Entró en la ciudad una ola de calor muy fuerte, llegamos a 52°c durante una semana completa, apenas llevábamos tres días con calor y faltaban dos más, eran la una de la tarde de un sábado, melisa y alex habían salido al centro de la ciudad, solo nos quedamos yo y vanesa, yo estaba regando agua a las plantas, y ella decidió estar arreglando la cabaña, estaba en el jardín delantero, pero pensé que sería mejor ayudar a vanesa con la cabaña, así que me fui a la parte de atrás, la obra ya estaba casi terminada, solo faltaba repellar por dentro, el calor estaba en su máximo apogeo, entré a ayudar a vanesa, en cuánto crucé la puerta, la observé, estaba arriba de una escalera, completamente desnuda, no tenía nada, las gotas de sudor resbalaban por su espalda separándose entre sus glúteos, una piel blanca, un cuerpo delgado, la forma de sus nalgas era algo extravagante, el calor se disparó dentro de mí, la ola de lujuria y el deseo prohibido estaban a un centímetro de mí, al ver sus lindas curvas me quedé inmóvil, tenía la boca abierta y la saliva escurría de ella, no me di cuenta en el momento de mi erección profunda, tenía el miembro al alza, casi a punto de explotar, al ver a vanesa arriba de la escalera sin ropa tragué saliva y ella se dio cuenta, se dio la vuelta, me miro y con una sonrisa en su rostro, me dijo.
Vanesa- papá y eso. Señalando mi miembro.
Yo bajé la mirada y me di cuenta de la enorme erección que tenía, yo solo le dije, no es nada.
Yo- está haciendo mucho calor, luego arreglamos la cabaña.
Vanesa- no, de una vez, ya estoy aquí.
Yo- estas bien sudada, te bañaste de sudor.
Vanesa- sí, estoy sudando demasiado.
Nos reímos un poco, me ofrecí a secarla, ella accedió, me quite mi camisa, me acerqué a ella subiendo la escalera, le toqué el trasero tan hermoso, su piel tersa y muy mojada por el sudor, sequé con mi camisa su espalda y poco a poco bajé hasta llegar a sus cintura, ella se inclinó hacia adelante, dejando un rico cuerpo delante de mí, tenía las nalgas completamente sudadas, me acerqué más para secarla con mucho cuidado, el calor que irradiaba su piel era adictivo, le sequé con mucho esmeldo y dedicación, las líneas que se juntaban en un solo punto eran tersas como el resto de la piel, baje un poco más y ha