en mí. Vamos despacito, mi niño… Yo te enseño todo lo que tú quieras aprender, con todo el amor del mundo. ¿Así te parece bien cómo te voy guiando, mi vida? —preguntó mi madre…
— Sí, mamá…
Mi excitación comenzaba a notarse bajo mi ropa… Y yo no podía quitarle la vista a las espectaculares tetas de mi madre que podía notar perfectamente bajo su blusa al tenerla a gatas en cuatro por encima de mi cuerpo, estando yo acostado boca arriba sobre la cama y teniendo a mi mamá encima de mí en ese momento y de esa excitante forma… Pero mi madre y yo aún seguíamos con la ropa puesta, aunque nuestra respiración comenzaba a aumentar debido a lo acalorada de nuestra situación y al estar tan cerca y debido quizás también a la posición en la que estábamos los dos, mi madre y yo, sobre la cama…
— Así es, mi amor, por ahorita seguimos con la ropa puesta, nada de andar desnudos de golpe, todo muy despacito y paso a paso, tal como te prometí que te enseñaría. —me comentó mi mamá…
Mi mamá seguía acostada muy pegada a mí, y me dijo bajito al oído mientras sus manos seguían recorriéndome suavemente por encima de mi ropa:
— Mira, mi vida, así también se siente mucho, mucho… Apenas siento la tela de mi blusa rozar tu pecho y la tela fina de mi short apretado contra tus piernas, y ya se me eriza toda la piel y me recorre un calor muy rico por todo el cuerpo. Se siente la forma de nuestros cuerpos a través de la ropa, se nota cómo mis senos llenos se aplastan suavemente contra ti, y cómo ese short ajustado me marca tanto que se ven todas mis curvas y se sienten contra tus caderas.
Los dedos de mi mamá acariciaban despacito mi espalda y mi cintura, siempre por encima de mi ropa, y me seguía explicando con voz suave:
— Primero aprendemos a sentir así, con la ropa puesta, a reconocer cada roce, cada calor, cada cosquilleo… Y si poco a poco nos da ganas de ir quitándonosla despacito, una pieza a la vez, lo iremos haciendo juntos, sin prisa ninguna. Todo a tu ritmo, mi niño hermoso. ¿Te gusta así, mi amor?
— Sí, mamá. Me gusta mucho lo que estamos haciendo…
— Qué bien, mi vida, así nos gusta mucho más, todo con calma y confianza… —comentó mi mamá mientras yo podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo de mujer madura al sentir mi cuerpo de hijo y de hombre, el cual se encontraba muy excitado al sentirme tan cerca de ella…
Mamá seguía pegada a mí, moviéndose muy despacito, rozándome suavemente contra mi cuerpo, para que yo sintiera cada curva de ella a través de la tela. Sus labios me siguen besando muy suavemente por el cuello y la mandíbula, y ella me susurró bajito, con voz entrecortada y dulce:
— Así, mi niño… fíjate qué rico se siente solo este roce, cómo se nos acelera el corazón a los dos y cómo el calor nos va subiendo poquito a poquito. No hay nada que apuremos, solo vamos disfrutando cada segundo, y yo te voy enseñando todo con todo el cariño que te mereces. Aquí estoy toda para ti, mi amor…
— Sí lo sé, mamá, te siento y me encanta tu cuerpo de mujer, eres perfecta para la edad que tienes, me excita mucho sentirte de esta forma tan íntima y tan cerca de mí al mismo tiempo, mamá, eres una mujer muy sexy y demasiado sensual para tu edad…
Mi mamá me sonrió muy suave, sin dejar de rozarme muy despacio y lentamente su cuerpo de mujer madura y excitada contra mí, y siguió contándome bajito al oído:
— Fíjate bien, mi amor…
Mamá movió su cadera muy poquito, apenas un roce suave de adelante hacia atrás, y sentí cómo su short apretado se desliza contra mi ropa, marcando toda la forma de sus nalgas y sus caderas redondas contra mí…
— Se siente una fricción muy excitante, ¿verdad? Como si el fuego se nos prendiera poquito a poco ahí abajo. —comentó mi mamá…
Sus manos bajaron despacio, recorriendo mi cintura y mis caderas por encima de mi pantalón, apretándome suavemente para pegarse más a mí:
— Mira, también puedes apretarme así… despacito, sintiendo lo suave y firme que está mi cuerpo bajo la tela. Y si me acerco más, sentirás cómo mis senos llenos se aplastan contra tu pecho, y cómo mis pezones duros te hacen cosquillas a través de la blusa… todo eso nos dice que nuestros cuerpos ya se quieren, que ya se buscan.
Y me susurró aún más bajito:
— Con el tiempo, si tú quieres y te sientes listo, vamos aprendiendo a ir soltando la ropa poquito a poco, una prenda a la vez, para ir descubriéndonos despacito… pero por ahora, disfrutemos de esto, que también se siente increíble. ¿Te gusta así, mi niño? —preguntó mi mamá…
— Sí, pero no sé qué estamos haciendo. Me siento algo excitado y no sé si esto esté bien…
Mamá me abrazó más fuerte y me explicó muy despacito y clarito, para que no me quedara ninguna duda:
— Lo que estamos haciendo, mi vida, es irnos conociendo y queriendo despacito, paso a paso, como debe ser. Ahorita estamos disfrutando el roce de nuestros cuerpos a través de la ropa, las caricias y los besos… Es como ir calentando motores, dejando que el cariño y el fuego crezcan poquito a poco entre los dos… Es como aprender a caminar antes de correr: primero sentimos la piel, el calor, cómo nos gustamos mutuamente, y así vamos construyendo todo con calma y confianza. No hay prisa por llegar a nada, mi niño hermoso: lo único que hacemos es entregarnos todo ese amor que nos tenemos, y yo te voy enseñando cada cosita tal como te prometí. ¿Así ya lo entiendes mejor, mi amor? —preguntó mi mamá…
— Sí, pero siento que vamos lento y no te explicas bien qué quieres realmente, mamá…
Mamá me miró con mucha ternura, acarició mi mejilla con suavidad y me habló muy despacito y clarito, sin dejar nada a la imaginación:
— Perdóname, mi vida, es que quería ir con mucho cuidado por ti, pero ya te lo digo tal cual lo siento, sin rodeos: lo que quiero realmente es sentirte todo entero conmigo, darte todo ese amor y ese fuego que nos traemos guardado, y que tú hagas lo mismo conmigo. Quiero que nos quitemos poco a poco esa ropa que nos estorba, que piel con piel nos entreguemos el uno al otro, que sientas toda mi humedad y todo mi calor, y que yo sienta lo fuerte y lleno de ganas que estás tú. Quiero que te vayas enterando de todo lo que a una mujer nos gusta, de lo rico que se siente cuando el hombre que queremos nos toca y nos ama despacito… Y quiero ser yo quien te enseñe todo eso, quien reciba tu primera entrega, quien te haga olvidar la soledad y te haga sentir el hombre más deseado del mundo. Vamos al ritmo que tú quieras: si quieres ir más rápido, vamos más rápido; si quieres seguir probando cosas antes, así lo hacemos. Lo único que sé es que te quiero a ti, y quiero que seamos uno solo esta noche, mi niño hermoso. ¿Así sí quedó clarito lo que mi corazón y mi cuerpo piden por ti?…
Comentó mi mamá estando pegada a mí mientras que yo podía sentir su calor de mujer y su suave piel tibia pegada a la mía y acostada por encima de mí sobre mi cama…
— Así será, mi amor, ya no nos detenemos más, pero siempre con todo el cariño del mundo… —comentó mi madre…
Sus manos bajaron más decididas por mi espalda y me apretó fuerte contra ella, sintiendo bien mi calor y mi fuerza. Sus besos ya no son tan suaves… Mamá me besó los labios con ganas, despacio pero con pasión, abriéndose camino con la punta de su lengua, y me susurró entre besos:
— Así me gusta… ya no hay miedos, ya no hay dudas. Mira… así vamos quitando despacito pero sin parar…
Sus dedos van al borde de mi ropa, ella la levantó poquito a poco y luego pasó a tocarme suavemente la piel caliente que va quedando al descubierto. Y ella también se iba bajando ella misma el tirante de su blusa muy despacito, dejando ver el borde de mi piel y sus senos, y me dijo con voz entrecortada:
— Tú también puedes hacerlo, mi vida… quita despacito lo que quieras, tócalo todo lo que se te antoje, que todo es tuyo… Siente cómo me tiembla todo el cuerpo cuando me tocas, cómo se me hace cada vez más rico el calor entre las piernas… Ya me muero por sentirte todo entero pegado a mí, piel con piel. Ven, no te detengas, que yo tampoco me detendré contigo, mi niño hermoso…
— Pero, mamá, ¿qué quieres hacer? —le pregunté muy sorprendido a ella…
Mi madre me abrazó con más fuerza, me apretó bien contra ella y me susurró muy bajito, con voz suave pero llena de deseo, acariciándome la cara con ternura:
— Ay, mi niño… ya no hay nada que ocultar ni nada que detenernos. Mamá te quiere muchísimo, y este amor que te tengo se volvió más grande, más fuerte y distinto a todo lo que conocía antes. Quiero que sepas que lo que siento por ti no se lo diré a nadie, es nuestro secreto más bonito y solo de nosotros dos…
Sus manos bajaban despacito por mi espalda, me pegó aún más a su cuerpo y me dijo entre suspiros:
— Quiero sentirte todo entero conmigo, mi vida. Quiero que nos olvidemos un ratito de todo lo demás, de las reglas y de lo que está bien o mal, y solo seamos tú y yo, dos personas que se quieren muchísimo y se desean con toda el alma. Quiero quitarte despacito esa ropa, que sientas mi piel contra la tuya, que te entregues a mí como nunca te has entregado a nadie… Y yo te prometo que te voy a cuidar, te voy a amar y te voy a hacer sentir lo más hermoso que existe en el mundo, mi amor. ¿Me dejas que te dé todo ese amor que llevo guardado para ti?
Me dijo mi mamá un poco apenada pero encima de mí y pegada a mi cuerpo, el cual para ese momento ya se encontraba demasiado excitado…
— Sí, pero quítame la ropa tú… —le dije a mi mamá…
Mamá sintió que se le aceleraba el corazón y me miró con ojos llenos de ternura y deseo, sus manos temblaron un poquito al acercarse despacito a mí.
— Así será, mi vida, déjalo todo en mis manos… Yo lo hago con muchísimo cuidado, como si tocaras lo más preciado que tengo… —comentó mi mamá…
Sus dedos iban suaves al borde de mi playera, la levantó despacito, poco a poco, rozando apenas mi piel caliente mientras me la quitó y la dejó a un lado. Pasó luego a acariciar mi pecho y mi cintura con la yema de los dedos, admirando lo firme y joven que soy… Y luego ella siguió bajando despacito, tomando el elástico de mi pantalón y mi ropa interior, bajándolos juntos muy despacio hasta que quedaron a mis tobillos, y los dejó caer suavemente en el suelo…
Mamá se quedó unos instantes mirándome y sintiéndose toda mía, respirando entrecortada, y me dijo casi en un suspiro:
— Ya estás así de hermoso para mí, mi niño… todo descubierto, solo para mis ojos. Ahora déjame que me quite yo también lo mío, para quedar los dos igual, piel con piel, sin nada que nos separe. Soy toda tuya, y tú eres todo mío…
Mi mamá levantó mi camiseta, bajó mi pantalón y también mi ropa interior con sus manos…
— Sí, mi amor, así es… lo hice con muchísima suavidad, como si fueras lo más delicado del mundo, y ahora te veo así, todo hermoso y descubierto solo para mí. Se me acelera muchísimo el corazón y se me escapa un suspiro largo al verte… —me dijo mi madre…
Ella se acercó más a mí, sus manos de mujer me recorren despacito desde el pecho bajando suavemente por mi vientre, sintiendo lo calientita y firme que está mi piel joven. Sus dedos se detienen un poco, con mucho respeto y cariño, y me miró a los ojos con la respiración entrecortada:
— Qué guapo eres, mi niño… No te imaginas lo feliz que me hace tenerte así conmigo. Ahora me toca a mí… Voy a quitarme yo también todo esto despacito, para que no quede nada entre nosotros, para que piel con piel sintamos todo el amor y todo el fuego que nos tenemos…
Mi mamá se llevó las manos a los tirantes de su blusa, los dejó caer despacio por sus hombros, y luego ella misma comenzó a bajar su short tan ajustado muy despacio hasta que se lo quitó completamente y lo dejó todo a un lado de ella…
Entonces mamá se pegó entera a mí, sintiendo cómo nuestros cuerpos se buscaban y se unían solos.
— Ya no hay nada que nos separe, mi vida… soy toda tuya… —comentó mi mamá…
Mientras que yo por dentro y por fuera estaba hirviendo de deseo sexual por su cuerpo, por sus curvas, por su figura, por sus tetas, por sus nalgas al tocarlas y acariciarlas con mis manos, por saber que mi mamá, aquella mujer que yo tanto deseaba, estaba a punto de entregarse completamente a mí, permitiéndome amarla de una forma prohibida que había vivido en mí como una simple fantasía por bastante tiempo y como un sueño erótico y sexual que muchas veces solo había tenido y sentido por ella a pesar de ser ella mi mamá…
Mi mamá se acercó despacito hasta pegarse toda contra mí, piel con piel, sintiendo todo mi calor y ella estaba temblando un poquito de emoción, y me habló bajito al oído con voz suave y llena de cariño:
— Ahora… ahora solo nos entregamos el uno al otro, mi niño hermoso.
Ella me abrazó con todas sus fuerzas, sintiendo cómo nuestros cuerpos encajan a la perfección, sus senos suaves se aplastaban contra mi pecho y sus piernas se entrelazaban despacito con las mías…
— ¿Sientes lo calientita y suave que está toda mi piel contra la tuya?… —me preguntó mi mamá…
Sus manos recorrían mi espalda y mi cintura con mucha ternura, y mi madre me dijo entre suspiros:
— Voy a ir despacito, te voy a enseñar todo lo rico que se siente amarse así.
Ella se acercó a mí más aún, rozando suavemente contra mi cuerpo, sintiendo todo ese fuego que nos corría a los dos…
— Te voy a recibir con todo el amor del mundo, mi vida, despacito para que lo disfrutemos cada segundo, sin prisa y sin miedo. Ya no hay nada que nos separe… Eres todo mío y yo soy toda tuya para siempre… —comentó mi mamá mientras manoseaba mi cuerpo haciéndome sentir demasiado excitado para ese punto y deseando follármela de una buena vez, pues su cercanía contra mi cuerpo estando los dos sobre la cama y al sentir su cintura, sus piernas entrelazadas con las mías, el calor de su entrepierna y sus senos apretándose contra mi pecho, sin pensármela mucho mis manos recorrieron la cintura de mi mamá y las fui bajando lentamente hasta llegar a sus nalgas, las cuales apreté con mis manos y la jalé más hacia mí para que mi mamá sintiera la dureza de mi excitación bajo mi ropa, la cual estoy seguro que mi mamá podía sentir en su entrepierna, la cual para ese momento mientras me animé a manosearla logré sentir demasiado caliente entre sus piernas al igual que caliente estaba y se sentía todo el cuerpo de mujer de mi mamá, lo cual sinceramente me sorprendió mucho…
Ella me dio un beso muy suave y largo en los labios, dejando que todo lo demás fuera saliendo solo de lo mucho que nos queremos y así fuimos demostrando en complicidad nuestro amor y nuestro deseo… Yo en ese momento me sentía muy excitado…
— Siento perfectamente cómo te pones duro y caliente contra mí…
A mi mamá se le escapó un suspiro temblando de pura emoción… Me abrazó más fuerte, pegó su frente a la mía y me dijo muy bajito, con voz suave pero llena de deseo:
— Ya lo siento, mi niño… ya sé cuánto te estás excitando, y créeme que yo igual, me tiembla todo el cuerpo y estoy empapada de ganas por ti. Ahora lo que haré es recibirte con todo mi amor, muy despacito…
Mi mamá levantó un poquito la cadera, abrió sus piernas suavemente y me guió con mucha ternura para que entrara poquito a poco en ella, lo hizo muy despacio para que yo sintiera cada milímetro de su piel cálida y suave que me envolvía. Mamá me susurró al oído entre suspiros:
— Así… Despacito, mi vida… Entra despacio… Quédate ahí… Siente cómo te abrazo toda yo, cómo te quiero tener dentro de mí para siempre.
Empezamos a hacer el amor muy lentamente, pero conforme fueron pasando los segundos mientras comenzábamos a hacer el amor mi mamá y yo el ritmo de nuestro encuentro íntimo y sexual comenzaba a aumentar cada vez más y más…
— Te voy a hacer sentir el hombre más feliz del mundo, mi amor. Soy toda tuya, solo tuya… —comentó mi mamá…
Mientras que ella comenzaba a gemir en silencio al momento de que me permitió entrar muy suavemente adentro de ella en su intimidad, la cual había penetrado con mi excitación y la dureza de mi miembro, el cual se abría camino excitadísimo muy firme y muy rígido entre la humedad de la vagina de mi mamá… Yo estaba demasiado excitado en ese momento y solo me dejé llevar por mis impulsos y por mis deseos…
Mi mamá sintió cómo me puse firme y caliente contra su cuerpo, y se le escapó un suspiro largo y entrecortado, pegándose ella aún más fuerte a mi cuerpo desnudo. Sus manos me aprietan suavemente la espalda y las caderas, y me dijo mi madre casi sin voz, temblando igual que yo…
— Yo también, mi niño… no te imaginas cuánto. Siento todo tu fuego, toda esa fuerza joven que me llena de escalofríos ricos por todo el cuerpo. Ya no aguanto más…
Mamá abrió más las piernas para recibirme, me recibió con todo lo que ella es como mamá, pero también como mujer, y me dejó entrar poquito a poco, para que yo sintiera cómo me envolvía ella toda completamente, calientita y suave, como si hubiera estado esperándome toda la vida… Mi madre se movió muy suave al mismo tiempo que yo, respirando muy rápido contra mi cuello…
— Así… Quédate ahí… Quédate conmigo, mi amor… Somos solo nosotros dos, y todo este amor que nos tenemos ya no cabe más en el pecho. Me encantas así, tan lleno de ganas y tan solo para mí… Sigue así, despacito, que yo no te voy a soltar jamás… —me dijo mi mamá…
Mientras rítmica pero a la vez lentamente nuestros cuerpos calientes se friccionaban mutuamente piel con piel sobre el colchón de la cama, el cual estaba algo empapado de nuestros fluidos sexuales que habíamos derramado mi madre y yo en aquel acto de amor y de intimidad sexual que estábamos teniendo ambos sobre la cama…
Mamá me abrazó con todas sus fuerzas, apretándose contra mi cuerpo hasta sentir que nos volvíamos uno solo, y me susurró entre suspiros que se mezclaban con los míos:
— Así, mi vida… Así, no te separes ni un poquito… Quédate bien adentro, todo lo profundo que quieras, que aquí te espero toda yo, abierta y llena de amor solo para ti. Siente cómo te aprieto suavemente a mi alrededor, cómo me haces temblar de gusto cada vez que te mueves poquito a poco… Esto es lo más bonito que me ha pasado jamás, mi niño hermoso. Todo este fuego, todo este cariño… Es solo nuestro, y nadie nos lo va a quitar jamás. Te amo con toda mi alma, te amo más de lo que las palabras pueden decir… Sigue así, despacito, disfrutemos juntos cada segundo de este amor que por fin se nos dio…
Fueron las palabras de mi mamá mientras comenzábamos a gemir los dos y nos dábamos amor y placer sexual mutuamente a la vez… Ella se acercó tanto a mí que nuestras respiraciones se mezclaban, me apretó con mucha ternura y me susurró bajito, con la voz toda temblando de gusto…
— Así, mi amor… Así, no te muevas tan rápido al principio, solo siente cómo te abrazo toda yo, calientita y suave, cómo encajas perfectamente ahí adentro como si hubieras nacido para estar conmigo. Se me acelera el corazón al mil, se me escapan suspiros que no puedo detener… No te imaginas lo increíble que se siente tenerte así, tan cerca, tan mío…
Las manos de mi mamá recorrían mi espalda y me acercó aún más a ella y a su cuerpo y me dio besitos suaves en el cuello y me dijo entrecortada…
— Sigue despacito, mi niño… Vamos juntos al mismo ritmo, disfrutando cada roce, cada cosquilleo, todo este amor que por fin nos estamos dando. Te amo más de lo que te puedes imaginar… Eres todo lo que siempre quise y nunca me atreví a pedir…
Al escuchar las palabras que mi mamá me decía mientras la tenía prácticamente desnuda entre mis brazos sobre la cama y mientras le hacía el amor de una forma que nunca imaginé que sería posible, pero con todas las ganas y con todo el deseo que por tantos años había guardado por ella y que estaban saliendo y experimentando con mi propia mamá al fin de una forma tan íntima y tan personal que era algo que no podía creer que al fin estuviera viviendo algo así con ella, era como una fantasía o como un sueño que al fin se me había hecho realidad poder cumplir…
Mi mamá me tenía abrazado con todas sus fuerzas, sintiendo cada latido mío que se juntaba con los de ella, y me susurró casi sin voz, con la respiración entrecortada…
— Sí, mi vida… Así, exactamente así… No nos separemos nunca más… Siente cómo te recibo toda yo, cómo te envuelvo suave y calientita, como si este lugar hubiera estado esperándote a ti todo este tiempo… Se me hace todo un fuego rico en el cuerpo, no me canso de sentirte tan firme, tan lleno de juventud y de amor para mí…
Mi mamá me dio besos suaves y lentos en los labios y el cuello, mientras nos movíamos despacito, juntitos, al mismo ritmo y mientras ella me decía…
— Vamos así, mi niño… Despacito, disfrutando cada segundo que es solo nuestro. Te amo con toda mi alma, más allá de cualquier cosa… Esto es lo más hermoso que jamás sentí en mi vida. Sigue así, mi amor, sigue dándome todo ese cariño que tienes guardado solo para mí…
Esas palabras que mi mamá me decía mientras tenía relaciones sexuales con ella sobre la cama y mientras sentía lo caliente y húmeda que su vagina se encontraba al recibir todo mi amor y mi deseo sexual por ella y por su cuerpo me hacían sentir de cierto modo un hijo muy privilegiado, pero sobre todo muy amado por mi madre por permitirme poder cumplir con ella aquella fantasía sexual que por tanto tiempo guardé y reprimí y que por fin estaba experimentando aquel acto de amor y de sexo que me encontraba en aquel momento experimentando con mi mamá…
Mamá me apretó tan fuerte contra ella que pude sentir cómo su corazón latía a mil contra el mío, y me susurró muy bajito, con la voz entrecortada y llena de amor y deseo:
— Sí, mi niño… Soy yo, tu mamá… La que te ha cuidado toda la vida y que ahora te quiere de esta manera tan inmensa y distinta. Olvídate un ratito de todo lo demás, solo piensa que aquí estoy yo, la que te ama más que nadie en este mundo, recibiéndote con todo lo que soy… Siente cómo te abrazo, cómo te envuelvo toda yo, como si mi cuerpo hubiera estado hecho solo para esperarte a ti…
Mamá me besó muy suave en la frente y luego en los labios, y me dijo casi en un suspiro…
— Esto es solo nuestro secreto, mi vida… Nadie más lo sabrá. Solo tú y yo sabremos lo bonito que es amarse así, con todo el corazón y con todo este fuego que nos corre por las venas. Sigue así, mi amor, no te detengas… Entrégate a mí como nunca te has entregado a nadie, que yo me entrego toda a ti, mi niño hermoso. Te amo con toda mi alma, más de lo que jamás pude imaginar…
Escuchar esas palabras salir de la boca de mi mamá mientras manoseaba y recorría sus piernas con mis manos y mientras subía mis manos hasta sus nalgas, jalándola y reteniéndola contra mi cuerpo, mientras la embestía sobre la cama llenándola de mi amor, de mi pasión y de mi deseo por ella y por su cuerpo y al mismo tiempo la hacía sentir nuevamente una mujer deseada y amada, que nuevamente de algún modo podía sentirse como una jovencita de cierta forma entre mis brazos al hacerle el amor con tanta pasión y con tantas ganas de la forma en la que se lo estaba haciendo en ese momento me hacía sentir una satisfacción personal enorme…
Mamá me apretó contra su cuerpo hasta sentir que nos fundimos en uno solo, y me susurró entre suspiros que se mezclaban con los míos, con la voz toda suave y temblando de gusto…
— Así, mi vida… Así, mi niño hermoso… No hay nada más en el mundo ahora, solo nosotros dos, en este rincón lleno de amor que es solo nuestro.
Yo podía sentir cómo me abrazaba mi madre con todo lo que era, cómo me recibía con cada movimiento mío contra su cuerpo como si fuera el regalo más grande que alguien le pudo dar…
— Qué rico se siente tenerte así, tan cerca, tan mío… —me comentó mi mamá…
Sus dedos se entrelazan con los míos y me los apretó suavemente, mientras me llenaba de besos tiernos y apasionados por toda la cara…
— Te amo, te amo más de lo que las palabras alcanzan a decir. Esto es lo más bonito que nos ha pasado, y lo guardaremos para siempre aquí, entre nosotros, sin que nadie más se entere. Sigue así, mi amor, despacito, todo lo que quieras. Yo jamás te soltaré, jamás te dejaré solo…
Mamá me tenía tan pegado a ella que ya no se distinguía en dónde empezaba ella ni dónde terminaba yo, y me susurró muy bajito, con la voz toda rota de emoción y cariño…
— Así, mi vida… Así, justo así… Quédate bien adentro, tan profundo como puedas, que aquí te guardaré para siempre en mi cuerpo y en mi corazón. Siente cómo todo se mueve al mismo ritmo, cómo el fuego nos va subiendo más y más, hasta que solo queda este amor inmenso que nos tenemos… Esto es real para nosotros, mi niño, y es solo nuestro…
Mamá me besó con toda la pasión y la ternura del mundo, apretándome las manos entre las suyas, y me dijo casi sin aliento…
— No pienses en nada más, no te preocupes por nada… Solo déjate llevar conmigo. Te amo con toda mi alma, más allá de todo lo demás… Sigue así, mi amor, que yo no me canso jamás de sentirte y amarte así…
— ¿Pero a tu edad no te cansas?… —le pregunté a mi mamá mientras podía sentir su sudor corporal y su excitación de mujer y todas sus excitantes curvas y su caliente y ardiente piel sobre mi cuerpo aún muy excitado y lleno de placer sexual gracias a ella y a su entrega para conmigo de ese modo tan íntimo en ese momento de amor y de lujuria…
Mamá se rió muy bajito contra mi oreja, con la respiración aún agitada pero llena de ternura, y me apretó un poquito más fuerte contra su sexy y caliente cuerpo de mujer madura…
— ¿Cansarme, mi niño? ¡Ni mucho menos! Al contrario… Creí que esta clase de fuego ya se me había apagado hace mucho tiempo, pero contigo me siento como si tuviera veinte años otra vez. Tu juventud, tus ganas, todo ese amor que me das… Me llenan de energía como no te imaginas…
Sus manos siguen recorriendo mi espalda con la misma suavidad, y mi madre me dijo entre suspiros…
— Mi cuerpo puede que tenga unos años más, pero mi corazón y todo lo que siento por ti está más vivo y fuerte que nunca. Contigo no hay cansancio que valga, mi vida… Podría quedarme así, abrazada a ti y amándote toda la noche y todo el día, y nunca me cansaría. Tú eres quien me devolvió estas ganas de vivir y de sentir… Así que no te preocupes por mí, mi amor, que yo aguanto todo lo que tú quieras y más…
— No pensé que me dirías nunca algo así, mamá, pero no tienes idea de cuánto tiempo soñé que tú te entregaras a mí justo de esta forma en que lo estamos haciendo ahorita, siempre soñé que hacer el amor contigo sería una experiencia única e inigualable y creo que no me equivoqué, siempre había tenido muchas ganas de poder hacer el amor contigo, mamá, te amo mucho… Y sigues siendo una mujer muy sexy y sensual a pesar de tu edad… Gracias por esto, mamá, te amo…
Mi mamá me apretó con todas sus fuerzas contra su cuerpo, sintiendo cada uno de mis movimientos y dejando escapar suspiros suaves que se mezclaban con los míos…
— Así, mi vida… Así, quédate así pegado a mí para siempre. No te imaginas lo fuerte y llena de energía que me haces sentir, como si el tiempo se hubiera detenido solo para nosotros dos. Todo ese calor y esa juventud que traes se me pasan a mí, y ya no siento el paso de los años, solo siento este amor inmenso que nos une.
Mamá me besó muy despacito en la boca y luego recorrió con besos suaves todo mi cuello, mientras sus manos me acariciaban con infinita ternura…
— No hay cansancio que venza lo que siento por ti, mi niño hermoso… Podría estar así contigo toda la noche, toda la vida, y jamás me cansaría. Eres mi todo, mi secreto más bonito y el amor más grande que jamás conocí. Te amo con toda mi alma, mi amor… Sigue así, no te detengas, que yo estoy aquí contigo hasta el final…
Las palabras que me dijo mi mamá en ese momento trastocaron una parte muy profunda de mi alma y de mi corazón que solté un par de lágrimas de emoción y de felicidad mientras aún lo estábamos haciendo un poco más lento, pero ambos dándonos caricias y besos en nuestras bocas y en nuestros cuerpos muy profundos e íntimos y eróticos…
Mamá me abrazó tan suave y tan fuerte a la vez, acunó mi cara entre sus manos y me miró con los ojos llenos de todo el amor del mundo. Mi mamá me dio un besito muy tierno en la punta de la nariz y me susurró bajito…
— No llores, mi vida… Todo está bien, estamos los dos juntos, a salvo, y nada ni nadie nos va a separar en este momento tan bonito y nuestro. Todo lo que sentimos es puro cariño, todo esto es solo para que se te quite la soledad y sepas cuánto vales y cuánto te quiero yo. Descansa poquito en mis brazos, apóyate en mí todo lo que necesites… Yo estoy aquí, mi niño hermoso, siempre para ti. Te amo con toda mi alma…
Abracé con más fuerza a mi mamá… Mamá me apretó aún más contra ella, sintiendo toda mi piel calientita y suave pegada a la suya, y me susurró muy bajito con voz llena de ternura…
— Sí, mi vida… Así sigue, no te muevas ni un milímetro. Me encanta sentirte así, todo descubierto y pegado a mí, como si fuéramos dos mitades que siempre debieron estar juntas. Siento tu calor, tu juventud, todo ese amor que me das y se me llena el corazón de una felicidad que no te puedo explicar con palabras.
Las manos de mi mamá recorrían mi espalda despacio, acariciándome con todo el cariño del mundo, para que supiera de algún modo que aquí estaba seguro junto a ella…
— Aquí eres todo mío y yo soy toda tuya. No hay prisa por nada, mi niño… Podemos quedarnos así, abrazados y piel con piel, todo el tiempo que tú quieras. Te amo más de lo que te puedes imaginar… —me dijo mi mamá…
— ¿Ya te cansaste, verdad, mamá?
Mamá me apretó con mucha suavidad y me acarició la cara despacio, hablándome bajito para que me tranquilizara…
— No, mi vida, para nada me cansé… Al contrario, podría quedarme así pegada a ti toda la noche y todo el día, sin querer separarme ni un segundo. Solo me quedé callada disfrutando lo increíble que se siente tenerte así conmigo, todo mío, piel con piel. No hay nada que me canse cuando se trata de ti, mi niño hermoso… Estoy aquí contigo, todo el tiempo que tú quieras, con todo el amor del mundo. ¿Te quedas así un ratito más abrazado a mí?
Me pegué más al cuerpo desnudo de mi madre y besé sus tetas y me prendí de sus pezones, mientras que con mis manos manoseaba sus nalgas, volteé a ver a mi madre a los ojos y ella me dijo mientras me besaba y me acariciaba también…
— Te devuelvo ese beso con toda la ternura y el fuego que tengo guardado para ti, te aprieto contra mí hasta que sientes que no hay espacio ni para un suspiro entre los dos.
Las manos de mi mamá no dejaban de acariciarme suavemente por toda la espalda y la cintura, y me susurró casi rozando mis labios:
— Así, mi amor… Así, no cambies nada, no te vayas a ninguna parte. Esto es lo más hermoso que he vivido jamás, tenerte así, tan cerca, tan mío, y sentir que al fin te he dado todo ese amor que llevaba tanto tiempo guardado para ti. No me importa nada más, ni el tiempo, ni el cansancio, ni lo que digan los demás… Aquí somos solo tú y yo, y nos pertenecemos el uno al otro para siempre. Te amo con toda mi alma, mi niño hermoso, más allá de cualquier cosa… Quédate así conmigo todo lo que quieras, que yo jamás te soltaré…
Por mi parte yo podía sentir el sexy cuerpo de mi madre arder de excitación por mí mientras nos encontrábamos tan cerca de forma tan íntima y dándonos mutuamente un poco de amor y de placer los dos…
Mamá me apretó un poquito más contra ella para que la sintiera más de cerca, y me dijo entre suspiros suaves y temblando de gusto…
— Mi cuerpo… Mi cuerpo está ardiendo todo entero por ti, mi amor. La piel se me siente súper suave y calientita, se me eriza con cada roce tuyo como si fuera la primera vez. Mis senos están llenitos, firmes y muy sensibles, y se aplastan suavemente contra tu pecho, con los pezones duros que te piden que los sientas… Mis caderas y mis nalgas redonditas se pegan a ti buscando tu calor, y sientes cómo me tiemblan un poquito las piernas de pura emoción. Y aquí adentro… Aquí abajo estoy toda húmeda, suave y muy abierta para ti, envolviéndote con mucho cariño y apretándote despacito para que sientas cuánto te deseo y cuánto te quiero tener conmigo. Todo en mí te grita que eres el dueño absoluto de mi cuerpo y de mi alma, mi niño hermoso… Todo esto es solo tuyo, para siempre…
Yo estaba tan caliente, tan excitado y tan húmedo que sentía de una forma u otra que ya no me iba a poder contener más con mi mamá y por tener su sexy cuerpo de mujer y de hembra madura de la forma en la que la tenía sobre mi cama…
Mamá me besó muy suavemente en la sien y me apretó aún más contra ella, con una sonrisa tierna y llena de satisfacción en los labios mientras me decía…
— Lo siento, mi amor… Lo noto perfectamente, y créeme que eso me llena de una felicidad inmensa. Esa humedad rica y tibia es la prueba de que tu cuerpo siente lo mismo que el mío, de que todo este amor y este fuego que nos tenemos se nos sale por los poros. Yo igual, mi niño… Estoy mucho más empapada que tú, toda lista y abierta para recibirte y sentirte bien adentro de mí, para que todo se deslice suavecito y disfrutemos sin que nada nos estorbe…
Sus dedos acariciaban suavemente mi espalda y mi madre me susurró al oído con mucha dulzura…
— No te avergüences de nada, mi vida… Es lo más natural y hermoso que nos puede pasar. Significa que nos queremos, que nos deseamos y que nuestros cuerpos ya se encontraron al fin. Sigue así, mi niño hermoso, que esa humedad es el mejor regalo que me podías dar esta noche. Te amo con toda mi alma.
Mi mamá y yo rodamos apasionadamente sobre la cama, mientras acariciábamos mutuamente nuestros cuerpos y al mismo tiempo ella y yo besábamos de forma desenfrenada nuestros labios, disfrutando los dos de la suavidad del otro por completo y de la pasión y de la lujuria que a mi mamá y a mí nos unía en ese momento apasionado de placer y de amor… Mientras que dejábamos los dos que la línea delgada entre madre e hijo fuera cruzada en mutua complicidad y dejábamos que despertaran desesperadamente nuestros instintos sexuales de hombre y de mujer sobre la cama…
— Siento el peso suave de tu pierna al cruzarla sobre mí y se me escapa un suspiro largo y tembloroso, apretándote aún más fuerte contra mi cuerpo…
— Lo sé, mamá, sé que te encanta que te haga el amor, lo puedo notar, créeme, y tú no lo haces nada mal…
Las manos de mi mamá se aferraban con ternura a mi espalda y a mi cintura, y me decía casi sin voz, muy bajito al oído…
— Así, mi vida… Así, quédate así, bien pegado, sin dejar ni un solo hueco entre nosotros. Siento cómo tu pierna se desliza suavemente rozando mi piel, cómo nos acomodamos a la perfección como si hubiéramos nacido para estar así… Y se me acelera todo otra vez al sentirte tan firme, tan caliente y tan mío…
Las caderas de mi mamá se movían muy despacio buscando más mi roce, y me besaba el cuello con mucha suavidad…
— Me encantas así, tomándome tú mismo todo lo que quieres y todo lo que es tuyo… Soy toda para ti, mi niño hermoso, haz lo que tu corazón y tu cuerpo te pidan conmigo, que yo jamás te voy a detener. Te amo con toda mi alma…
Por un momento no me pude contener más y sin avisarle a mi madre expulsé y deposité todo mi semen en el interior de su vagina, que para ese punto se encontraba excitadísima, muy caliente y demasiado abierta recibiéndome por completo adentro de ella… Ambos quedamos empapados de nuestro sudor y de nuestros fluidos corporales sobre el colchón y las sábanas húmedas de la cama, mientras yo y mi madre suspirábamos de placer al haber terminado por un momento de disfrutar ambos de aquel bello encuentro sexual entre nosotros dos…
Mamá me miraba de reojo recostada ella aún sobre la cama y notó cómo observaba detenidamente su cuerpo de mujer y también pudo notar cómo mi mirada se quedó clavada fijamente en su trasero, esas hermosas nalgas de mi madre que sobresalían en la posición en la que ella se encontraba acostada sobre la cama en ese momento…
— Siento cómo tu mirada y tus ganas se fijan ahí…
A mi mamá se le escapó un suspiro suave mientras apretó un poquito más su cuerpo contra mí, para que las sienta mejor mientras mi mamá me decía…
— Sí, mi amor… Míralas, tócalas todo lo que quieras, que son redonditas, suaves y firmes, y están hechas para que las abraces tú. Se sienten bien llenitas, y cuando te pegas a mí o me muevo despacito, notas cómo se ajustan perfectamente a ti, marcándose bien bajo tus manos y contra tus caderas. Ahora que estamos así, piel con piel, puedes apretarlas todo lo fuerte que quieras, sin miedo… Me encanta sentir cómo me tocas y cómo me deseas, mi niño hermoso. Todo esto es tuyo, para que lo disfrutes todo lo que se te antoje…
— ¿Te lo puedo hacer por ahí?… —pregunté dudoso a mi mamá…
Mamá se quedó unos segundos callada, respirando entrecortada y sintiendo cómo se le aceleraba aún más el corazón, luego me susurró muy bajito, con voz suave, tímida pero llena de ganas y de amor…
— Ay, mi niño… Tú sabes que siempre he sido muy cuidadosa, que ahí nunca nadie ha entrado… Sigue todo muy apretadito, muy suave y virgen, esperando solo por ti. Si es lo que de verdad quieres, si es lo que te llena de ganas… Sí, mi vida, solo para ti… Pero tendremos que ir con una infinita suavidad, poquito a poco, con muchísimo cariño, porque al principio dolerá un poquito, pero luego se sentirá el cielo mismo…
Mamá me apretó suavemente la mano y me dijo con toda la confianza del mundo…
— Solo te pido que vayas despacito, que no te apures, y que si algo me duele o me pides que pare un ratito, me hagas caso. Si así me lo pides, yo abro todo para ti, mi amor… Te dejo entrar por donde tú quieras, porque eres el dueño de todo mi cuerpo y de todo lo que soy. ¿Me prometes que irás con mucho cuidado conmigo?
— Sí, mamá, te lo prometo… —le dije a mi mamá con unas ganas y con unos deseos inmensos por ella de tomarla y hacerla mía también por ahí…
— Me tiembla todo el cuerpo de emoción y de ternura… —dijo mi mamá…
Me apretó suave la mano entre las suyas y me susurró casi sin voz, con los ojos brillantes de lágrimas y de amor mientras me decía…
— Gracias, mi vida… Gracias por cuidarme así, como yo te cuido a ti. Entonces ven muy despacito, ve poquito a poco, no fuerces nada… Yo me abro toda para ti, te ayudo yo misma con mucha suavidad para que entres despacio. Siente cómo voy recibiéndote, cómo te envuelvo todo suavecito, y si en algún momento sientes que te pones muy tenso o que me haces daño aunque sea poquito, paramos al instante, sin que tengas que decirme nada.
Mamá me besó muy suave en la frente y me dijo con toda la verdad de su corazón…
— Esto es lo más íntimo que te puedo dar, mi niño… Algo que jamás le di a nadie, y que es solo tuyo para siempre. Ven despacito… entra despacito… Todo es tuyo, mi amor. Te amo con toda mi alma…
Tomé a mi mamá de las caderas y la acosté boca abajo sobre la cama y me monté por encima de ella entre sus nalgas con mi pene muy excitado nuevamente… Y entonces sentí cómo mi pene se endureció aún más al ver las nalgas de mi mamá y al empezar a rozarlas con la punta de mi glande, entonces comencé a hacer presión lentamente entre las dos sintiendo lo apretadas y lo cerradas que ambas estaban al recibirme…
A mi mamá se le escapó un gemido suave y entrecortado, y se apretó más contra el colchón de la cama al recibirme por atrás, sintiendo cada milímetro mío que iba entrando muy despacito pero con muchas ganas…
— Así, mi amor… Así, muy despacito… Quédate ahí… Quédate así poquito a poco… Ay, mi niño, qué rico se siente, aunque sí, se siente bien apretadito y diferente… Pero tú vas tan suave que casi no duele, solo se siente una sensación inmensa de que por fin estamos completos. Siento cómo me vas llenando poquito a poco, cómo todo mi cuerpo se abre y se ajusta a ti, aceptándote como si siempre te hubiera estado esperando ahí… No entres más rápido todavía, mi vida… Quédate así un ratito, déjame acostumbrarme a tenerte dentro de mí, sentir tu calor y tu firmeza. Eres tú… Solo tú, y te estoy recibiendo con todo el amor que tengo en el alma. Te amo, te amo muchísimo, mi niño hermoso…
Escuchar las palabras que me dijo mi madre y tenerla en cuatro sobre la cama hizo que me pusiera aún más duro y mi excitación estaba al tope, sentir la suavidad de su piel, su calor y su calentura de mujer, sus increíbles nalgas que me recibían por completo, todo eso provocaba en mí una excitación única como hijo y como hombre al tener a mi mamá de la forma en que tantas veces había soñado tenerla en cuatro sobre la cama… Y mientras mis embestidas penetrando sus nalgas aumentaban paulatinamente la excitación de su cuerpo de mujer caliente, su sudor corporal por el ardiente encuentro sexual que estábamos experimentando y viviendo mi madre y yo juntos sobre la cama por nuestro encuentro de amor apasionado y lujurioso hacía que mi euforia y mi excitación y mi sensación de poder y de dominio y sobre todo de control sexual sobre el cuerpo de mi madre fuera un sinfín de subidas y de bajadas y de emociones que combinaban un juego de palabras extrañas en esos momentos en la cama junto a ella: amor, lujuria, deseo, atracción sexual, sexo, dominio, control, pasión, poder, sometimiento, relaciones sexuales, incesto… Todas esas palabras se cruzaban por mi mente mientras penetraba las nalgas de mi madre y la escuchaba gemir y llorar entre dientes de placer y del dolor y de la misma excitación sexual de mi mamá que su cuerpo de mujer y de madre estaba experimentando por completo al recibir todo mi amor en aquel momento de placer, de pasión y de lujuria que mi mamá y yo nos estábamos dando mutuamente y en total complicidad y lo más increíble de todo es que todo había sido de forma consensuada con mi mamá, ya que ella solita había sido la que me había venido a buscar a mi cuarto esta noche de pasión y de amor en la que mi mamá se había entregado a mí completamente desnuda y por su propia voluntad y habíamos dado rienda suelta a nuestras más bajas pasiones…
Mamá se quejaba de dolor mientras le hacía el amor por sus nalgas, hundiéndome por completo hasta el fondo en ella y explorando su interior con mi excitación a punto de explotar de placer y escuchar sus gemidos de dolor y de placer hacían que yo aún más me excitara al tenerla en cuatro sobre la cama a mi madre, mientras que ella recibía por completo mi amor por detrás de ella, mientras que con mis brazos la retenía de sus exquisitas piernas las cuales apretaba y jalaba con mis manos reteniéndola contra mí, para hundir todo mi amor en lo más profundo que pudiese en el fondo de ella, lo más excitante era poder rebotar entre sus nalgas con mi pelvis al compás de mis embestidas sobre su cuerpo mientras le hacía el amor a mi mamá, mientras me la follaba teniéndola a gatas y reteniéndola sobre la cama, en lo que la humedad de nuestros fluidos sexuales por la excitación de nuestros cuerpos calientes y desnudos se mezclaba con el calor y con la excitación sexual de nuestros cuerpos al hacer contacto de una forma tan íntima y tan excitante…
Llegué a sentir tanto placer sexual mientras me la cogía de esa forma a mi mamá que de un momento a otro me corrí a chorros en el interior de sus nalgas sin poder contenerme más y sin avisar, fue tanta mi excitación al hacerlo con ella que empecé a sentir corrientes eléctricas recorrer todo mi cuerpo, mientras caía tendido sobre la espalda y la piel desnuda de mi mamá, en lo que ella también se contraía y se quejaba un poco menos que al principio, pues su cuerpo de mujer madura ya se había acostumbrado a recibir todo mi amor por ahí por sus nalgas, por donde se lo había hecho con muchas ganas y con mucho deseo sexual por ella y con unas ganas inmensas por saber y sentir que yo no solo era su hijo, sino que ahora también ella ya era mía…
Al caer rendido acostado sobre su cuerpo desnudo de mujer mi pene quedó aún entre sus nalgas adentro chorreando y llenándolas de mi semen que escurría y a la vez brotaba de su interior, mientras que con mis manos amasaba y manoseaba directamente sus excitantes tetas, las cuales apretaba suavemente, sintiendo con mis manos y con mis dedos sus senos aún húmedos y sus pezones endurecidos excitantemente rígidos por la excitación de su cuerpo de mujer madura al recibir tanto de mi amor por ella…
Un silencio ensordecedor sacudía la habitación y un olor muy excitante a sexo se podía percibir en el ambiente combinado con el silencio de ambos sin decirnos ni media palabra mi madre y yo, solamente se podían escuchar nuestros jadeos al respirar por lo rendidos y agotados que mi mamá y yo habíamos quedado en ese momento, después de habernos demostrado ese amor prohibido de una forma tan íntima, ese deseo y amor guardado y secreto que ambos nos acabábamos de demostrar…
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