"Tengo un corazón mutilado de esperanza y de razón tengo un corazón que madruga adonde quiera ¡ayayayay!"
Con el movimiento del auto, debajo de su blusa sus senos se movían libremente pues ella nunca usó sostén alguno. De su cuello escurrían gotas de sudor que rodaban hacia abajo siguiendo el surco de piel entre sus pechos redondos y duros. Llegaron a la desembocadura del río. Al bajar mi mirada se encontró con la suya; un solo movimiento rítmico y sensual, una sola respiración agitada y un mismo deseo. Lentamente, como un sujeto que es siempre suyo, un verbo que le pertenece y un predicado que anticipa el tiempo, fue despojándose de sus ropas para sentir los rayos del sol, el aire y la brisa sobre su piel morena. Necesitaba ese calor sobre sus huesos y de forma natural, como un tango bailado por una mujer hermosa, pelo muy largo, siempre moreno, ondulado, boca perfecta y ojos que llevan el ritmo con tanta gracia, se sentó en la cálida arena, sin toalla, decía que así sentía una caricia especial que fluía por su sangre hacia la cintura. Mirarla era sufrir en silencio, pero callé. - Lola. ¿Nos bañamos?. Le propuse mojar la piel, sentir la fría corriente del río. Pero ella no quiso apuntarse. No le molestaba ese rayo de sol que a mí me picaba hasta la garganta."Y ese corazón se desnuda de impaciencia ante tu voz pobre corazón que no atrapa su cordura"
Me alejé hacia la orilla. La dejé absorta oyendo la canción de Juan Guerra a todo volumen. Le apasionaba y no pareció importarle mi huida de ella, de su olor, su piel suave, su mirada de niña, su pecho orgulloso... El agua estaba bastante fría para ser una tarde de tanto calor, pero la necesitaba. Me ayudaría a solventar lo que me empeñaba en esconder entre las piernas sin ningún éxito. Nadé, floté más bien, oliendo las algas marinas que habían sido arrastradas hacia la desembocadura del río, olía a pescadito frito del chiringuito "Los Cortes". Me entró hambre y decidí volver a su lado... Allí seguía Lola, tumbada boca abajo, con un brillo especial en la piel. Las piernas más bonitas que había visto nunca, una espalda de simetría perfecta, culo algo respingón... pensé en volver al agua cuando Lola me dijo que me acercara y por favor, le untara la espalda con crema hidratante. - ¿No puedes tú sola? (dios mío, pensé, no se da cuenta de que si la toco no podré contenerme... la deseo con mucha fuerza, la quiero para mí)."Quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera y hacer burbujas de amor por donde quiera ¡oh! pasar la noche en vela mojado en ti"
No tenía excusas ante tanta insistencia inocente. Me acerqué, tomé la crema y empecé a darle ligeros masajes por los hombros, la espalda, bajé hacia la cintura... mi respiración me delataría, cada vez la notaba más agitada de la emoción que me estaba embriagando, y no precisamente del aroma a plátano de la crema. Bueno. -Ya está-. -Ahora sigue tú sola por las piernas o te quemarás. Lola me miró como quien no sabe nada del deseo que hace que dos cuerpos quieran estar juntos y me dijo:-Manu, por favor, no te hagas de rogar. Me senté mirando hacia el sur, encima de su culo, como formando parte de un juego improvisado. A Lola pareció gustarle la idea porque empezó a reírse y me comentó que si es que me quería vengar del trabajo que me había encargado aplastándola. Le dije que se callara y me dejara terminar cuanto antes. Seguí como si no la oyera reír untándole las ingles, los muslos de sus piernas, las corvas, hasta los tobillos una y otra vez...La excitación ya no se podía disimular. De pronto Lola me pide que la deje darse la vuelta, lo hago como un autómata de forma que ahora quedo encima de sus caderas. Sigue por esta parte, me dijo, y yo seguí con la crema. Abrió las piernas tanto que le podía ver la línea que separa las ingles del comienzo de su pubis, pelo negro, piel morena..."Un pez para bordar de corales tu cintura y hacer siluetas de amor bajo la luna ¡oh! saciar esta locura mojado en ti"
Ya no pude más. La tomé por los pies y empecé a darle besos uno a uno, después por los tobillos, las piernas, una y otra vez hasta llegar a las ingles. Allí me recreé sin brusquedad, le desaté el tanga por los lacitos de los lados. Lola ya no reía, sólo estaba pendiente de lo que hacía. Su piel me decía que quería más, sus piernas abiertas, sus labios rojos. Le tomé el cáliz que me ofrecía, comí y bebí todo el jugo hasta hacerla gritar ¡basta!. Con unas manos temblonas me quitó el bañador y a su vez empezó a acariciarme con ansiedad dándome pequeños mordiscos por todas partes... ¿Quieres que te folle?. Pídemelo. Dime. ¿Quieres, Lola?. Lola me tomó la boca, cerró mis labios con un beso que me quemaba. Abrazada a mí con fuerza me dijo al oído que la amara. ¡Ámame!. ¡Fóllame!. Rodamos por la arena, besos fundidos en más besos. Saliva de mi boca en su boca. La tomé por la cintura penetrándola con fuerza. Gritó de placer. Jadeábamos los dos. Gritos de amor que se llevó el viento del sur. No estábamos solos. Las gaviotas vinieron a ver lo que estábamos haciendo. Querían saber. Nada importaba. La seguí besando mucho rato. Mis manos sujetaban su cabeza, pelo suelto, larga melena. Le besé la nariz y le dije muy quedo:¡¡Te quiero Lola!!."Y este corazón se desnuda de impaciencia ante tu voz pobre corazón que no atrapa su cordura"