Este que cuento hoy sucedió hace ya mucho tiempo. En la actualidad soy un hombre de 49 años, divorciado. Siempre me he considerado heterosexual, pero hay un secreto oculto el cual les quiero compartir, del cual no me arrepiento y, en su momento, al recordarlo me trae mucha satisfacción.

En ese tiempo yo tenía 23 años, llevaba dos años que había salido de mi pueblo en busca de trabajo y estabilidad económica, ya que en mi localidad no había mucha oportunidad de progresar.

Una tarde de viernes como cualquier otra, me encontraba en mi cuartito de vecindad donde rentaba, muy humilde ya que apenas comenzaba a trabajar. Eran como las 06:00 pm y no tenía nada que hacer, así que decidí salir a caminar por el centro. Anduve por una hora más o menos, dando vueltas, hasta que me encontré con dos compañeros de mi trabajo: Pablo y Ricardo.

Pablo era un chavo más o menos de mi edad, alto, como de 1.80 de estatura, delgado, más bien flacucho, muy simpático y alegre. Ricardo era un poco mayor que nosotros por un par de años, un poco más serio, chaparro y moreno. Estuvimos platicando un rato y, como hacía un poco de calor, decidimos ir a una cantinita que frecuentábamos a tomar unas cervezas. Ahí estuvimos hasta más o menos las 11:00 pm, hora en la cual cerraban el lugar, por lo que decidimos seguirla en mi cuarto que rentaba. Pasamos a una tienda y nos surtimos de más cerveza.

Al llegar, puse música y continuamos bebiendo. Cerca de las 02:00 am se nos terminó la cerveza y saqué una botella de tequila que tenía guardada, pero Ricardo ya no quiso seguir con tequila, por lo que decidió que ya se iba a su casa. Comencé a beber el tequila directo, sin refresco o agua. Así estábamos entre plática y risas, para lo cual ya estábamos muy tomados, tanto que nos tambaleábamos cada que salíamos al baño. Hasta que vaciamos la botella, Pablo se levanta y sale del cuarto directo al baño. Yo me quedé esperándolo por un rato. Como no regresaba, me imaginé que ya se había ido a su casa, así que decidí salir a orinar para ya acostarme a dormir. Pero al llegar al baño, me di cuenta de que ahí estaba Pablo, tirado en el piso, a un lado de una tina, de la cual con una jícara se estaba empapando de agua. Lo ayudé a levantarse con mucho esfuerzo, ya que estábamos muy tomados, y lo llevé de nuevo al cuarto totalmente empapado.

Lo senté en una silla y salí nuevamente a orinar. Cuando regresé, para mi sorpresa, Pablo estaba totalmente desnudo, se había quitado la ropa mojada. Por lo que lo ayudé a ponerse de pie para recostarlo sobre la cama. Saqué algo de ropa seca para prestársela, pero cuando se la di ya no podía ni con su alma, así que quise ayudarlo a cambiarse. Comencé a ponerle una trusa, me costaba mucho trabajo subirla, quedando atorada a media pierna. Fue el momento en el que puse atención a su cuerpo. Sin ser muy musculoso, tenía un cuerpo firme y algo marcado por el ejercicio. Bajé mi mirada y, entre las piernas, tenía una verga de un muy buen tamaño aun en estado flácido. Una sensación de morbo y excitación comenzó a recorrerme. Mi mirada no se podía despegar de aquel lugar. Lo pensé por un rato y decidí tocársela, muy cuidadosamente con ligeros toques en un principio. La rocé con mi mano. Él no daba indicios de incomodarse, al contrario, se acomodaba para que siguiera haciéndolo. Ya más confiado, la tomé por completo en mi mano y comencé a masajearla. Poco a poco fue tomando mayor volumen. En un momento, él me tomó la mano y comenzó a guiarme para que lo masturbara con movimientos de arriba a abajo. Él recostado sobre la cama y yo hincado a un costado, disfrutando de la sensación de tener ese pedazo de carne en mis manos. Por un momento me soltó la mano y, de forma instintiva, esforzándose un poco, me tomó de la nuca para guiarme a que se la mamara, acción a la que no opuse resistencia. Abrí mi boca y me dejé llevar por el momento. Para ese momento su verga estaba totalmente erecta, así que me fue fácil comenzar a succionar su glande, chupándolo como una paleta y recorrer todo su tronco con la lengua y metiéndome en la boca cada uno de sus huevos. Nunca lo había hecho, pero en ese momento me sentía todo un experto.

Estaba yo inmerso en lo que estaba haciendo hasta que en un momento siento que él se reincorpora para sentarse en la orilla de la cama, ya con los ojos abiertos, pero sin dejar de tomarme por la nuca para que continuara mamándosela. Yo solamente cerré mis ojos y continué con mi tarea. Así estuve por unos minutos más, para lo cual él se levanta y solo me dice que me quite la ropa. Así que yo le obedezco y me quedo totalmente desnudo. Me toma de los hombros y me inclina sobre la cama, dejándome con el culo hacia arriba. Me abre las piernas y me empieza a nalguear y a sobarme el ano con su mano y luego con un dedo, escupiendo en él para meterme poco a poco los dedos. Así estuvo un buen rato escupiendo y metiéndome uno, dos y hasta tres dedos. A mí me dolía mucho, pero él no paraba. Poco a poco fue dilatando mi ano. En un momento sentí como él comenzaba a tallarme la punta de la verga en el ano y la sensación era riquísima, hasta que comenzó a presionar poco a poco para metérmela. Batalló un poco, pero al fin logró que entrara la cabeza. Un fuerte dolor me invadió, pero él no me soltaba de la cadera. Poco a poco fue empujando y yo comencé a sentir como me invadía por completo hasta chocar con mis nalgas. De manera suave fue sacándola y luego metiéndola nuevamente, hasta que poco a poco me fui acostumbrando a su verga dentro de mí. Cuando se dio cuenta de que ya era más fácil la penetración, fue acelerando el ritmo por unos minutos, hasta que sentí como se aferraba a mi cadera y me la empujó por completo. En ese momento sentí sus pulsaciones, señal de que me estaba inundando mi ano de semen. Dejándose caer sobre mí, para así quedarse quieto por unos instantes. Luego se levantó, se vistió y se fue sin decir nada, dejándome a mí ahí aturdido sin saber qué hacer. Así me quedé lo que restaba de la noche, con conflictos internos, pensando en lo que había pasado y con un ardor de culo.

Nunca más hablamos de lo sucedido, ni se volvió a repetir, pero para mí, después de un tiempo intenté olvidarlo y dejar que la vida siguiera su ritmo. Poco tiempo después él salió de la empresa y jamás lo volví a ver. Solo me dejó con el recuerdo y el secreto más escondido de mi vida.