Se me paró la pita otra vez. Le quité la tanga. —Papi —masculló otra vez. Me detuve impertérrito y le contesté: —Dime, mi amor. Pero no contestó nada. —¿Quieres que pare? Después de cuatro interminables segundos, ella repuso
Mi amoooor…!!! Querés ser mi esclava tambien ???Empezá trayéndome los cigarrillos, una cerveza bien helada, un vaso grande y sacate todo eso para el papi. – Sí, papito, soy tu hija . –
La nena creció tan de golpe y de tal forma que ya no pude evitar mirar esa cola grande y pulposa de reojo. Y lo peor es que ella no es ajena a lo que me pasa, se da cuenta. Cuando siente mi verga durísima