Kathia llegó a cada de su amiga, tocó la puerta y esperó, el viento soplaba, y movía suavemente la delicada tela de su vestido, que colgaba de unos tirantes sobre sus delicados hombros y caía libremente hasta la mitad de sus muslos, dibujando sensualmente la juvenil silueta de aquella dulce chica, su cuerpo era firme, de piernas largas y torneadas, alta y delgada de largo cabello y castaño claro que se veía rubio bajo el sol, sus caderas eran curvilíneas y deliciosas, sus nalgas juveniles, firmes y levantadas, un abdomen firme y unos senos aún en crecimiento, pero ya jugosos y apetitosos; su rostro era el de un joven ángel de ojos café que derrochaba una inocente pero intensa sensualidad de la que ella en su juventud no era consciente.

La puerta se abrió levemente y un ojo se asomó, era la madre de Raquel, su amiga de toda la vida, al reconocerla le abrió con alegría.

- Hola Katy, Raque se está duchando pero puedes subir a su cuarto, me dijo que verían una peli.

- Si Doña Marta, muchas gracias.

La chica entro y fue al cuarto de Raquel, junto a la escalera saludó a Luis, el hermano de Raquel, 2 años mayor que ellas y 2 años más morboso, pero sabía disimular su deseo por la chica. La saludó son un "Hola K" de total normalidad y luego Kathia subió por la escalera. Luis no pudo evitar la tentación de mirar para arriba, tratando de mirar bajo el vestido de la adolescente y su premio cuando el vestido de Kathia al subir le permitió ver sin problema las deliciosas piernas de la chica y su hermoso trasero.

Kathia entro al cuarto de Raque y le gritó:

- ¡Ya llegué Raque!

- Oki amiga, ya termino y salgo.

- ¡Oki!

La puerta se abrió y la medre de Raquel entro con una bandeja con palomitas, bebidas y fruta.

- Les dejo para que vean la peli. Disfruten. Nosotros bajos a tener que salir con Luis, entonces las dejaremos solas 3 o 4 de horas, si quieren más pueden tomar de la cocina lo que gusten.

- Muchas gracias Doña Marta - agradeció Kathia.

- De nada linda. Disfruten - repuso la señora y unos minutos después se escuchaba el portón eléctrico de la casa para dejar salir el vehículo familiar y luego cerrarse.

Poniéndose cómoda la chica se quitó sus sandalias y quedó descalza, total la alfombra de la recámara de su amiga las hacían innecesarias y se acomodó recostándose de lado en la cama de su amiga. con la luz de ventana acariciando la piel desnuda de sus pies y piernas era un espectáculo ver a aquella deliciosa chica trigueña.

La puerta del baño por fin se abrió y Raquel salió del cubierta solamente con su toalla.

- ¡Hola K! Disculpa, me tocó hacer tareas en la mañana y hasta ahora pude ducharme.

Algo extraño se agitó en el pecho de la chica al ver a su amiga semidesnuda y cubierta solo por su toalla, no pudo evitar aspirar en un silencioso suspiro el olor a jabón de la piel su amiga mientras la saludaba con un beso en la mejilla y el sentir la piel aun mojada por el agua de la ducha. Ella no supo que su eso que saltó en su pecho, así que lo dejó de lado, pero no detuvo su mirada mientras mu amiga caminaba por la habitación buscando que ponerse.

Raquel era una chica de la misma edad de Kathia, por un tiempo fueron compañeras de colegio, hasta que a Raquel la cambiaron a un instituto privado, sin embargo solían unirse para que Kathia le explicara matemática. Raquel era totalmente diferente a Kathia, pero no en el mal sentido, Raquel era de cabello negro y por el hombro, con curvas más pronunciadas que su amiga, abundantes caderas y unos pechos bastante más grandes que los de Kathia, cosa que ella siempre le había envidiado en silencio, su rostro era angelical, pero no tan infantil juvenil el de su amiga, ella ya se veía más mujer y menos adolescente, acrecentado por unos ojos verde intensos, que le daba un aspecto de "picara-malvada", era de la misma altura que su amiga, con las piernas gruesas y torneadas coronado por un generoso trasero. Sus personalidades tambien eran muy distintas, Raquel era muy extrovertida y alocada, Kathia muy tímida y conservadora, lo que llevaba a que sexualmente tambien su amiga le llevara una gran distancia y mientras Kathia aún ni siquiera pensaba en perder su virginidad, Raquel la había dejado atrás hace unos años.

- ¡Ay! ¡Ya me cansé de buscar! - exclamó Raquel, Kathia no le despegaba el ojo de si piel sin saber porqué - ¿Qué te parece esto? Total no vamos a ir a ningún lado - preguntó a su amiga mientras giraba sosteniendo una camiseta pequeña color rosa ante ella.

- Muy linda.

- ¡Bueno! dijo Raquel y dio media vuela quedando de espaldas a su amiga, entonces la toalla de Raquel cayó al piso y la imagen de su amiga desnuda brillo ante Kathia que la devoró de pies a cabeza mientras su amiga se ponía la pequeña camiseta y luego sacaba un pequeño short de la misma suave tela de la camiseta, entonces Raquel se inquinó hacia adelante mostrando su trasero en todo su esplendor a su amiga que la miraba boquiabierta mientras ella se ponía el short sin ropa interior. Fue cuando Raquel miró a su amiga pillándo sus miradas.

Katya saltó sorprendida y miró a otro lado avergonzada tratando de disimular mientras esperaba que Raquel no hubiera pensado mal, pero su amiga guardó silencio al respeto y tomando el control se subió a la cama, encendió el TV y luego accedió a Netflix.

Escogieron una película y adelante. Todo trascurrió con normalidad, sin embargo las miradas se turnaban de una a otra todo el tiempo, en un tácito acuerdo de fingir que no se daban cuenta y no pasaba nada, reían, chismeaban y miraban la película, con esa complicidad de amigas que se conocen desde siempre, seguían siendo las mismas dos chicas compartiendo secretos en una habitación, hasta que la película captó completamente la atención de las adolescentes que hasta ese momento veían la película solo por partes mientras conversaban, pero lo que apareció en la pantalla dejó sin aliento a las dos.

En la pantalla la pareja de protagonistas, una mujer espectacular y un hombre muy musculoso tenían un apasionado encuentro sexual, la pareja se devoraba completamente desnudos y la cámara no dejaba nada a la imaginación, la actriz jadeaba excitada sin control mientras montaba sobre su compañero y se movía frenéticamente, luego el hombre se ponía sobre ella y la penetraba una y otra vez.

Las chicas veían aquello mudas, ambas entrepiernas se calentaron, Kathia sentía aquello por primera vez y la humedad en su entrepierna la confundía, Raquel sabía que era aquello y movía sus piernas frotándolas una con otra tratando de estimular su clítoris sin que su amiga la descubriera. La escena terminó, la pareja en la película se dejó caer en la cama y en la habitación las dos amigas quedaron en silencio unos momentos como en shock

- ¿Qué se sentirá que le hagan eso a una? - preguntó Raquel mitad en broma mitad en serio y Kathia se sonrojó antes de responder.

- Ni idea. Yo ni siquiera he besado nunca a un chico - confesó Kathia

- ¿Cómo? ¿Es en serio? - repuso Raquel

- Si - respondió Kathia avergonzada.

- Pero tu me habías dicho que con Carlos te habías besado en el colegio

- Era mentira, es que tu me contaste lo de tus ex y me dio pena confesar que nunca había besado a nadie.

- ¿Y porqué K? No dudo que te sobren pretendientes. ¡Eres una guapura!

- Es que siempre la timidez me gana, aparte de que no sabría ni por donde empezar o qué hacer con los labios - ambas rieron.

Fue el momento en que un pensamiento pícaro pasó por la mente de Raquel, uno que le hizo saltar su interior.

- ¿Y si te enseño? - sugirió Raquel y Kathia la miró sorprendida

- ¿Cómo?

- Yo he besado muchos chicos y me dicen que beso muy bien. Podría enseñarte.

El cuerpo de Kathia sintió no supo que responder, la idea no le molestaba pero le parecía inapropiado, sin embargo un leve calor se encendió en su pecho ante la idea.

- Sólo sería un juego K y así aprendes. Somos las mejores amigas - argumentó Raquel.

Katya se encogió de hombros. Su vestido floreado se le subió un poco al moverse, y se lo acomodó sobre los muslos con un gesto distraído.

Katya la miró por fin. Confusión pura en sus ojos grandes.

—Pero tú eres…

—Tu amiga, sí. Y por eso mismo. Entre amigas, sin presión. Solo sería un juego, K. Nadie tiene que saberlo y no tiene nada de malo.

Katya abrió la boca para negarse, para decir que no, que era una tontería, pero el calor que empezaba a subirle desde el vientre le cerró la garganta. No era miedo. Era otra cosa, una corriente tibia que le hormigueaba en la piel y le hacía latir el pulso en las muñecas.

—No sé —murmuró.

—Confía en mí —dijo Raquel, y su voz ya no sonaba del todo a broma—. Si no te gusta, paramos y ya.

Katya asintió despacio, casi sin darse cuenta. Un calor ajeno a su voluntad se le extendía por el pecho, le entibiaba las mejillas, le humedecía ligeramente las palmas de las manos.

Raquel se levantó de la cama sin decir más. Caminó hasta la puerta con sus pasos descalzos apenas audibles sobre la alfombra, giró el cerrojo con un clic seco y se quedó un segundo con los dedos aún apoyados en el metal, como saboreando lo que acababa de hacer. Sus papás estaban en el piso de abajo, ajenos a todo, y ese pensamiento le bajó por la espalda como un escalofrío caliente.

Regresó lentamente. Su camiseta se le ceñía al torso, la pequeña licra marcaba cada curva de sus caderas regordetas, y Kathia no supo por qué le costó tanto apartar la mirada. Los ojos de Raquel habían cambiado. Tenían algo felino, una hambre tranquila y oscura que Katya, inexperta por completo, no alcanzó a interpretar.

Raquel se puso de pie caminó como gata; más que caminar, se deslizó por el cuarto caminando alrededor de la cama con las caderas balanceándose, sin prisa, mirándola desde abajo de sus pestañas. Kathia seguía recostada sobre la cama, las manos apretadas sobre su propio regazo, nerviosa, el vestido floreado cayendo sobre su silueta delgada. Raquel, excitada sin saber del todo por qué, se inclinó sobre su amiga, una mano a cada lado de ella detuvo justo frente a ella mirándola a los ojos.

—Bueno, ven y tendió la mano a su amiga, invitándola a ponerse de pie.

Katya se puso de pie, frente a Raquel que la miraba atenta. Fue un movimiento lento, inseguro, como el de quien se inclina por primera vez sobre un abismo. Los rostros de ambas quedaron a un palmo, y Katya pudo oler el aliento de Raquel, tibio y dulce por las palomitas. Raquel puso una mano en la cadera de su amiga y poco a poco aproximó sus labios a los de Kathia.

El primer beso fue tímido. Un roce apenas, labios contra labios, suaves y cerrados. Kathia sintió que el mundo se detenía. Las adolescentes se separaron y miraron, no fue necesario preguntar nada, el segundo beso vio por si solo, ahora con más libertad y fue creciendo, profundizándose, abriéndose. La boca de Raquel se movía con la paciencia de quien conoce el camino, guiando, enseñando sin hablar, mordisqueaba los labios de su amiga con los suyos. Katya hipnotizada se dejaba llevar y moviéndose inconscientemente sus manos empezaron a acariciar la espalda de Raquel, era muy fácil sentir la piel de su amiga bajo esa delgada tela, Por su parte las manos de Raquel se movían entre los cabellos de su amiga, acercándola a ella más.

Por fin sus labios se separaron, el aire se volvió espeso entre las dos, y Katya sintió el vacío del calor ausente como un peso en el pecho, quería más, pero su timidez no sabía como pedirlo. Raquel le tomó el rostro entre las manos, los pulgares acariciando sus pómulos, y la miró con una intensidad que encendía algo en su interior.

—¿Te gustó? —preguntó, con un susurro pícaro y juguetón.

Katya asintió con la cabeza mientras suspiraba suavemente, había quedado sin palabras. Raquel sonrió, esa sonrisa que le transformaba la cara, y volvió a besarla. Ahora el ósculo se prolongó en una danza de bocas, y sin que ninguna lo planeara, las caricias de Katya en la espalda de Raquel comenzaron a descender, vértebra por vértebra, hasta detenerse en el borde de su short, sobre las nalgas abultadas. Raquel, correspondiendo, deslizó una mano desde el cabello de su amiga hacia el cuello de su presa, y de ahí hasta el hombro desnudo, y su clavícula, sentía la piel virginal de su amiga y jugaba con el tirante del vestido floreado, hasta ese momento entró en conciencia de que Kathia no llevaba sostén y aquello la encendió aún más.

Kathia gimió mientras besaba a su amiga, un sonido dulce que la sorprendió a ella misma, y apretó el trasero de Raquel con las yemas de los dedos. Entonces, un fogonazo de lucidez la sacudió.

—Perdón - jadeó, retirando las manos como si el contacto quemara, pero Raquel la miró con fuego en los ojos.

- Tranquila - le dijo Raquel y volvió a poner las manos de su amiga a en sus nalgas, suspiró ante el placer de las manos de la chica tomando sus nalgas entre sus manos con claridad, no tenía ropa interior - ¿Quieres más?

Katya la miró, hipnotizada por el deseo que latía entre sus muslos, y asintió. —Sí, dijo, apenas un hilo de voz.

Raquel sonrió, pícara. —Voy a hacerte algo que me encanta. A ver si te gusta.

Y comenzó a besar su cuello. Katya se estremeció de placer, un espasmo que la atravesó entera. Nunca había sentido algo así. La lengua de Raquel la devoraba, húmeda y caliente, trazando círculos lentos desde la clavícula hasta la oreja, mordisqueando el lóbulo, succionando la piel. Los gemidos de Katya aumentaban, entrecortados, dulces, sin filtros. Sus manos, ya sin timidez, apretaban las nalgas de Raquel, amasándolas sobre la licra, una de sus manos se coló bajo la camiseta de Raquel, quería sentir su piel desnuda, la espalda de Raquel se arqueó de placer para luego volver a devorar el cuello y orejas de su amiga cada vez más excitada. Raquel baja entonces sus manos que corren por la espalda de su amiga recorriendo la tela de su vestido hasta llegar a su cadera, el movimiento de las manos de Raquel sube poco a poco el delgado vestido de Kathia, ella no hace nada por evitarlo.

- ¿Te gusta? ¿Verdad? - preguntó Raquel sin dejar se besar el oído de su amiga.

- Me encanta - respondió Kathia sorprendida por su propia sinceridad y metió su otra mano bajo la delicada camiseta de su amiga para acariciar su abdomen, firme y delgado - Raquel sintió un ardiente cosquilleo, entonces empujó suavemente a su amiga sobe la cama, que se dejó llevar, en un segundo los besos continuaron en la cama.

Raquel comenzó a acariciar también las piernas de su amiga, subiendo desde las rodillas por los muslos desnudos, con una lentitud que hacía temblar. Así, murmuró contra el cuello

- Déjate llevar.

Poco a poco, su mano fue entrando bajo la tela del vestido de Kathia y sus manos empezaron a acariciar los glúteos de su amiga, ahora solo protegidos por un pequeño hilo dental color rosa. Los dedos ascendieron hasta acariciar el hilo dental que llevaba Katya, siguiendo la línea fina de la tela con las yemas, presionando apenas.

—Raquel… —gimió Katya sin parar, arqueando la espalda, abriendo las piernas.

Raquel la recostó contra la cama sin apartar la mano, los besos bajando por su garganta hasta estar su lengua en medio del pecho de Kathia que para este punto solo se dejaba llevar por el placer, sin poder luchar contra él, mientras sus manos comenzaron a acariciar la entre pierna de la chica abriendo sutilmente sus piernas. Kathia abrazaba a su amiga empujando su boca sobre su pecho. Raquel sacando la lengua lamía la piel de los pechos de su amiga hasta por fin encontrar sus pezones, Katya se arqueó gimiendo con fuerza. Raquel bajó la tira del vestido de su amiga. El virginal seno de Kathia salió de su vestido quedando a disposición de la boca de su amiga que los lamía con desesperación y luego sus manos volvieron a la entrepierna de Kathia, para luego subir y sentir la humedad de su amiga sobre su hilo, excitándose aún más.

- Está empapada Kathia - dijo Raquel, pero su amiga inocente no comprendió de lo que hablaba. Raquel comenzó a mover las yemas de sus dedos sobre el clítoris de su amiga. Kathia sintió una explosión de placer y gimió frenética, los dedos de Raquel dibujaban círculos sobre el hilo dental, sintiendo el calor y la humedad a través de la tela.

—¿Te gusta? —susurró y movió en círculo las yemas de sus dedos sobre la tela de la ropa interior de su amiga que gemía, se arqueaba desbordada

—¿Ves? —murmuró Raquel, aumentando la velocidad de sus dedos en su ritmo circular. Tu cuerpo ya sabe lo que quiere.

Katya no respondió con palabras. Sus caderas se movieron solas, empujando contra la mano, pidiendo más sin saber cómo.

Raquel con agilidad hizo a un lado la tela de la ropa interior de su amiga dejando expuesta su vagina a sus manos que no tardaron en navegar por los labios vaginales de Kathia que para este momento no podía más que dejarse llevar por el placer

Raquel entonces colocó la punta de su dedo índice en la entrada de la virginal vagina de su amiga, solo sintiendo su entrada, para Kathia una corriente de electricidad recorrió su cuerpo de pies a cabeza, Raquel dejó entrar solo la punta, abriendo la vagina de su amiga por primera vez al placer. Solo metió la yema y la sacó, Kathia no paraba de gemir, Raquel tomó aquello como un permiso para continuar y empezó a meter y sacar la punta de su dedo, el calor de Kathia estaba cerca al climax.

- ¿Te gusta K? ¿Quieres más? - preguntó Raquel

- Hazme lo que te de la gana - respondió Kathia entregándose por completo a su amiga, que unió un dedo más a al festín y luego más profundidad - Raquel, Raquel! - gritaba mientras las yemas de los dedos de su amiga entraban y salían de su vagina.

Raquel estaba ardiendo por los gritos y gemidos de su amiga, la sentía contorsionándose de placer entre sus brazos y mira a su amiga como hipnotizada, todo aquello le parecía un sueño erótico, su vagina estaba empapada.

- ¡Raquel! - gritó de nuevo Kathia y Raquel lanzó su boca sobre el pezón desnudo de su amiga, Kathia a su vez y por si misma se bajo el vestido hasta la cintura y puso su otro pecho ante la cara de su amiga para que lo lamiera también. Raquel sin pensarlo cumplió el deseo de Kathia y devoró otro el pezón de su amiga sin dejar de meter y sacar la yema de sus dedos de su vagina.

El toque de la lengua de Raquel en su pecho fue la gota que derramó el vaso y puso su mano sobre la misma que su amiga usaba para penetrarla y con un movimiento instintivo de sus caderas hundió los dedos de su amiga en su vagina y un grito de placer explotó en sus boca mientras el placer se desbordaba, el primer orgasmo de su vida había llegado gracias a los dedos de su amiga, ella temblaba mientras nuevas oleadas orgásmicas la sacudían sin soltar la mano de su amiga, ni permitirla sacar sus dedos, por fin la tormenta orgásmica de Kathia se detuvo y ella por fin abrió los ojos, encontrando ante ella el rostro de Raquel que no dejaba de observarla devorándola con la mirada. Kathia le regresó la mirada de deseo y la besó sumergiendo su lengua en la boca de Raquel como toda una profesional.

- Te enseñé bien - dijo Raquel al separar su boca de la de su amiga.

- Si y tu ¿Cómo te sientes? - preguntó Kathia susurrando

- Ocupo regarme como te regaste tu - dijo Raquel, se sentó sobre su amiga y se quitó la camiseta. Kathia quedó boquiabierta al ver los grandes pechos de su amiga desnudos ante ella, no sabía que hacer, pero el calor empezó a subir de nuevo en su interior. Raquel tomó las manos de su amiga y los puso sobres sus pechos.

- ¡Tócame! -rogó Raquel y las manos de Kathia apretaron los pechos de su amiga mientras ella empezaba a mover su cadera a delante y atrás. Kathia no comprendía aquel movimiento, pero le excitaba

Las manos de Kathia se movieron solas, como si todo su cuerpo hubiera despertado de golpe y ya no le pidiera permiso a la timidez. Sus dedos se hundieron en aquella carne abundante, suave y tibia, y un estremecimiento le recorrió la espalda al comprobar cuánto cedía bajo su presión. Los pezones de Raquel se endurecieron contra sus palmas, duros y urgentes, pidiéndole más. Raquel gimió, un quejido delicado que se le escapó desde el fondo del pecho mientras movía las caderas sobre el cuerpo de su amiga.

Kathia no lo pensó. atrajo a Raquel hacia ella y atrapó uno de esos pezones con los labios. Lo succionó con una fuerza instintiva que nació en su vientre, lamió la areola con la lengua y luego pasó al otro, mordisqueando apenas, probando la sal del sudor y ese sabor que era puro cuerpo de Raquel. Raquel gimió más fuerte, clavó los dedos en la almohada al tiempo que trataba de sujetarse y empujó su pecho contra aquella boca hambrienta de su amiga.

La oleada de deseo fue tan violenta que Kathia se irguió, puso las manos sobre los hombros desnudos de Raquel y la empujó hacia atrás. Raquel cayó sobre la cama, los pechos aún húmedos de saliva, los ojos encendidos, sin aliento. Sin dejar de mirar a Kathia, levantó las caderas y se bajó el short de licra de un tirón, rápido, desesperado. El aire caliente de la habitación se impregnó aún más con su olor a deseo adolecente.

Raquel abrió las piernas. Su vulva empapada brillaba con la luz que entraba por la ventana.

Kathia se quedó inmóvil unos segundos, bebiéndose la imagen, sintiendo que el corazón le golpeaba contra las costillas. Luego se deshizo de su propia ropa con prisas torpes, lanzando su vestido por sobre su cabeza como un cohete, y se tendió sobre Raquel con una decisión que no se reconocía a sí misma.

Sus muslos se enredaron con los de Raquel, y al sentir aquella humedad contra su piel, Kathia dejó escapar un gemido ahogado. Bajó una mano lentamente por el vientre de Raquel hasta alcanzar su sexo, y lo rozó apenas con la yema de los dedos, apenas para comprobar cuánto la deseaba. Raquel arqueó la espalda y buscó su boca en una mezcla de hambre y ternura que la desarmó por completo.

Todo el resto era puro cuerpo. Kathia se lanzó a besar a su amiga con la boca entreabierta, hundió la lengua en su boca, mientras son su mano repetía los mismos movimientos que hace solo unos minutos había aprendido de su amiga, saboreaba con su tacto el sabor de su vagina mientras Raquel se quebraba en un grito largo, estremeciéndose bajo ella como una hoja al viento.

Katya sin pensarlo metió dos de sus dedos en el interior de Raquel y miró excitada como su amiga disfrutaba, los metía y sacaba casi al ritmo que el cuerpo de su amiga le marcaba, aumentando gradualmente la velocidad mientras devoraba los pezones de Raquel quien abría cada vez más las piernas.

- Saca el juguete de la gaveta - pidió su amiga al borde del éxtasis y Kathia obedeció instintivamente, se deslizó sobre la cama mientras Raquel se metía los dedos en la vagina para no perder la excitación que sentía. Kathia abrió la gaveta de la mesa de noche de la cama y quedó helada con lo que encontró. Ante ella estaba un enorme pene de gel color rosa, Raquel no tuvo que decirle nada, ella supo que tenía que hacer y se deslizó de regreso sobre su amiga.

- Chúpalo primero, para que se humedezca - indicó Raquel y Kathia obedeció metiéndose el dildo en la boca tres veces, un sabor salado llegó a su paladar, supo que era el sabor de la vagina de su amiga y sin durarlo más lo llevó hasta la entrada de la vagina de Raquel y lo empujó lentamente hacia adentro.

Mientras el dildo entraba Raquel se arqueaba de placer y Kathia instintivamente se lanzó sobre sus pezones mientras comenzaba la faena de entrar y salir de su amiga con el juguete, cada vez más hondo, cada vez más rápido, cada vez con más fuerza, Kathia estaba como poseída por la visión de su amiga arqueándose de placer ante ella. Pronto el golpe de su mano con el juguete sexual contra la vagina de Raquel se escuchaba con facilidad, "Plof, Plof, Plof" sonaba mientras Kathia sacudía la vagina de Raquel.

- Más!, más K! Más duro! - rogaba Raquel entre gemidos que aumentaban de intensidad a cada nueva palabra.

Raquel se aferró a las sábanas, apretó los muslos no tardó en explorar de placer y una llovía de liquido emergió de su vagina, Kathia se sorprendió al verse bañada por los líquidos de su amiga.

- Calma - dijo Raquel explicando a su amiga - No es orina, es que me regué, es eyaculación femenina, es normal. Es que me cogiste demasiado rico perrita - y la atrajo para darle un beso intenso. luego ambas descansaron abrazadas un momento acariciando sus cuerpos desnudos, abrazadas, sudadas y en silencio, masticando el mismo asombro. Raquel rozó la mejilla de Kathia con los dedos.

- ¿Te gustó? - preguntó Raquel.

Kathia la beso de nuevo y le dijo:

- Es lo más delicioso que he hecho en mi vida. Gracias.

- Pues aún hay mucho que puedo enseñarte, esto es solo el principio.

Kathia se sonrojó y excitó a la vez, ¿Podía haber algo mejor que eso?

- ¿Cómo? ¿Puede ser mejor?

- Uy si, es solo el principio. Si quieres aprender, claro. ¿Quieres?

Katya miró a su amiga y excitada le respondió:

- Sí - y le besó de nuevo.

Raquel quería hacerle el amor una vez más a Kathia, su cuerpo se lo pedía, se había hecho adicta a su amiga, pero sabía que ya no había tiempo.

- Vistámonos, mis papás no tardan en volver - dijo Raquel mirando el reloj de su mesa de noche. Era increíble como había volado el tiempo entre gemidos.

Las chicas se levantaron de la cama y recogieron sus ropas, se miraban mientras se vestían aún excitadas, cuando Kathia inocente saltó con una duda.

- Raque... ¿Ya no somos vírgenes? - preguntó sonrojada.

- ¡Claro K! Esto es solo un juego. Para que perdamos la virginidad ocuparíamos a un hombre. Yo no tengo pene y el pene de goma no cuenta y ambas rieron, sabiendo dos cosas: esto esto era un secreto entre amigas y era solo el comienzo.