Permítanme presentarme: soy de Venezuela. Digamos que soy alegre, caliente y una mujer trabajadora. Físicamente soy gordita, alta, de ojos marrones, cabello negro ondulado, senos grandes y un trasero muy lindo. Me encanta vestirme sexy, como les he contado en algunos relatos.
Trabajo en otro estado; eso me traía problemas con mi pareja, así que me tocaba llegar y contentarlo con buen sexo. Entre esas ocasiones, una vez viajé al estado donde vivía mi novio y, al llegar al terminal, me metí al baño entrando como una mujer decente para luego vestirme toda rica para él, ya que sé que él ama que me vista como una verdadera perra, y eso era suficiente para contentarlo.
En uno de esos días llegué y me metí al baño: me coloqué una falda negra, una blusa escotada verde y, abajo, un conjunto de hilo y sostén verde claro. Al llegar, él empieza con la reclamadera, así que me desabotoné la blusa; él miró mis tetas casi salirse de la blusa y listo, se contentó. Él y yo ese día lo hicimos el amor como animales en celo: él me penetraba tan duro que quedaba adolorida pero feliz. Mientras él me reclamaba, yo gemía y le decía: «Dale, daddy, más duro. Así, castígame por no venir. Soy mala, daddy, sigue».
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