El viaje que me hizo vestirme como puta
Hola, amigos lectores. Les contaré cómo volví loco a mi pareja. Empiezo contándoles cómo soy: soy gordita, alta, de cabello ondulado, ojos marrones, senos grandes y un trasero un poco flácido, pero sexy. Me gusta vestir sexy. Y les puedo asegurar que mis relatos son 100 % reales.
Ya habían pasado días desde que mi pareja y yo habíamos estado juntos. Él había tenido mucho trabajo y no había podido viajar a verme. Teníamos ciertos problemas por eso, y se me ocurrió la idea de invitarlo a que viniera. Yo le propuse viajar y quedarnos en un hotel; él aceptó y le dije:
—Ok, amor, nos vemos acá.
Esa noche, antes de que él viajara por la mañana, le mandé un texto:
—Daddy, tráete en tu bolso la falda de jean y la blusa de la cena navideña.
Él me preguntó:
—¿Y abajo qué te colocarás?
Le respondí:
—Una sorpresa que te encantará.
Al levantarse, él se fue corriendo al terminal de buses y quedamos en vernos en el terminal de la ciudad donde yo estaba trabajando.
Ese día trabajé con ansias de ver a mi pareja. Andaba con mi uniforme: pantalón de vestir y una chemise. Abajo me había colocado un cachetero negro de encaje. A las cuatro de la tarde salí y me fui de una vez al terminal. Lo esperé unos veinte minutos. Cuando lo vi llegar, me alegré.
De una vez nos besamos. Se le veían las ganas de devorarme, pero yo dije que lo haría sufrir un rato. Nos besamos y le dije:
—Daddy, dame el bolso. Ya vengo.
Me fui al baño del terminal caminando sensualmente. Sentía sus ojos clavados en mi trasero; eso me excitó.
Me metí al baño. Saqué del bolso la blusa y una microfalda que lo volvía loco. De mi cartera saqué una bolsita con un conjunto de hilo y sostén negro de encaje, súper sexy. Detallaré lo más posible: la falda era azul, cortita, y me quedaba súper sexy. Las veces que la usaba me colocaba leggins debajo; ese día no: sería la falda sola. La blusa era morada, con detalles y escotada. El conjunto de hilo y sostén era de encaje finísimo; el sostén poco me tapaba. Me coloqué unas sandalias altas.
Al terminar de vestirme me miré en el espejo y parecía una prostituta, pero la idea era volver loco a mi pareja.
Salí y vi su cara: se babeó. No solo la de él, sino la de todos los que me veían. La falda se buscaba levantar por mi culo. Me reí y le dije en voz sensual:
—¿Qué tal me veo?
Di media vuelta para que me viera. La falda me quedaba demasiado corta.
Él respondió jadeando de excitación:
—Te ves rica, amor.
Nos fuimos. Él me miraba y le excitaba ver cómo los hombres me miraban. Eso me calentaba a mí hasta el punto de que lo besaba y lo dejaba manosearme.
En eso nos metimos a un restaurante a comer. Mientras comíamos él me besaba rico y mi cosita estaba a punto de estallar.
Nos fuimos a un hotel. Yo ya tenía la habitación alquilada y todo listo. Al entrar, él se encontró encima de la cama un Choconut (es una crema de chocolate parecida a la Nutella).
Al entrar me agarró a besos y buscó subirme la falda. Le dije:
—No, papi.
Lo empujé y cayó sobre la cama. Agarré mi celular, puse música, me solté la blusa y me desabotoné la falda, dejándola caer. Quedé en puro hilo y sostén. Le dije:
—Esto lo compré pensando en ti, mi daddy.
Me subí a la cama y me puse a bailarle. Le decía:
—¿Te gusta?
Y él respondía:
—Me encanta.
Buscaba tocarme y yo le decía:
—Solo mira, papi. Ya habrá tiempo para tocar.
Seguía bailando y él como loco. Yo meneaba mis caderas. En eso le hice señas y me puse a bailar con él. Me agarraba las caderas y, cuando quedamos de frente, metió la cabeza entre mis tetas. Yo, con una mano, lo acariciaba y, con la otra, me solté el sostén. Luego él se soltó el pantalón y yo le quité la franela; quedó en solo bóxer. Me acosté y él me quitó el hilo. Agarró el Choconut, me echó en la lauryta (así le llamo a mi vagina) y empezó a chupar. Yo gemía de placer mientras de fondo se escuchaban las canciones.
Seguía chupando. Luego subió, me echó Choconut en las tetas y las lamió.
Le dije:
—Daddy, ven.
Lo acosté, le eché Choconut en su miembro y me puse a mamárselo. Estaba como loco. Me decía:
—Quiero comer cosita.
Le contesté:
—Ya va, que estoy comiendo.
En eso sentí que ya se iba a venir y seguí mamando; le succioné todo su semen. Al acabar, me le subí de una vez y empecé a cabalgarle. Le decía:
—¿Te gusta, daddy? Acá está tu súper puta, tu potra salvaje.
Él solo decía:
—Sigue, mami, sigue.
Y así estuvimos un rato hasta que se vino dentro de mi cuca.
Me levanté, me fui al baño y le dije:
—Me baño y salimos.
Él contestó:
—Claro, amor, sí.
Espero que les haya gustado.
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