Llevaban doce años casados, doce años construyendo lo que, de cara a la galería, parecía un hogar perfecto.
—Tenemos que hablar, Elena. Por favor, siéntate —dijo Marcos. Su voz sonaba ronca, carente de la calidez habitual.
Elena dejó la bandeja sobre la mesa de cristal y lo miró, sintiendo un repentino nudo en el estómago. La tensión en los hombros de su esposo y la frialdad de su tono no presagiaban nada bueno. Se sentó frente a él, cruzando los brazos a la defensiva.
—¿Qué ocurre, Marcos? Me estás asustando.
Marcos tomó una gran bocanada de aire. Parecía estar reuniendo el valor necesario para saltar al vacío. Se frotó el rostro con ambas manos antes de clavar sus ojos cansados en ella.
—No sé cómo decir esto sin destruir lo que somos, pero no puedo seguir viviendo esta mentira —comenzó, con la voz temblorosa—. Llevo tres años siéndote infiel. Hay otra mujer. Su nombre es Valeria.
El mundo de Elena se detuvo. El sonido de la lluvia pareció desvanecerse, reemplazado por un zumbido sordo en sus oídos. El aire abandonó sus pulmones.
—¿Qué...? —logró articular, con un hilo de voz—. ¿Tres años? ¿Estás loco? ¡Marcos, tenemos una familia! ¡Tenemos una vida juntos!
—No he terminado —la interrumpió él, bajando la mirada hacia sus propias manos, incapaz de sostener la de ella—. Valeria y yo... tenemos una hija. Cumplió un año el mes pasado.
El impacto de la segunda revelación fue como un golpe físico. Elena se puso en pie de un salto, derribando casi la mesa de centro. Su rostro, pálido hace un segundo, ahora estaba enrojecido por una ira incontrolable. Las lágrimas de dolor se transformaron rápidamente en fuego.
—¡Eres un miserable! —gritó, con la voz quebrada por el llanto y la furia—. ¡Un cobarde! ¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Mientras yo estaba aquí, cuidando de nuestra casa, cuidando de nuestro hijo, tú estabas por ahí jugando a tener otra familia! ¡Me das asco, Marcos! ¡Has destruido mi vida! ¡Has destruido la vida de Mateo! ¿Qué le vas a decir a nuestro hijo, eh? ¿Que su padre es un traidor?
Elena caminaba de un lado a otro de la sala, gesticulando salvajemente, lanzando insultos y acusaciones. Marcos no se movió. Soportó el vendaval de gritos en un silencio sepulcral, con una expresión ilegible en el rostro. No había arrepentimiento en sus ojos, sino una extraña y oscura resignación.
Cuando Elena se quedó sin aliento, apoyándose contra el respaldo del sillón y llorando desconsoladamente por la familia que acababa de perder, Marcos finalmente se levantó. Caminó lentamente hacia ella, pero no intentó consolarla.
—¿Has terminado? —preguntó, con una calma que resultaba escalofriante.
—¿Que si he terminado? —sollozó Elena, mirándolo con desprecio—. ¡Quiero que te vayas de esta casa ahora mismo! ¡No quiero que vuelvas a acercarte a mí ni a Mateo! ¡Él es *mi* hijo y no voy a permitir que lo contamines con tu basura!
Marcos soltó una risa seca, un sonido amargo y carente de toda alegría que resonó en la habitación.
—Tienes razón en algo, Elena —dijo, acercándose un paso más, bajando el tono de voz hasta convertirlo en un susurro afilado como una navaja—. Mateo es *tu* hijo.
Elena frunció el ceño, confundida por la extraña elección de palabras. El llanto se detuvo en seco.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó, sintiendo que un nuevo escalofrío le recorría la espina dorsal.
—Digo que me parece fascinante escucharte hablar de traición. Escucharte darme lecciones de moralidad y de cómo he destruido a nuestra familia —Marcos metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó un papel doblado. Lo arrojó sobre la mesa de cristal—. Yo me equivoqué, sí. Fui un cobarde buscando afuera lo que ya no soportaba ver aquí adentro. Pero mi mentira empezó hace tres años. La tuya empezó hace ocho.
Elena miró el papel sobre la mesa y sintió que las piernas le fallaban. Cayó pesadamente sobre el sillón.
—Sé lo de Roberto —soltó Marcos. El nombre del antiguo compañero de trabajo de Elena cayó en la sala como una bomba—. Y sé lo que pasó en ese viaje a Madrid hace ocho años y medio.
—Marcos, yo... eso fue un error, fue solo una vez, yo... —balbuceó Elena, completamente acorralada, sintiendo que el pánico se apoderaba de ella. La indignación moral que sentía hace un minuto se había evaporado por completo.
—No me importa cuántas veces fue —la cortó él—. Lo que me importa es lo que vino después. Hace cuatro años, cuando Mateo tuvo aquel accidente con la bicicleta y necesitó la transfusión de sangre, descubrí que su tipo de sangre no era compatible con el mío. Ni con el tuyo. Así que hice lo que cualquier hombre con dudas haría. Hice una prueba de ADN.
El silencio que siguió fue absoluto. Solo el repiqueteo de la lluvia llenaba el espacio entre los dos. Elena no podía apartar la vista del papel doblado, que ahora sabía que contenía los resultados del laboratorio.
—Mateo no es mi hijo, Elena —dijo Marcos, con la voz cargada del dolor acumulado durante años—. He estado criando, amando y manteniendo al hijo de otro hombre durante ocho años. Cuando lo descubrí, mi mundo se vino abajo. Quise odiarte, quise dejarte, pero no podía destruir a ese niño que, para mí, era todo. Me quedé en silencio. Me tragué el veneno todos los días, viéndote sonreír, viéndote interpretar el papel de la esposa devota y la madre perfecta, sabiendo que todo era una farsa.
Las lágrimas ahora corrían por el rostro de Marcos, pero eran lágrimas frías.
—Ese silencio me mató por dentro. Y en esa oscuridad, conocí a Valeria. Ella no fue un simple amorío; fue mi escape. Con ella encontré a alguien que no me estaba mintiendo. Y esa niña... Sofía... ella sí lleva mi sangre. Es lo único real que tengo en este momento.
Elena se llevó las manos a la boca, ahogando un sollozo. Su propio secreto, aquel que juró llevarse a la tumba y que la atormentaba en sus noches de insomnio, había sido la semilla que destruyó su matrimonio. No había víctima ni verdugo en esa habitación; solo dos personas que habían construido una fortaleza de mentiras hasta quedar aplastadas bajo sus escombros.
—¿Y ahora qué? —susurró Elena, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
—Ahora, la verdad ya está sobre la mesa —respondió Marcos, dándose la vuelta y caminando hacia el pasillo—. Mañana haré mis maletas. Me iré con Valeria y con mi hija. Nunca le daré la espalda a Mateo, porque él es la única víctima inocente de nuestra hipocresía, y para él seguiré siendo su padre. Pero tú y yo, Elena... nosotros terminamos el día en que decidimos que el engaño era más fácil que la verdad.
Marcos desapareció por el pasillo, dejando a Elena sola en medio de la sala. El fuego de la chimenea finalmente se apagó, dejando la casa sumida en el frío y en las sombras de una vida que, en realidad, nunca había existido.
PARTE 2.
con el pasar de los años Elena fue dedicándole más tiempo a su hijo y su vida personal.
mateo mi hijo fue creciendo y aprendiendo más de la vida y en la escuela su tiempo de crecimiento fue tan rápido que no lo vi venir por otra parte Oscar padre adoptivo de mateo por así decirlo ya que él fue quien lo crió más no lo engendró, se mantenía firme en su palabra siempre visitando los sábados a mateo para su juego de futbol y cada vez no con mucha frecuencia se presentó con su otra familia, esposa y hija nueva, esa me destrozó por dentro.
Siempre pensé que éramos muy felices y nunca fue así, cuando los veía sentía envidia por ella y el lugar que se avía ganado, por yo un simple desliz.
ya mateo con la edad de 18 años un martes por la la tardes llega a la casa y se va directo a su cuarto, yo resido una llamada de una amiga que se estava poniendo muy mal de salud y le indico a mi hijo que la cena está en el microondas y él no contesta y le digo que salgo y vuelvo de una vez.
ya llegando donde mi amiga resulta que allá está Pedro la persona por el cual perdí mi familia y padre de mateo, Pedro intenta saludarme y yo con mi enojo lo ignoro.
— Hola Elena como estas
— mmm.
— disculpa pero no estás enfadada conmigo verdad
— eres un estúpido Pedro perdí mi familia casi por un puto desliz contigo y quieres que esté bien.
— Pero yo no tuve la culpa de eso mi amor además lo disfrutaste, recuerda tus piernas temblorosas por cada orgasmo, y créeme que fueron muchos.
— Eres un idiota y me arrepiento de haberte conocido imbesil.
— Y tanta veces que cojimos no me dijiste nada de eso y mucho menos de nuestro hijo.
cuan escuche la palabra nuestro hijo, intente brincarle Arriba y arañar todo pero me detuvo con sus manos fuertes y se me pega y me dice
— Si no quieres que él se entere sé más pasifica conmigo y más sumisa o él lo sabrá todo lo juro.
me quería morir en ese instante y no tenia de otra que tranquilizarme , el me dijo de arriba abajo y me dijo , hoy en la noche donde ya tú sabes, le dije
— No por favor todo menos eso por favor
— Eso es lo único que quiero de ti
— Te lo suplico Pedro por lo que más quieras
—Que paso que ya no me pides leche adentro y en la boquita porque ahora no te gusta eso, no lo creo algo hay y lo quioero saber , saber porque ya no eres la puta de antes.
—Mi hijo me cambio no quiero que el se entere de mis errores Y si se enteran me muero.
— te quiero ahora entonces ahora y no te voy a molestar más si no cojes el riesgo de todo.
— Me lo juras y te me entrego ahora mismo.
y así mismo fue, no me dejo desnudarme y me comenzó a comer entera estaba exitada me comenzó a besar en todo el cuerpo, me empezó a penetrar sin lubricar y por la excitación me comencé a mojar completamente y empecé a gemir cuando sentí un líquido por dentro de mi cuerpo y tuve un orgasmo . Para agregar que Pedro me engañó haciendo que crea que estava mi amiga y solo fue el único que está en ese lugar.
— me vengo Elena te voy a llenar de mi lechita
— si Pedro dame leche ahhh ahhh.
en eso se abre la puerta y es mi hijo el que me ve y me quice morir de vergüenza me tape la cara y mi hijo salió corriendo y me quedé hay llorando Pedro me dijo cosas pero no lo escuché no oí nada solo pensé en mi hijo, dure horas llorando y cuando llegó la hora de ir casa no me pude parar a saludar a mi hijo en la cara ya en la madrugada me dormí con la leche de Pedro adentro de mi.
en la mañana siguiente cuando me bañaba llegó mi ex a buscar a mateo temí que mateo contara lo de anoche y me abandone para siempre y fui y le dije ami ex que mateo estaba enfermo que venga mañana porque yo IVA salir con él al médico, me creyó el cuento y pude prepararme para darle la cara a mi hijo antes de que mi ex volviera.
— hola mateo tenemos que hablar
— mamá no tenemos de que hablar yo se que vi, y se lo que eres y lo que isiste a mi padre con ese tal Pedro por el cual ya nuestra familia está jodida, que bonitos ejemplos me as dado te prometo que voy a jugar con el centimiento de todas las chicas posibles.
— no mi amor te pido perdón por favor perdóname hijo , yo te quiero ati y lo Ise por ti lo juro.
— y soy hijo de Pedro si o no…Hijo tenemos que hablar, por favor no me dejes sola y escúchame un momento por favor que no voy a mentir más te lo ruego
Dios como se enteró me dejó con la mente en blanco y quien le dijo eso por dios no puede ser.
— Hijo por favor no me odies ni me dejes te lo ruego por favor.
— solo dime la verdad.
— si hijo lo siento tanto.
cuando mateo se IVA por la puerta lo detuve por los pies y le dije
— Pídeme lo que quieras pero no me dejes mateo
y en eso mi hijo se sentó y se puso la mano en la cabeza , me dijo.
— madre quiero estar solo quiero dormir para ver que pasa en mi cabeza
— No hijo yo no quiero dejarte solo y quiero saber cómo te enteraste
— Te escuché hablar con Pedro.
Dios mío y lo abra escuchado todo lo que dije
— voy a la cama mamá después hablamos
— te acompaño hijo no te dejaré solo.
ya en la cama mi hijo está llorando y yo detrás del tratando de calmarle y en eso de una hora siento que me asercaba a mi hijo más que nunca y él se mueve para donde mi, siento su pene erecto y lo tenté por curiosidad y mí hijo se levanta rápido y me pide escusa y se volvió a dar vuelta.
— No te sientas culpable por eso hijo es normal
— mamá que pasará ahora te casarás con ese Pedro pues prefiero no vivir aquí y irme de la casa no soporto ese tipo y odio verte con él pero tú tienes derecho a hacer tú vida yo también tengo que hacer la mía.
— no mi amor tú eres mi vida y no quiero vivir ni casarme que no sea Contigo mi amor te lo juro, aria lo que me pidas por tu perdón.
— dejarías de tener sexo con Pedro aunque sé que lo necesitas yo no te lo puedo dar pero por lo menos por ahora te lo ruego
— jamás vuelvo aver a nadie que tú no quieres mi amor te lo juro.
en eso ya está pajeando a mi hijo con tanta ternura que se corrio en su pantalón y me quede caliente y le acariciaba la cabeza para que se durmiera en mis brazos.
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