Parte 1
Habían pasado varios días desde aquella primera pijamada que terminó en orgía. Desde entonces, mi vida se había convertido en una puta locura de sexo sin control.
Cada tarde, después del Conalep, tenía a dos, tres o las cuatro en mi casa. Las cogía duro, sin condón, llenándolas una tras otra. Melissa ya casi no protestaba cuando veía cómo me cogía a Jackie en cuatro o cómo le llenaba el coño a Camila mientras ella miraba. Andrea, la pobre perrita, se había convertido en mi juguete favorito para humillar: la hacía gatear, lamer coños llenos de mi semen y grabar videos mientras la follaba.
Sí… la obligué a grabar casi todo. Tenía varias horas de Andrea llorando de vergüenza mientras la cogía, de Melissa chupando mi verga después de haberme venido en otra, de Jackie moviendo ese culo fitness como toda una profesional. Tenía material de sobra.
Ese jueves, en el receso, me reuní con tres de mis cuates de confianza: el Chato, el Kevin y el Rata. Nos fuimos a la parte de atrás de los talleres, donde casi nadie pasaba.
Saqué mi celular y les puse uno de los videos. En la pantalla se veía a Andrea en cuatro, gimiendo como perra mientras yo la cogía fuerte y Melissa le agarraba el cabello para que no apartara la cara.
—No mames, wey… —dijo el Chato con los ojos bien abiertos—. ¿Esa es Andrea? ¿La niña buena?
—Esa misma —respondí sonriendo—. La tengo convertida en mi mascota. Lame, chupa y se deja hacer lo que sea.
Les puse otro video: Camila de rodillas, con sus tetas enormes rebotando mientras me mamaba entre lágrimas de placer. Y otro más de Jackie y Melissa besándose con mi semen en la boca.
Mis cuates estaban callados, casi sin parpadear. Se les notaba la verga dura solo de ver los videos.
—Pinche Alex… —murmuró el Rata—. ¿Y tú te coges a todas estas putas? ¿Hasta a la mejor amiga de tu novia?
—Todas —contesté orgulloso—. Y sin condón. Las lleno cada vez que quiero.
Hubo un silencio. El Kevin fue el primero en hablar, con la voz ronca:
—Oye… si no vas a compartir, estos videos no son suficientes, wey. Quiero coger. Dame chance con una de ellas. Con la que sea. Te pago.
Los otros dos se unieron rápido:
—Hablo en serio —dijo el Chato—. Dinos cuánto quieres. Estamos dispuestos a pagar bien.
—Una buena lana por una sesión —agregó el Rata.
Me quedé callado un rato, pensando. Por un lado me gustaba la idea del dinero… pero por el otro, la sola idea de que alguien más tocara a mis putas me cabreaba.
—No —respondí firme—. Mis chicas, mis putas. No las voy a prestar.
Insistieron. Me ofrecieron una cantidad bastante alta. Mucha lana para un morro de