Hola lectores, soy Carla, 1,56 m, 45 kg, rubia, gafas, cuerpo atlético.
Por las noches empezamos a ver vídeos de estos que la gente iba a follar al aire libre en sitios concretos y la verdad me ponía, me dio por ahí.
Carla: Cari, ¿y no habrá sitios por Cataluña para esto?
Él dijo que sí e buscamos en Google sitios.
Encontramos uno en Tarragona, un bosque, y decidimos ir.
Ese día me puse mi mejor vestido rojo, me pinté bien, acababa de teñirme el pelo en la peluquería.
Me vestí bien y fuimos, pasamos el día en la playa y al oscurecer buscamos ese bosque.
La ubicación a la que llegamos era un merendero, se veían coches aparcados por allí pero sin gente.
Nos sentimos raros, nos sentamos en una mesa del merendero, allí no aparecía nadie.
Estuvimos hablando que vaya estafa de sitio, aunque era muy chulo.
Carla: Vamos a pasear por ahí a hacer el sitio.
Caminamos y llegamos a un barranco que se veía el mar.
Me asomé a la barandilla, mirando aquel paisaje. Era precioso ver el mar y los barcos que navegaban.
Se escuchaban voces a lo lejos en otro idioma. Cinco chicos de color se acercaron.
Uno de ellos dice:
—Hola, ¿qué estáis de paseo o lo que se viene a buscar aquí?
Carla: ¿Qué se busca aquí?
Y dijo pues sexo.
Dijo uno de ellos: pero aquí no, veniros a nuestro chalet que tenemos ocupado.
Seguidnos.
Empezamos a caminar detrás de ellos por un camino estrecho.
Me quejaba del camino porque llevaba tacones. Uno se giró y vino hacia mí y me cogió como un saco de patatas. Me asusté pero a la misma vez me mojé muchísimo, gemí.
Él se dio cuenta y echó su pedazo mano negra en mi coño dando dos palmadas, y más me mojé dejando la palma de su mano blanca. Se rio y metió su dedo en mi coño. Iba con cuidado, poco a poco, pero mi coño lo succionaba y metió otro dedo. Qué placer.
Llegamos al chalet, entramos por un jardín que había una piscina, y me lanzó al agua. Qué fresquita estaba el agua, qué bien me sentí.
Todos me miraban con deseo, me hundí en el agua y me quité la ropa, y salí desnuda. Todos aplaudían mientras se desnudaban, estaban fibrados, y qué pollas más gordas y grandes.
Carla: ¿Cómo tenéis tanta polla?
Contestaron: nos la estiran de pequeños con piedras atadas.
Carla: ¡Pollas entrenadas para mí!
Se sentaron en el muro de la piscina desnudos, sus pollas colgaban. Me fui hacia ellos como un pececito, fui jugando con el cebo como los peces de verdad, picaba en todas sin morder el anzuelo.
En la que más me gustó piqué, ja ja.
Todas estaban flojas, colganderas, y las endurecí todas. Diez minutos le dediqué a cada una.
Ellos decían: no se cansa la rubia de mamar.
Cuando estaba con el último me agarró y me sacó del agua, otro le ayudó y me pusieron en el aire abierta de piernas, todos me lo comían, se turnaban.
Me llevaron a un sofá, me pusieron a cuatro patas, uno se tumbó debajo mío y me la metió en el coño, dos se acercaron a mi boca, las lamí salvajemente.
Otro vino a mi culo y lo fue punteando hasta que la metió.
Otros me agarraban las tetas. Yo comencé a gozar.
—Carla: Ooh. Oh oh oh, ¡joder! ¡Hostia puta! ¡Hostia putaaaaaaa! ¡Ooooooooohaaaaaaaa! ¡Joder!
Todos salvajemente.
Carla: ¡Qué locuuuuraaaa! Oh ohhh.
Se turnaban, empezaron a correrse en mi cara, notaba también los que se corrían en el culo y coño. Ya no podía ni contar las veces que me había corrido yo.
Nos fuimos a bañar todos juntos a la piscina.
Jugaban conmigo debajo del agua, me tocaban, me hundían para que se la mamara.
Se cansaron y decidieron ir a cenar, pidieron pizzas. Continuará...
Para dejar un comentario debes iniciar sesión.
Iniciar sesión