Hacía ya varias semanas que no sabía nada de papi; luego de mudarme del barrio, no volvimos a hablar, hasta este día a la tarde. En el camino a casa me llegó un mensaje. Hola, bebé, ¿Cómo estás?

Al atravesar el umbral, él me esperaba desnudo como de costumbre. Admiré su cuerpo de pies a cabeza, me tomó de la cintura y me apretó fuertemente hacia él. Nos fundimos en un apasionado beso. Acariciaba mi cuerpo con ansias; yo sabía que mi ropa no iba a durar mucho tiempo sobre mí. Antes de pasar a la habitación, le pedí un vaso con agua. Aprovechando su ausencia, comencé a desvestirme, quedando únicamente con mis medias largas y la tanga. Doblé mi camiseta en el suelo, me arrodillé sobre ella, saqué la cinta de algodón de mi bolso y la crucé sobre mis muñecas.

Cuando volvió con el agua, casi la vuelca al verme, sonrió de manera macabra y se acercó.

—¿Este es mi regalo? Me encanta —dijo mientras acercaba el vaso a mi boca. Me dio de beber y luego hizo un nudo atrapando mis muñecas con la suave cinta. —Yo también tengo un regalo, pero primero quiero disfrutar del mío —dijo agarrando mi barbilla y proporcionándome un beso tan profundo que aún puedo sentirlo.

Erguió su cuerpo y llevó su miembro a mi cara; aún estaba blando, pero a medida que acariciaba mi piel, sentía cómo se endurecía. Terminó de endurecerse dentro de mi boca; las primeras embestidas se producían contra mi garganta. Extrañaba demasiado esa sensación, sentir su miembro cortando mi respiración, mis manos atadas, nuestras miradas fijas y la sensación de estar entregado a él era extasiante. Cada empujón me sacaba una lágrima; papi solo la sacaba para admirar mi carita, me besaba y me decía lo linda que me veía, que era SU puta y golpeaba mis cachetes con su ya durísimo pene.

Estuvo varios minutos cogiéndome la boca a su gusto y de la manera que quisiera, rápido, lento, bien profundo o haciéndome lamer sus pesados huevos. Cuando sentí que su miembro se hinchó en lo profundo de mi garganta, esperé la descarga con ganas; lo miré fijo con mi mejor cara de puta en celo (como él me enseñó que le gusta). Pero papi no quiso terminar tan rápido; me tomó de los brazos y me llevó a la cama. Bruscamente me arrojó sobre ella, cayendo con mi cara hacia el colchón. Al tener las manos vendadas, no podía acomodarme; lo único que podía hacer era apoyar las rodillas y levantar el culo.

Sin dejar pasar ni un segundo, papi corrió el tanga y hundió su rostro en mi culo. Él sabe cómo hacerlo, y comenzó a comerme de una manera exquisita; pasaba su suave lengua muy despacio y ocupaba la mayor cantidad de culo que podía mientras sus manos abrían mis nalgas; luego me daba palmadas y volvía a abrirlas. Mis gemidos se oían ahogados en las sábanas; de no ser por ellas, todo el barrio podría escucharnos. Papi solo paraba para alejarse y admirar la imagen.

Su puta estaba entregada a su disposición, la tanga corrida, su culo chorreando saliva y los gemidos no paraban. Comió mi culo hasta dejarlo empapado de su saliva, se separó y luego de escupir su miembro, apoyo su hinchada cabeza en mi entrada, esta penetró con muy poco esfuerzo, una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo. Su miembro empezaba a recorrer en mi interior, cada centímetro daba paso a una nueva sensación de electricidad por mi cuerpo, cuando su pubis chocó con mis nalgas se me escapó un grito de placer mezclado con un poco de dolor el cual iba desapareciendo de a poco. Una vez dentro, papi comenzó a cogerme, primero con suavidad, llevando su miembro hasta el final y sacándolo muy despacio sin dejar que su cabeza abandone mi culo, luego de unos minutos acostumbrándome a su tamaño, papi comenzó a acelerar sus embestidas. el sonido de aplausos inundaba la habitación, me encontraba en el cielo, mi cerebro apagado y solo podía sentir placer en cada empujón, mis gemidos acompañaban el ritmo. El miembro de papi estaba cada vez mas duro, sentía su hinchazón, por fin se acercaba el momento esperado. Cuando de pronto papi la sacó, me tomó del pelo levantándome sin esfuerzo, quedé con mi espalda sobre la cama y mi cabeza colgando del borde, miraba a papi de revés, se masturbaba rápidamente, no me dio tiempo a reaccionar, su leche hirviendo caía en grandes chorros sobre mi cara, parecían no parar, uno tras otro azotaban mi rostro dejándolo cubierto de su caliente fluido. Sin lugar a dudas fue la descarga mas grande que había recibido nunca. no podía abrir los ojos sin que me entrara el liquido en ellos.

Papi me ayudó a salir de la cama, me indicó que me quedara de rodillas y así lo hice. Con los ojos aún cerrados y arrodillado, sentía cómo los pasos de papi se acercaban; lo siguiente que sentí fue el peso de su miembro en mi empapada cara. No pude evitar sonreír; a papi también se le escapó una sonrisa audible y burlona. Sacó su pene de mi cara y luego pasó una toalla por alrededor de mis párpados. Al terminar, los abrí y me encontré con la cara de papi por detrás de su teléfono.

Mientras reía, me indicaba que sonriera para la foto; así lo hice. Estaba extasiado y no podía contradecir sus órdenes; además, me gustaba lo que estaba sucediendo.

Luego de la sesión de fotos, papi abandonó la habitación cerrando la puerta, dejándome sentado en la cama, con mis manos atadas y la cara aún embadurnada.

Pasaron unos cuantos minutos; la leche ya comenzaba a secarse en mi rostro, al igual que las gotas que habían resbalado y caído sobre el cuerpo. Papi abrió la puerta; al ver su cuerpo desnudo y su miembro agitándose mientras se dirige hacia mí, no pude evitar excitarme. Me dijo que me veía hermosa con mi nuevo maquillaje mientras se subía a la cama. Quedó de pie frente a mí; su miembro colgaba sobre mi rostro. Me estiré lo más que pude para meterlo en mi boca. Cuando lo logré, papi me dijo que era una buena chica, me agarró del pelo y comenzó a cogerme la boca. Mientras su miembro entraba y salía con furia, me comentó que mi sorpresa se acercaba. Imaginé que sería una nueva descarga sobre mi carita; la primera me había encantado, la segunda la aguardaba con ansias.

Pasó unos minutos cogiéndome la boca hasta que me acomodó en cuatro. Antes de hacer nada, me puso un cobertor sobre los ojos; amaba que me quitara el sentido de la vista, hacía que mi piel se pusiera más sensible al no saber qué sucede. Papi comenzó a comerme la cola nuevamente; amaba esa sensación cada vez más. En determinado momento paró, trepó sobre mí y me dijo al oído: "Abre la boca y espera tu regalo".

Abrí la boca, saqué mi lengua y pude sentir la verga de papi frotando mi lengua al mismo tiempo que mi culo era acariciado por su lengua. Esta sensación me llevó al límite, exploté de placer y vacié mis huevos sobre las sábanas. Sin desperdiciar un segundo, la verga de papi entró hasta el fondo; se sentía más gruesa que antes, imaginaba que mis gemidos habían provocado eso. Pero, mientras me llenaba la boca, por detrás de mí sentí cómo su verga se metía de un solo empujón en mi culo. La sensación de llenarme por dentro fue muy fuerte, incluso dolió, pero no podía gritar, ya que en ese momento me di cuenta de que, dentro de mi boca, tenía la verga de alguien más. Sin dudas, este era mi regalo; papi había invitado a alguien para, ¿cómo? Partirme. Lo habíamos hablado alguna vez, pero nunca imaginé que fuéramos a hacerlo. No pude pensar en mucho más; el placer que estaba recibiendo empujaba mis pensamientos, no había lugar para razonar, tenía dos miembros para mí, dándome lo que siempre quise.

Mis gemidos se escapaban cuando la verga del desconocido se escapaba de mi boca; mientras tanto, papi me cogía y decía que disfrutara de mi regalo.

La imagen de estar siendo cogido por atrás mientras hacían lo mismo por delante se me hacía encantadora; no aguanté mucho más y exploté nuevamente de placer. Papi metió su verga hasta el fondo mientras el desconocido hizo lo mismo por delante. La sensación de ahogamiento y presión era insoportable y embriagadora; cuando aflojaron su empuje, ambos sacaron sus miembros de mí, se cruzaron y cambiaron de posición. Ahora tenía la verga de papi sobre mi cara, sintiendo su dureza chocar contra el rostro, y la verga del desconocido entrando con increíble facilidad dentro de mi culo.

Estuvieron así durante un buen rato, solo parando para cambiar de posiciones y lugares. La verga del desconocido era un poco más gruesa que la de papi. Cuando más se hizo notar fue cuando me pusieron a cabalgar sobre él mientras papi me pasaba los testículos por mi empapada cara. Ya había explotado varias veces; nunca llegaba a tener la sensación de arrepentimiento o dudas sobre lo que estaba haciendo, ya que no tenía tiempo para pensarlo. Los dos hombres se encargaban de hacerme disfrutar de cada momento.

Cuando llegaron al punto de máximo placer, me llevaron entre los dos al suelo sobre mis rodillas. Allí, papi me quitó el cubreojos y pude ver al desconocido y su gran miembro. Era un tipo que tendría la misma edad de papi; su tez era un poco más bronceada y su miembro más oscuro y gordo que el de papi; en su rostro portaba un tupido bigote. No pude apreciarlo mucho más, ya que los chorros de semen comenzaron a caer sobre mí. Los dos miembros escupían su espesa y cargada de calor leche; esta vez caía por todo mi cuerpo y no paró rápidamente. Abrí mi boca para recibir la mayor cantidad posible; cuando terminaron, tragué todo lo que había entrado. Estaba realmente cubierto de semen; con los ojos cerrados y pegoteados, solo veía oscuridad. Estoy seguro de que papi estaba tomando nuevas fotos.

Comenzaron a pasar sus miembros por mi cara, recolectando la mezcla de sus fluidos sobre ellos. La sensación me encantaba; sentía cómo sus miembros me acariciaban a medida que se iban poniendo blandos. Luego me obligaron a limpiarlos, turnándose para meterlos en mi boca. Cuando lo sintieron necesario, terminaron su labor.

Me dejaron en esa posición, con mis manos aún vendadas, mi cara y cuerpo cubiertos de su semen mientras ellos se vestían y despedían.

Luego papi me desató las manos, me ayudó a llegar al baño y me dejó ahí para que me higienizase.