Mi novia siempre ha sido una persona muy sociable. Le encanta salir con sus amigas, ir a fiestas para conocer gente o simplemente ir a bailar a las discotecas. Como a mí no me apasionan los clubes nocturnos y ella disfrutaba con su grupo, poco a poco dejé de acompañarla.
Ese era el caso hace unos cuatro años, cuando ambos teníamos 23 y llevábamos dos juntos. Recuerdo que esa noche, mientras se arreglaba, no dejaba de buscar mi atención. Llevaba un vestido ajustado de seda verde y taconazos que la hacían ver despampanante. Me provocó durante un rato y esperaba tener un encuentro rápido antes de que se fuera, pero sus amigas pasaron a buscarla y se despidió de mí con un beso, dejándome con las ganas.
Mientras yo me masturbaba en casa y jugaba una partida de videojuegos con mis amigos, ella fue a casa de su mejor amiga a tomar unas copas antes de ir a la discoteca. Una vez allí, se lo estaba pasando en grande. Al cabo de unas horas, me envió una foto frente al espejo del baño junto a dos amigas, diciéndome que me echaba de menos. En la foto, una de las chicas bromeaba apartando un poco el escote de mi novia frente a la cámara. Ver eso me dejó claro que tendríamos una gran noche cuando regresara, lo que me facilitó el mantenerse despierto esperándola.
Unas horas más tarde, me escribió un mensaje con evidente estado de embriaguez diciendo que quería volver a casa y que me necesitaba desesperadamente en la cama. Conduje de inmediato hacia el club. Al cabo de una media hora le avisé de que estaba esperando fuera. Salieron a los pocos minutos y mi novia se lanzó directamente a mis brazos para besarme.
Parecía haber perdido todo tipo de pudor. Tuve que detener su mano cuando empezó a acariciarme el miembro por encima del pantalón en pleno aparcamiento. La forma en que me buscaba era increíblemente excitante, pero desde el primer instante en que rozó sus labios con los míos y me metió la lengua, noté un sabor extraño y particular en su boca.
Como su boca estaba sumamente húmeda, asumí que simplemente se habría tomado algún cóctel extraño antes de salir. Dejamos a sus amigas en sus casas y finalmente llegamos a la nuestra. Al entrar, no pasó mucho tiempo antes de que yo estuviera de rodillas ante ella, retirándole la lencería para hacerle sexo oral. El sexo que siguió después fue intenso y desesperado, fruto de llevar varias horas deseándolo. Al terminar, fui al baño a limpiarme rápidamente y ella se quedó profundamente dormida.
A la mañana siguiente me desperté con ganas de abrazarla, pero ya no estaba en la cama. Al levantarme, la encontré sentada en el sofá con la mirada perdida. Quería hablar conmigo. Entre lágrimas, me confesó que la noche anterior le había hecho una felación a un desconocido en la discoteca y que se sentía terriblemente arrepentida.
En medio del shock y la rabia, quise saber exactamente qué había pasado. Me contó que estaba muy borracha y excitada. En un momento de la noche, un tipo atractivo empezó a coquetear con ella. Ella le siguió el juego, bailaron y, cuando él le pagó otra copa, sus inhibiciones desaparecieron por completo y se terminaron besando apasionadamente.
El tipo la tomó de la cintura y de las nalgas. Aunque ella quiso frenarlo y fue cuando me envió el mensaje para que la recogiera, mientras me esperaba volvió a bailar con él. En mitad de la pista, sintió la dureza del miembro del chico a través del pantalón. Llevada por la euforia del alcohol, lo tomó de la mano y lo arrastró hacia los baños de hombres.
Una vez dentro, él le metió los dedos por debajo del vestido. Un último destello de conciencia le hizo decirle que no tendrían sexo, pero acto seguido le desabrochó el pantalón y se arrodilló ante él. Le hizo una felación durante varios minutos hasta que él la tomó con firmeza de la cabeza y se vino completamente dentro de su boca. Tan pronto como terminó, él se subió la cremallera y la dejó sola en el baño mientras ella se limpiaba los restos con la mano. Al salir, vio mi mensaje avisando que estaba fuera y corrió hacia el coche.
Escuchar todo aquello me dejó sumido en una mezcla de enfado, tristeza y confusión. Ella no dejaba de pedirme perdón, asegurándome que jamás volvería a ocurrir. Quedamos en que yo necesitaba unos días a solas para asimilarlo.
Durante las semanas siguientes le di mil vueltas al asunto. Poco a poco la rabia fue pasando y fui capaz de recuperar la confianza en ella, al ver lo arrepentida que estaba. Entonces, un día, recordé el sabor de sus labios cuando me besó apasionadamente en el aparcamiento nada más salir del club... y de pronto entendí qué era exactamente lo que había probado en su boca.
Para mi absoluta sorpresa, darme cuenta de aquello hizo que mi miembro se pusiera duro como una piedra de forma instantánea. Empecé a masturbarme lentamente mientras por mi mente desfilaban las imágenes de mi dulce novia de rodillas en el baño de un club, tragándose la semilla de un extraño que luego la abandonó allí como a una cualquiera, para después salir a la calle y sellar sus labios con los míos rebosando aún con los restos de aquel tipo.
Me vine con una fuerza descomunal solo de pensarlo.
Ese pensamiento volvió a mi cabeza en repetidas ocasiones cada vez que estaba a solas. Finalmente decidí contárselo. Ella me confesó que a ella también le despertaba un morbo increíble la idea de haber sido usada de esa forma, y acordamos volver a explorarlo, esta vez bajo nuestro total consentimiento y control. Desde entonces, nuestra vida íntima ha cambiado por completo y nos resulta imposible imaginar nuestra relación de otra manera.
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