Una experiencia inolvidable la que viví aquella noche, en la que seduje a seis albañiles para que me cogieran brutalmente hasta cansarse, rompiéndome el culo en la bodega de una empresa constructora, poseída por una lujuria insaciable que me llevó a coger sin límites con dos taxistas de regreso.
Bajo el sol inclemente y los ruidos constantes de la construcción, empezó a crecer en mí un deseo salvaje entre el jabón, el lavadero y las miradas furtivas de cuatro albañiles. Con la casa vacía, el cuerpo limpio y la mente encendida, me entregué sin límites a una experiencia gang bang.
Entonces se abalanzó sobre mi boca y empezó a comérmela. Era la primera vez que me besaba con un tío, y fue de lo más excitante; notaba su mentón rozando el mío, le cogí la cabeza y le manoseaba la nuca y las greñas.