Les contaré sobre mí físicamente: mujer gordita, alta, senos grandes, blanca, ojos marrones, cabello negro ondulado, culo un poco grande, una vagina grande y abultada, labios gruesos.
Hola, amigos lectores. Existen varias clases de sexo: entre ellas están el sexo de mal gana, el sexo por compromiso, el sexo rico, el sexo salvaje, el sexo para pagar deudas y uno de los más ricos, el sexo de reconciliación. Este último lo practico mucho, debido a que trabajo en otro estado y me peleo mucho con mi daddy. Entre esas veces hay una que fue muy rica: un día me peleé porque no pude viajar a verlo, ya que se presentó una reunión de mi trabajo.
Ese día le escribí:
—Yo: Daddy, hola, ¿cómo estás?
—Daddy: Bien, amor, contando las horas para verte.
—Yo: Daddy, sobre eso, se presentó una reunión y no puedo faltar. Voy este otro fin. Discúlpame, te amo.
—Daddy: No vengas más, no importa. Estoy cansado de esos pretextos estúpidos para no venir.
—Yo: Pero, daddy, no puedo. Discúlpame, sí.
—Daddy: No vengas. Déjalo así.
—Yo: Te amo, daddy. Entiende, yo voy después.
Él estaba súper molesto y, muy dentro de mí, sabía que tenía razón.
Pasaron los días y él seguía molesto; casi ni me respondía los mensajes. Para hacerlo más difícil, ese día que le quedé mal a mi daddy, al llegar a mi depa se me cayó el teléfono y se me dañó. Me había tocado comprar un teléfono normal y no podía mandarle fotos.
Yo andaba mal. Le mandaba mensajes y él no contestaba. Pasaron los días. El viernes pedí el día para alistarme a viajar. A eso de las doce llegué, me vestí, me puse mi mono para viajar cómoda y en la maleta metí mi ropa de puta (jeje, quería volverlo loco). Abordé el bus y salí camino a Barinas. Le escribía y él no contestaba. Quería llegarle de sorpresa. Llamé a una amiga de Barinas y le pedí el favor de reservar una habitación en un hotel: quería que fuera sexo en hotel.
Llegué al terminal de la ciudad donde él vive. Lo llamé y le dije:
—Si quieres dejemos esto así, pero primero hablemos. Nos vemos en tal tasca en tanto tiempo.
Corrí al baño, me cambié. Me puse un vestido rosado pegado, escotado atrás y adelante, que se pegaba a mis curvas gordas. Todo lo que me colocara de ropa interior se marcaría, así que no me puse sostén y el hilo era un pedacito rosado de tela en forma de triángulo cuyas tiras parecían un par de hilos de nailon. Me maquillé, me puse unas sandalias altas rosadas, me eché perfume y cargaba el cabello al natural, con mis rulos. Salí: un cambio total. Entré al baño en mono y zapatos deportivos y salí como toda una perra. Caminé por el pasillo del terminal, tomé un taxi, fui al hotel, dejé la maleta y fui al encuentro con mi daddy. Sabía que se iba a volver loco.
Llegué y él ya estaba allí. Caminé y, al verme, se quedó bobo mirándome con ese vestido. Me senté y le dije:
—Yo: Hola, daddy.
—Daddy: Hola, amor.
—Yo: ¿Ya se te quitó la rabia?
—Daddy: No, estoy molesto.
—Yo: Ok, sigues molesto. Está bien —le dije—.
—Daddy: Sí, me quedas cada vez mal.
—Yo: Te entiendo, amor. Vámonos pues.
—Daddy: ¿Qué? ¿Vamos a dónde?
—Yo: Vamos a un hotel. Lo tengo alquilado ya.
—Daddy: Vamos pues.
Nos montamos en un taxi. Él iba en el camino tocándome y demás. Cuando metió su mano sintió ese pedacito de telita.
—Yo: ¿Viste lo que cargo? Lo compré para ti.
—Daddy: Sí, mami linda.
Él me besaba. Llegamos al hotel y subimos a la habitación. Yo sabía que necesitábamos terminar con esas ganas que cargábamos. Apenas cerró la puerta de la habitación, de una subí mi vestidito y él me rompió las tiras del hilo. Se metió de cabeza entre mis piernas.
—Yo: Ay, daddy, qué rico. Perdóname por no venir, pero ¿ves que vale la pena?
—Daddy: Eres una putica, mami.
—Yo: Sí, soy una puta perrita, papi, pero solo tuya. Mételo.
—Daddy: No, estoy mamando.
Yo deseaba que él me penetrara y él no quería. No aguanté: lo tiré al piso, le solté la correa, le bajé el pantalón, me subí arriba de él y me saqué las tetas.
—Mámamelas —le dije.
Él se las metía en la boca y yo lo tenía adentro.
—Ay, qué rico, papi. Cuando te pida que lo metas, lo haces, ¿ok? No me vas a poner a aguantar, ¿ok?
—Daddy: Quería mamarte la cuca, amor.
—Yo: Mama teta, mi niño. Ay, rico, rico.
Cuando me veía en el espejo me veía toda puta. Él me tenía clavada, yo gemía y le decía:
—Soy una putica, papi.
—Te portas mal, mami. Me pones a aguantar.
—Sí, papi, pero ve cómo me cojes.
Ay, Dios, estoy que acabo, papi. Dale, empuja. Yo saltaba parecida a una potrica. Yo acabé:
—¡Ayyyyyyyyyyyyy, Dios mío, papi, qué rico, qué sabroso! Amo ese guevito rico.
Cuando siento un chorro de su semen…
Espero que les haya gustado. Besos a todos.
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