Mi entrevista con mi futura mujer y mi acercamiento con mis hijastras

Mis hijastras siempre han sido muy cariñosas y complacientes conmigo. A ellas, desde siempre, les han gustado mucho los mimos y las caricias. Como a toda chica, les encanta la atención que suelen darles los hombres. Al ser yo la cabeza de familia y el único hombre en la casa, y también al ser el hombre con el que más tiempo mis hijastras han convivido, ya se imaginarán lo excitante que ha sido para mí convivir con tres hermosas mujeres en mi hogar.
Mi hermosa esposa Kimberly es una Barbie 90-60-90, rubia de ojos azules, con tetas grandes, acinturadita y unas nalgas y piernas de locura. Ella es la mujer más caliente, más guapa y más sensual con la que he llegado a estar. Soy un hombre muy afortunado por tener a una esposa como Kimberly a mi lado, que no solo es mi socia en los negocios y la mejor estratega en negociación comercial, sino que también es la cabeza de la empresa para la que ambos trabajamos, pues somos socios de una importante empresa hotelera de nuestro país.
Como todo empleado, comenzamos desde abajo, pero gracias a una oportunidad que se nos presentó de presentar un proyecto para la compañía hotelera para la que Kimberly y yo trabajábamos, nuestra vida dio un giro radical de 360 grados.
El padre biológico de mis queridas hijastras Perla, Alexa y Nadia Ariel es un hombre ausente en sus vidas. Mi esposa, desde que nos casamos, me encomendó la tarea de tratar a sus hijas como si fueran mías.
A Perla, Alexa y Nadia Ariel, mis hijastras, desde que comencé a tratar a su mamá Kimberly, siempre mostraron mucha curiosidad por mí, pues ellas no estaban acostumbradas a que su mamá Kimberly durara tanto tiempo saliendo con un solo hombre.
Después del fracaso que Kimberly tuvo en su relación amorosa con su ex, el padre biológico de Perla, Alexa y Nadia Ariel, Kimberly se había vuelto una mujer inestable, desconfiada de los hombres, y solamente solía salir con ellos tratando de encontrar estabilidad en una relación y también una figura paterna para sus hijas.
Sin embargo, los hombres que solían salir con Kimberly solo lo hacían por tres grandes razones: sus dos grandes tetas o sus dos grandes senos, su enorme y monumental trasero y esas dos nalgas que sobresalían con sus minifaldas cortas, entalladas y ajustadas, y por su necesidad biológica y natural como mujer de follar, que prácticamente por su forma de vestir provocativa y su manera de coquetear como mujer era más que evidente. Pero los hombres que trataban y salían con Kimberly solo la usaban para tener sexo con ella, puros encuentros casuales sin compromiso, y después de eso se alejaban de ella, dejándola muchas veces ilusionada. Kimberly tenía que regresar nuevamente a su realidad de ser una madre soltera, pues tenía dos pequeñas niñas de su relación anterior que tenía que sacar adelante. O sea que a Kimberly los hombres solamente la solían usar para coger con ella y se iban muchas veces sin despedirse de ella. Y cuando pretendían quedarse, le salían con que ellos eran casados y que ella podría llegar a ser su amante.
Pero Kimberly no salía con hombres casados y, cuando ellos le soltaban eso de golpe y pretendían que Kimberly fuera la amante, ella los solía sacar de su vida de inmediato. Kimberly no estaba dispuesta a ser la segunda opción de nadie. “Todos los hombres son iguales”. Era su filosofía.
Kimberly era una mujer que estaba muy necesitada de afecto, de cariño y de mucho amor. Después de tantas decepciones amorosas, ella estaba dejando de creer en el amor.
Tiempo pasado, hace varios años atrás... En la empresa o en el corporativo... El día que conocí a Kimberly...
—Hola, mucho gusto.
—Hola, ¿qué tal? Me llamo ............... soy nuevo en la empresa.
—Mucho gusto................. ¿Qué se te ofrece?
—Me mandaron para acá, me dijeron que la señorita de esta oficina me haría una entrevista de trabajo.
—¿Eres de nuevo ingreso?
—Sí, es mi primera entrevista aquí.
—¿Vienes para alguna vacante en particular?
—Pues soy licenciado en ................., pero tengo habilidades en diferentes áreas, señorita...............
—Kimberly, me llamo Kimberly, mucho gusto................., pasa y toma asiento.
Ella se inclinó un poco en ese momento y su escote hizo relucir sus increíbles y grandes tetas. El aroma de su pequeña oficina en aquel entonces era un aroma afrodisíaco como de rosas rojas y pétalos exóticos, y su perfume que ella usaba gritaba “fóllame” a los cuatro vientos, o al menos esa fue la impresión que me dio. Pero yo estaba ahí para una entrevista de trabajo justo en esa área. De modo que, si Kimberly me aprobaba en la entrevista, ella y yo seríamos compañeros de trabajo.
Por un lado yo me sentía muy emocionado, pues el corporativo era una empresa de renombre a nivel nacional, pero por otro lado, como hombre, me sentía algo nervioso, no lo voy a negar, al tener a semejante monumento de mujer frente a mí en ese momento.
Kimberly era una Barbie, rubia, de ojos azules, 90-60-90, un monumento de mujer en toda la extensión de la palabra, de los pies a la cabeza, la mujer más deseable y follable que cualquier hombre desearía tener como pareja simplemente por lo hermosa y lo sexy que era.
—¿Eres casado, soltero?
—Soltero...
—Ajá, seguro... —comentó sarcásticamente Kimberly.
—No, de verdad soy soltero.
—¿Es en serio? —preguntó Kimberly sorprendida.
—Sí, Kimberly, soy soltero. ¿Kimberly, verdad?
—Sí, Kimberly... Es que se me hace raro que un hombre como tú sea soltero.
—¿Un hombre como yo? ¿Por qué lo dices?
—No, por nada, no me malentiendas. A ver, ¿traes tu currículum?
—Sí, Kimberly, toma, es este.
—A ver, veamos... Has trabajado en.........., y en.............. y en..............., y en................. ¿En serio sabes hacer todo esto que dice aquí?
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Es que tienes muchas habilidades en distintas áreas por lo que describes en tu currículum y, si sabes hacer todo esto, ya me imagino por qué te mandaron conmigo... ¿Seguro que sabes crear proyectos innovadores por tu propia cuenta desde cero sin necesidad de una IA?
—¿Qué es una IA, Kimberly?
—¿Eres tan creativo como dice en tu currículum y no sabes lo que es una IA?
—No, no sé lo que es...
—Es una Inteligencia Artificial como la de la película Terminator...
—Ah, ¿cómo Skynet de Terminator? No sabía que ya existía ese tipo de tecnología. Pensé que eso solo era ciencia ficción y que solo existía en las películas o en las series...
—Pues es que aún lo es. La inteligencia artificial aún está en desarrollo y a prueba y aún no es liberada ni utilizada públicamente. Es como un secreto a voces, pero se dice que en los próximos años estará en todo tipo de aplicaciones y será utilizada prácticamente para todo lo que te puedas imaginar. Ayudará a muchas personas a innovar en procesos creativos para desarrollar aplicaciones, hacer animaciones, crear contenido. Se usará en la medicina, en la industria automotriz, aeroespacial, en fin, incluso abrirá las puertas de la mano con el internet a que nazcan y surjan nuevos talentos creativos, pero también con esta llegarán los recortes de personal en diversas áreas en distintas empresas...
—Son unas por otras, supongo, señorita Kimberly...
—Así es, son unas por otras... Parece que todo está correcto en tu documentación... Pues bien, déjame procesar tus datos en la computadora y vas a hacer una evaluación en ella...
—¿Usted es psicóloga, señorita?
—No, para nada. Soy desarrolladora y diseñadora de proyectos, al menos aquí en esta oficina y para esta empresa hotelera... Aunque estudié Comunicación y Administración de Empresas...
—Tienes dos carreras, qué bien, Kimberly...
—Sí, tengo dos carreras...
—¿Aspiras a ser una empresaria, Kimberly?
Kimberly estaba comparando los datos del computador y revisando mis documentos...
—A ver, esto va aquí y esta va acá...
—¿Cómo dices? —Kimberly volteó a verme.
—Que si aspiras a ser empresaria... Te lo pregunto por las carreras que estudiaste de Comunicación y de Administración de Empresas...
—Pues esa era la idea, pero mírame, terminé aquí, haciéndola de psicóloga... Siéntate en esta silla y harás la siguiente evaluación en ella...
—Ah, ok, sí, gracias... A ver, veamos... No debes usar el celular para contestar la evaluación...
—Sí, lo sé, Kimberly...
—Regreso en una hora, calculo que para entonces ya habrás terminado la evaluación...
—Sí, está bien...
Kimberly se levantó de su escritorio caminando derechita y realzando sus atributos, que hasta ese momento pude apreciar mucho mejor: las impresionantes y grandes tetas que tenía frente a ella. Usaba una blusa semi escotada y un saco en color rojo, y ni qué decir de su minifalda entallada roja y sus zapatillas de tacón en color rojo cereza que hacían juego con su conjunto de ropa de vestir, su abdomen plano. Vaya, pero qué nalgotas tiene esta mujer. No me la imaginaba que estuviese así de buena la psicóloga y qué piernuda, y además rubia y de ojos azules...
Mejor me concentro en terminar bien la evaluación, no vaya a ser que termine contestando mal por estar zorreando a la que podría ser mi nueva compañera de trabajo si me llegan a contratar. Ha de ser increíble trabajar junto con ella, o será acaso todo lo contrario... Pensé. Concéntrate mejor en hacer bien la prueba... Pensé.
Una hora después Kimberly regresó a su oficina...
—¿Ya terminaste de contestar la evaluación?
—Sí, ya acabé, Kimberly...
—Qué bien, a ver, déjame ver los resultados...
Nunca es tarde para cumplir nuestros sueños, Kimberly. ¿No crees?...
—Creo que ya es un poco tarde para mí, pero bienvenido a la empresa y, como lo dijiste en un principio, parece que tú y yo seremos compañeros de trabajo... Según el resultado del computador eres perfecto para la vacante... Espero que nos llevemos muy bien los dos y que tengamos una relación de compañerismo laboral sana...
—Ya verás que sí, Kimberly, y de verdad muchas gracias por la oportunidad...
Le extendí mi mano a Kimberly y ella también me extendió la suya mientras los dos nos veíamos a los ojos y ella me sonreía, notándose un poco nerviosa por algún motivo que hasta el momento yo desconocía.
Y así estuvimos trabajando por meses en diferentes proyectos Kimberly y yo, al principio sin extender nuestro horario laboral por la carga de trabajo que teníamos. Reconozco que para mí, como hombre, era un poco complicado trabajar con una mujer tan sexy, hermosa y tan sensual como Kimberly, porque inevitablemente, mientras trabajábamos juntos en la misma oficina —porque sí, Kimberly y yo trabajábamos en todo momento juntos los dos en la misma oficina, estando frente a frente cada uno en su propio escritorio—, a veces era inevitable para mí no distraerme por momentos en la oficina con los senos, el escote y con las nalgas de Kimberly. Era inevitable no excitarse al estar trabajando con una mujer tan sexy como ella en un espacio tan pequeño.
Y cuando ella se agachaba frente a mí, esos descuidos, esos escotes, esas grandes tetas o, estando de espaldas, esas nalgas con sus minifaldas entalladas, prácticamente no tenía tiempo de pensar en otra mujer en todo el día que no fuese ella. Y es que prácticamente Kimberly y yo trabajábamos todo el día en la oficina desarrollando proyectos, modificando proyectos, diseñando proyectos, pero aunque los metíamos como demos y los mandábamos a la dirección general de socios y de inversionistas, nuestros jefes aún no veían el potencial que Kimberly y yo teníamos como equipo mientras trabajábamos en conjunto. Por un lado estaba mi lado creativo y por otro lado estaba el lado empresarial de Kimberly, que hacía que cada vez más nuestros proyectos tuvieran ese pequeño golpe de suerte para destacarse del resto y de los demás.
Debo reconocer que en algún momento Kimberly comenzó a llamar bastante mi atención como mujer, pero ese no era mi mayor problema. El verdadero problema era que Kimberly era tan atractiva que casi todos los hombres de nuestro corporativo se desvivían por ella y siempre estaban llenándola de atención y de detalles. Y es que, siendo sincero como hombre, admito que Kimberly era una mujer en extremo atractiva, que cualquier hombre estaría dispuesto a llevarse a la cama. A veces admito que me imaginaba lo que sería tener relaciones sexuales con ella, pues al ser la mujer con la que convivía al trabajar la mayor parte del tiempo y a la que veía la mayor parte de mis días y de mi día en la oficina, me era inevitable no llegar a fantasear con ella de algún modo. Sin embargo, Kimberly no solía platicar de su vida privada en la oficina y mi relación con ella era estrictamente laboral en esos momentos.
Aunque admito que mientras Kimberly me evaluaba yo no podía dejar de ver sus hermosas tetas bajo su blusa escotada y la redondez de las mismas y esas curvas perfectas que marcaban la silueta de su cintura monumental y acampanada hacia sus caderas, además del color de sus uñas en rojo intenso combinado con el labial de sus labios carnosos y húmedos y ese perfume seductor que Kimberly usaba en aquella ocasión, hacía que me excitara inevitablemente frente a ella mientras Kimberly me hacía la entrevista presencial para ingresar a la vacante para la que yo estaba aplicando en ese momento para entrar a trabajar a la empresa o al corporativo del que Kimberly formaba parte, y sin imaginarme cómo comenzaría nuestra historia de amor entre los dos.
Después de casarme con Kimberly y hacer vida de pareja a su lado, también solía compartir mis días con mis pequeñas hijastras Perla, Alexa y Nadia Ariel, dos niñas preciosísimas, cariñosas y amorosas que rápidamente me aceptaron en su vida como el esposo de su madre Kimberly y para mis dos pequeñas hijastras rápidamente me volví el centro de su atención.
A raíz de que Kimberly y yo nos casamos, sus hijas Perla, Alexa y Nadia Ariel no querían despegarse de mí ni por un segundo. Las niñas siempre buscaban la manera de sentarse en mis piernas y de llenarme de besos tiernos en mis mejillas. Mis hijastras buscaban sentirse queridas por mí y supongo que ellas buscaban en mí la carencia de amor paternal que hacía mucha falta en sus vidas, ya que aún eran unas pequeñas que lo único que deseaban era sentirse amadas y protegidas y que buscaban ir descubriendo poco a poco el mundo que las rodeaba y vivir una vida en familia que su padre biológico les había privado al dejarlas tan pequeñas a su madre y a mi esposa Kimberly y a ellas.
De mi parte, como hombre y cabeza de la casa, era increíble recibir tanto amor de parte de mi esposa Kimberly y de mis dos hijastras Perla, Alexa y Nadia Ariel. Era como tener tres mujeres o tres novias en el hogar y quizás dirán que suena un poco extraño esto que estoy comentando que me pasaba con ellas, pero es que realmente así lo sentía yo.
Cuando no tenía encima de mí a mi esposa Kimberly besándonos y acariciándonos y dándonos amor en el hogar y mi mujer se ocupaba en otros quehaceres domésticos del hogar, por lo regular mis hijastras solían ser las que eran y andaban de encimosas conmigo y yo admito y reconozco que como hombre y como su padrastro me dejaba querer por ellas.
Y es que era increíble poder sentir el calorcito que generaban sus cuerpos a esa edad de mis hijastras en la que ellas, encantadas, solían friccionarse contra mi cuerpo sentándose en mis piernas cada una de ellas y volteándose frente a mí, besando mis mejillas y mi cuello, mientras yo las tomaba a ellas de sus delicadas y delgadas cinturas y acariciaba discretamente sus nalgas por encima de la tela de sus cortos shorts. Aunque admito y reconozco que a mí me gustaba y me excitaba más cuando mis hijastras andaban con faldas cortas por la casa, ya que al sentarse encima de mí el contacto con ellas y con su piel era de cierto modo más cercano, más directo y más íntimo.
Lo más increíble es que mis hijastras eran de cierta forma permisivas conmigo y ellas solían tomar la iniciativa por su propia cuenta de sentarse encima de mí y me llenaban de besos tiernos compitiendo entre ellas mismas por mi atención, por mis caricias, por mis besos. Y yo tenía mucho amor para darles a las dos, mucho amor de sobra de hecho. Imaginen tener a tres mujeres hermosísimas en mi casa que disfrutaban de mis caricias, de mis besos, de mi atención y de mi amor.
Tenía acceso directamente al cuerpo de mis hijastras debido a la permisividad de mi esposa Kimberly, su madre, ya que las niñas eran muy encimosas conmigo debido a que estaban entrando en la adolescencia, esa etapa en que las hormonas de las mujeres se comienzan a acelerar, sus cuerpos empiezan sus cambios hormonales y las niñas comenzaban a desarrollarse. Sus cuerpos empezaban a sentir esos cambios de niña a mujer, sus tetas y sus nalgas comenzaban a crecer y su excitación, impulsos y deseos sexuales de mujer adolescente comenzaban a nacer y a despertar en mis hijastras Perla, Alexa y Nadia Ariel.
Imaginen ese aromita que desprenden las mujeres durante la etapa de adolescencia, combinado con su calentura y deseos sexuales de mujeres, ese aroma que las señoritas desprenden a cierta edad y que las hace desarrollar sus cuerpos, eso que naturalmente hace que les crezcan y se les desarrollen las tetas y las nalgas y sus cuerpos de mujer y comienzan a soltar y a desprender feromonas sexuales en el ambiente que indican que se están preparando para dar y para recibir amor.
Pero lo más excitante para uno como hombre, en mi caso como su padrastro, es cuando ellas mismas buscaban y buscan mi calor, mi afecto, mi amor y mi contacto físico de hombre con ellas, esas mujeres en desarrollo que están deseosas de amar y de sentirse amadas y deseadas como mujeres.
Cuando mis hijastras me buscan suelen sentarse en mis piernas, siempre andan de encimosas y de cariñosas conmigo, acariciándome el pecho, dándome besitos en el cuello y permitiéndome que las acaricie yo también a ellas. Ellas se sientan en mis piernas y yo suelo manosear discretamente sus nalgas, su cintura y levemente solía manosearles las tetas a ellas, mientras veía como ellas, dentro de su misma excitación de mujer, ambas se retorcían de la excitación natural que sus cuerpos de mujercitas en desarrollo sentían ante mis caricias. Y también yo aprovechaba para besarles a ellas sus mejillas, besar sus delicados cuellos. Sentía como su respiración se aceleraba mientras les daba un poco de afecto a mis niñas, mis hermosas hijastras Perla, Alexa y Nadia Ariel. Y al pegarlas a mí y al acariciarlas podía sentir como sus pezoncitos se endurecían de la excitación y de su misma calentura al hacer contacto conmigo y con mis manos, que se reflejaba en sus tetas mientras las acariciaba suavemente con mis manos a ambas mientras las tenía sobre mis piernas y aprovechaba para besarlas a las cuatro, o sea a mis dos hijastras teniéndolas a las dos sentadas encima de mí y manoseando y besando discretamente sus cuatro tetas.
Esa era mi mayor debilidad con las dos y también mi mayor tentación: tenerlas tan cerca de mí, a mis dos hijastras dándome su atención, su cariño y su amor y poder sentirlas tan cerca de mí, poder sentir su calor corporal, poder oler su olor juvenil de mujeres en desarrollo y verlas desarrollarse y poder admirar muy de cerca los cambios físicos que sus cuerpos experimentaban al crecer de ambas.
Y lo más excitante es que mis dos hijastras solían tratarme y comportarse conmigo como si fuéramos novios ellas y yo. Se imaginan por un momento tener a dos hermosas hijastras jóvenes, adolescentes y en desarrollo que suelen competir constantemente por mi atención y suelen saltarse frecuentemente a su madre y a mi sexy esposa Kimberly para competir por mi atención, mi cariño, mi afecto de hombre por ellas siendo yo su padrastro y el esposo de su madre.
Y ver a mis hijastras frecuentemente en minifaldas super cortas, cómodas y ligeras, shortsitos entallados, ajustados y cortitos de algodón que remarcaban sus curvas, blusitas escotadas y sin sostén por debajo que hacían lucir perfectamente los exquisitos atributos de mis niñas, mis pequeñas hijastras en desarrollo Perla, Alexa y Nadia Ariel, que cuando andaban excitadas sus pezoncitos sobresalían y se remarcaban por debajo de sus blusas ligeras. Y sus tetas, esas hermosas tetas, y también poder mirar sus escotes hacían que mis pupilas de hombre y padrastro se deleitaran al observar a mis dos mujercitas en pleno desarrollo.
Ver sus hermosas tetas y sus nalgas me hacían desear hacerlas también mis mujeres a mis dos hijastras como ya lo era su madre.
Mi esposa Kimberly no estaba nada mal, era una mujer muy atractiva que tenía unos atributos espectaculares para su edad, una mujer muy bella, rubia y de ojos azules, 90-60-90, buenas tetas y buenas nalgas, cinturita y además de ser una mujer muy bella y muy sensual. Pero mis hijastras también eran dos mujercitas bellísimas que no podía dejar de admirar cada vez que estaba en casa y las solía observar en prendas cortas, ajustadas y entalladas como shortsitos o minifaldas cortitas y entalladas y blusitas escotadas de distintos colores y diseños con las que mis dos hijastras solían andar por la casa y se veían bellísimas con estas.
La tentación de acariciar a mis hijastras cada vez que tenía la oportunidad era una tentación constante y frecuente en mí y, aunque al principio intenté resistirme a sus encantos, al final terminé sucumbiendo y acabé cayendo en la tentación de desear tocar sus hermosos cuerpos y manosearlas dándoles un poco de mi amor de hombre y padrastro por ellas cada vez que tenía la oportunidad.
Y es que era irresistible poder ver a mis dos hijastras, ver sus tetas, ver sus nalgas y ver sus cinturitas, ver su belleza y su juventud y ver sus cuerpos de mujercitas en desarrollo y tenerlas tan cerca de mí y no poderlas tocar, acariciar, besar y darles un poco de mi amor y ser esclavo de mis deseos e impulsos de hombre que mis dos hijastras provocaban en mí...