Lo deseaba cada vez más, así que prontamente me arrodillé, Fred se metió detrás de mi y continuo a lamerme, pero esta vez su lengua se ocupaba de mi culo enviando temblores a todo mi ser, sentí que Mario se acercó a mi y me desabrocho mi falda y bajó el cierre de la misma, levantando una pierna a la vez, le facilite el modo de quitármela y dejarme desnuda desde mi cintura hacia abajo
Me puso una almohada bajo mi vientre, sus dedos entraban y salían de mi culito, me abrió las piernas y lo sentí ubicarse entre ellas, después dirigió su pene enhiesto a mí orificio anal ...
Pasados algunos días, Carolina me avisó que le tocaba a ella hacerse cargo del turno de cuidar a mi suegra, así que iniciamos nuestro ritual de follar con mayor asiduidad y prepararnos para el periodo de abstinencia, yo ya sabía que la única abstinencia la estaba haciendo la Sole y ya me imaginaba de cómo estará de caliente y sedienta de sexo
Los momentos pasaban y la Sole comenzó a respirar afanosamente y a chillar con gozo, no me atrevía a moverme y cogerla fogosamente para no romper el hechizo de este momento tan íntimo que se había formado entre mi hija y yo, la Sole empujaba hacia arriba para sentir mi pija penetrante restregando las paredes de su coño, yo trataba de variar la angulación en que mi pene entraba y salía de su estrecha conchita.
—¡Lo sabía, papi que lo hacías pensando en mí! … ¡Lo sé que te niegas a penetrarme, papi! … ¡Lo sé y no lo entiendo! … ¡Lo sé que también tú lo deseas, papito! … ¡Dime que te gustaría meterme tu verga, papi! … ¡Dímelo! … ¡Quiero escucharlo, papi! … ¡Sí quieres que me corra ahorita mismo, dímelo! … ¡Dímelo! …
Sujeté a mi hija mientras se derrumbaba sobre el sofá y continuaba a convulsionar, sus ojos estaban cerrados al igual que sus muslos, tenía un brazo sobre su frente y su mano estaba todavía crispada en una especie de agonía post orgásmica, la contemplé por largo rato mientras sus tetas se cimbraban y temblaban, finalmente se recompuso un poco.
La Sole follaba mi boca totalmente fuera de control mientras corcoveaba sobre el lecho, la dejé y ella se volteó escondiendo su rostro debajo de su almohada...
Perdí la noción del tiempo, quizás también mis sentidos, una vorágine de placer se apoderó de mi ser, mi sangre hervía en mis venas, mi concha se había transformado en mil conchitas que vibraban y contraían procurándome múltiples orgasmos, miles de coños frenéticos se corrían en mi cuerpo, un orgasmo sideral, celestial y demencial...
No era desagradable la posición, pero me parecía un poco bizarra, luego él se acomodó detrás de mí y su verga apareció casi de entre mis nalgas, desplazándose por todo el largo de mi conchita ...
Ella me miraba con sus grandes ojos marrones y había en su semblante una sensación de felicidad, como si estuviera disfrutando de este acoplamiento, al cabo de unos minutos el perro negro se despegó de mi Kitty y pude observar un enorme pene rosado con venas moradas muy delgadas que goteaba y todavía palpitaba, tenía el grosor de una mandarina a la base y de ahí hacia la punta se adelgazaba:
Una bandada de caiquenes en su migración hacia el sur, se alzo en vuelo cuando el sonoro descorche de la verga de Pablito salió expelida de mi chochito ...
Me giré y puse mis nalgas cerca de su nariz, Mauro restaba inmóvil, totalmente hechizado, me incliné y lo miré por entre mis piernas, mi coño estaba alineado con sus ojos, mis rizos negros estaban humedecidos por los fluidos que rezumaban desde mi panocha ardiente
Era una locura, pero seguramente papá viéndome “a lo perrito” y con la hendidura de mi concha expuesta, le debe haber excitado tanto de incitarlo a penetrarme sin cuidarse de que yo soy su hija, exaltando esta acción
Los labios albinos de su chocho contrastaban con el rosado pálido de sus labios menores, se veía el orificio de su vagina y las rosadas carnes empapadas en sus fluidos, mientras acariciaba su vientre plano, miré sus ojos y ella leyó en mi mis claras intenciones, se llevo la mano izquierda a su voluptuosa boca y pellizcó sus labios, mientras su mano derecha descendía a su conchita y abría los pliegues superiores de su clítoris para mí
Grito y gimoteo como loca poseída, también mi hijo gime y me aprieta contra su cuerpo, las olas de esperma rocían mis paredes vaginales, nuestras respiraciones se hacen frenéticas, nuestros espasmos también, extasiada me levanto y veo su polla lustrosa ...
Llevábamos tres años de casados mi marido (Eduardo) y yo (Emma), nuestra vida sexual funcionaba de maravillas, tanto él como yo éramos creativos al momento de encontrarnos carnalmente, él quería hacerme de todo y yo no rehusaba nada, todo lo que se le ocurría me hacía gozar como poseída, quizás era una pervertida innata tanto como él, en pocas palabras éramos una pareja perfecta y estábamos siempre juntos, siempre calientes.
Era Mercedita que pellizcaba los pezones de la Juani y se alternaba a acariciar su clítoris, la tía se puso detrás de ella y poco a poco la empujo sobre mi verga, la Juani no ofreció ninguna resistencia, ella después de haber chillado cuando mi glande atravesó su himen, se puso a gemir y a sollozar, la Mercedes le restregaba su clítoris con todos sus deditos como si fuera una guitarra, la tía había encontrado uno de sus juguetes
Lo forzaba a andar más adentro de mí, hasta que lo sentí que toco el fondo de mi concha, entonces comencé a moverme atrás y adelante, rítmicamente, me mecía en esa verga virtuosa que no me dejaba paz, era un orgasmo detrás de otro ...
Como pude alcancé sus rígidas tetas y magreé sus pezones fuertemente, luego bajé una mano y le metí dos dedos en su estrecha vagina y apresé su clítoris en mis labios, Deborah estaba corcoveando, me folló el rostro con fuerza, me lleno de sus copiosos fluidos, aferró mi cabeza con sus manos mientras brincaba apretándome con sus muslos, gritaba y decía mi nombre
Me levanté del diván y chorreando semen por mis piernas, me fui donde mi profe, me voltee y me senté en su verga, sentí sus manos en mis tetas y comenzó a bombear mi chuchita ardorosamente, después de unos minutos colapse en su regazo, echando mi cabeza hacia atrás y estirando mis piernas tiesas que convulsionaban en mi espasmódico orgasmo
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