Tras foto en uniforme de camarera, Pablo y María inician una explícita atracción. Pasan del coqueteo al sexting, llamadas y videollamadas nocturnas para masturbarse viéndose. La obsesión diaria y las fantasías de sexo rudo llevan la tensión al límite, deseando romper la pantalla.
Sin ánimo de crear en ustedes sensación de envidia, les diré que en veintisiete años de vida sexual activa, he mantenido relaciones con aproximadamente doscientas mujeres, si han oído bien: doscientas mujeres, a unos les parecerán muchas y a otros pocas, a mí simplemente me parece una cifra más que suficiente para poder decir de mí que tengo una gran experiencia en lo relativo al sexo.
Nos pasamos el resto de la tarde chichoneando y hablando pavadas, yo pensando el mejor momento de llevar a cabo mi próximo y vital paso, que mi cuñadita se comporte como una verdadera puta.