relatos eróticos infidelidades

Infidelidades, cornudos y cornudas

858 relatos

La puta y su cornudo I

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Y nos casamos, porque ella insistió en ello porque así no tendría que esconderse tanto para sus viajes a la capital, tendría coartada porque al único que se suponía que tendría que darle explicaciones, a mí, no se las iba a dar obviamente.

Carolina y yo I: su cornudo sumiso

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Ella me había dicho que las suyas eran estar con dos tíos fornidos, fuertes y bien dotados que la trataran como una verdadera hembra en celo, que la poseyeran y la rindieran como una hembra que claudica ante el poderío de dos machos, rindiéndose y ofreciéndose a ellos para ser follada por los dos, en canal.

Esta historia no es lo que parece

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Me corría y allí se quedaba, fláccida hasta que otra vez, y otra…. Mientras gritaba presa de un orgasmo anal, la recomendé que se dedicara a la prostitución, que tenia futuro… Aunque no creo que me oyera con los gritos que pegaba.

La divorciada negra y sus cornudos

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Sí, estaba seguro, o al menos eso creía porque cuando ella se levanto las falda plisada por encima de los muslos y me los mostró tan túrgidos y sensuales, con la tanguita transparente que deja ver los prominentes labios de su coño, no pude resistir, me abalance sobre ellos y quise quitarle la braga, pero ella no me dejó bajársela y entonces pegué mi cara sobre ellos, los lamí y lamí de arriba abajo

Carolina y su cornudo favorito

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Fue entonces cuando le propuse que nos casáramos. Un día ella viajó a Murcia, nos casamos en el Juzgado, aunque la noche de bodas la celebró ella con un chico muy guapo, con un gigoló que yo le busqué y pagué, y que ella celebró como debía, gozando como una loca, follando toda la noche con él.

El futbolista

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Por primera vez en toda la noche no me lo hizo con condón, por lo que podía sentir su estaca caliente dentro de mí. Al sentir su leche derramándose por mi agujero, me corrí de nuevo, redoblando la intensidad del metesaca del pepino.

Yo, el cornudo

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La vi sentada en una cafetería con una amiga y volví a apreciar en ella el encanto que siempre me sedujo: su negro muy cortito, a lo chico, su piel morena y su cuerpo lozano y prieto con unos pechitos pequeños, como a mí siempre me habían gustado, pero duros, inhiestos y pujantes.

El club del derecho de pernada

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La otra chica completaba el servicio de la casa ayudándome en todas las tareas y en el servicio especial a mi ama, sobre todo de noche pues dormían juntas y follaban ante mi vista, mientras que yo estaba condenado a la castidad absoluta y lucía un cinturón de castidad que mi ama me había puesto.

No me arrepiento II

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Era muy peludo, tenia muchísimos pelos en sus genitales. Tanto que le tapaba bastante de su hermoso artefacto. Yo comencé a sentir deseos de tocarle el pito. Muchas ganas tenia de hacerlo. Se lo quería mirar de cerca, apretarlo, pajearlo y sobre todo, chuparlo. Pero no me animaba a bajar y hacerlo.

Mi primera experiencia extramatrimonial

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Parada detrás suyo, observaba sus brazos fibrosos y morenos por el sol veraniego y su arqueada columna que terminaba en unas provocativas nalgas, me detuve en su culito tratando de imaginármelo sin ropa, lo cual me causó gracia pues no soy de las personas que dan rienda suelta a su imaginación.

Ensalada especial

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Unos momentos después ella vino y se sentó a mi lado estaba casi llorando y me dijo que porque la trataba así que sabia que lo que estaba pasando estaba mal pero que estaba muy excitada y tenia varios meses sin tener sexo y que escuchaba que algunas noches su hermana y yo hacíamos el amor.

El sobrino de su mejor amigo

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En la sobremesa, Carolina se sintió un poco incómoda: como era verano y el chico llevaba unos pantalones cortos y deportivos, el bulto de la entrepierna era demasiado visible. Pero cuando comprobó que Marcos no se apuraba, prefirió no mirar más de reojo... Tan seguidamente.

Stella: El sexo era su mayor pasión

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A ella siempre le gusto echarse un último polvo conmigo, mismo si había pasado toda la noche con otro, me decía que después de acabar con los otros, si bien estaba satisfecha, era como que le faltaba un poquito mas y bueno yo nunca me hice rogar.

El Macho Alfa

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Nuestra mesa estaba en un extremo del salón, cerca de una puerta que daba a un corredor, así que era fácil para los que estábamos ahí, salir para ir al baño o hablar por teléfono, sin que lo notara toda la concurrencia, como en otras mesas.

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