Después que mi madre y yo nos volvimos amantes, pasaron varios años. Hacíamos el amor casi a diario. Tomamos tanta confianza que nos contamos cosas muy íntimas.
A veces, para variar, no cogíamos en casa, sino que salíamos de la ciudad como a una hora en el auto y alquilábamos algún motel donde nos amábamos por unas horas y volvíamos a casa antes que mi padre volviera del trabajo.
En una de esas salidas, le pregunté si alguna vez había corneado a mi padre aparte de conmigo.
Me dijo que no, pero que antes de estar casada con él sí tuvo algunas aventurillas; incluso cuando estuvo ya de novia se daba alguna que otra escapada, pero después de casarse dejó de hacerlo para dedicarse a la familia.
Le pregunté con cuántos fueron y me dijo que eran 3 hombres con los que había estado antes que mi padre. No me quería decir quiénes fueron, hasta que finalmente me contó. Resulta que su primer hombre fue su primo Jairo. Lo que más me sorprendió fue que Jairo no solo era su primo, sino también el sacerdote que casó a mis padres, pues antes de ser sacerdote él fue muy mujeriego y, al ser un tipo con un buen porte, no le faltaban mujeres.
Fue él quien, en una noche de copas y cuando toda la familia había ido a una reunión social, la sedujo y desvirgó en su misma cama.
Ella me confesó que en ese momento era joven, virgen y escuchaba a sus amigas hablar detalladamente del sexo con sus amigos, por lo que ella estaba realmente siempre muy excitada, y aquel día Jairo fue el afortunado hombre que la bautizó. Me dijo que lo hizo muy bien; Jairo era todo un experto.
Esa misma noche la desfloró y también la convenció para que le entregara su virginidad anal; textualmente no dejó nada para otros: su inocencia sexual, anal, su primera mamada, la primera vez que le comieron la concha, su primer orgasmo.
Estuvieron después cogiendo por años; incluso cuando ella presentaba a algún enamoradito, él seguía cogiéndola clandestinamente. La moldeó a su gusto y siempre la cogió a pelo; miles de veces la tuvo rendida y depositó su hombría infinidad de veces dentro de ella.
Cuando ella se comprometió con mi padre años después, él ya era sacerdote pero seguía cogiéndola cada vez que él quería; ella simplemente no podía resistirse.
Bastaba que él la llamara, ella siempre estaba dispuesta; incluso fue él quien le dio su “despedida de soltera” mientras mi padre estaba en una fiesta de hombres haciendo la suya, hasta que finalmente los casó. Ella me dijo que era muy morboso para ella hasta el día de hoy cada vez que están en una reunión con mi padre y Jairo.
Ellos no han vuelto a coger ni hablar del tema y mi padre ni se imagina que ese sacerdote que tanto estima fue el que se benefició de su esposa antes que él.
Lógicamente, él sabe que ella no era virgen cuando lo conoció, pero no imagina quién fue el afortunado que tuvo a su mujer antes. Mientras me contaba, vi cómo le brillaban los ojos al recordar esos encuentros mientras sonreía de forma pícara.
Finalmente él fue destacado a otro país poco después que casó a mis padres y dejaron de verse; solo se veían en reuniones puntuales familiares, pero solo eso, no volvieron a tocar el tema.
Cuando pasó el tiempo, ella empezó a frecuentar la iglesia de otra zona; una vecina la metió a uno de esos grupos y mi madre se volvió de a pocos muy religiosa.
Pasó el tiempo; la relación de mis padres creo que siempre fue buena, pero como toda relación con los años, al parecer dejaron de tener sexo; ya ni en la misma cama dormían. Mi madre pasaba cada vez más tiempo en esa iglesia y esos grupos; incluso se iba dos hasta 3 veces al mes desde los viernes en la noche hasta el domingo en la noche a sus retiros de la iglesia.
Siempre iba con la vecina y volvían los domingos. Lo extraño era que ella no iba nada recatada como para un retiro; iba bastante bien arreglada, llevaba pantalones ajustados que dejaban ver su figura formada en gimnasio.
Valga decir que tenía un tremendo culo; no era voluptuoso, pero sí bien formado y puesto, bastante duro, se notaba el trabajo del gimnasio.
A su vez, ya habíamos dejado de tener nuestros encuentros íntimos; los juegos que tenía con mi padre durante años simplemente dejaron de ser.
Así que cierto día decidí seguirla a una de sus misas y me llevé la sorpresa de que mi tío Jairo había vuelto y era el sacerdote titular en ese lugar. Ahora entendía todo.
Lo más probable era que se habrían puesto a recordar viejos tiempos. Me quedé en el lugar hasta que todos se fueron; me quedé escondido en un confesionario.
Se quedaron solos ellos dos y pasaron a la parte de atrás, donde tenía su casa el cura. Esperé unos minutos y fui a donde estaban; no estaba con llave, así que pasé a la casa. Estaban en la habitación; textualmente se estaban comiendo, totalmente desnudos.
Hacía tiempo que no la veía desnuda y definitivamente se mantenía bastante bien. Él recorría sus piernas, sus nalgas, sus tetas, todo; ella se dejaba, estaba totalmente entregada.
Le ofrecía el cuello mientras él la besaba; él la penetraba una y otra vez sin ninguna contemplación. Ella abría las piernas lo más que podía, lo abrazaba con las piernas también; cuando él la penetraba ella lo agarraba de las nalgas y lo jalaba hacia ella. Se movían al mismo ritmo. Seguido él le puso las piernas en sus hombros; con las manos agarró la cabecera de la cama, ella se agarró de las sábanas y continuaron su movimiento frenético.
Se miraban a los ojos con furia y deseo. Minutos después, ella se volteó y se puso en 4; él la cogió de la cintura y empezó a bombearla de a perrito.
Ella se movía con mucha fuerza a su ritmo, hasta que en un determinado momento los dos empezaron a lanzar espasmos. Él la jaló de la cintura hacia él mientras la llenaba de semen; ella se contorneaba hacia arriba hasta que él terminó de llenarla.
Cayeron rendidos, ella boca abajo, él encima de ella, totalmente desnudos. Fue una escena muy excitante y morbosa.
Estuvieron conversando unos minutos, cuando él le agarró el culo y metió su boca entre sus nalgas; le estaba preparando el culo. Ella se retorcía de placer y después de unos minutos ella se puso de rodillas con la cara en la sábana.
Él apuntó con su miembro la entrada de ese rico culo y empezó a presionar hasta metérselo por completo. Ella no se quejó; lo recibió todito y cuando estaban metidos sus aproximados 18 cm, él le dijo “este culo siempre será mío”. Ella le respondió “sí, todo tuyo, jamás ha entrado nadie más que tú ahí, ni mi marido”.
Él se sonrió con mucha malicia y empezó a meter y sacar sin ningún reparo. Ella no decía nada al inicio; después le dijo que desde esa última vez que se vieron en su despedida de soltera, lo había guardado solo para él. Cogió una almohada, la mordió; él seguía bombeándola. Ella se retorcía y arañaba las sábanas hasta que finalmente terminó llenándole ese culito de semen; terminó todo adentro.
Se volvieron a acostar; yo salí del lugar muy sigilosamente. Una hora después llegó ella a la casa, saludó a mi papá de lo más normal, igual que a mí, y se retiró a su habitación.
No pude evitar mirar ese rico culo; se contorneaba y se movía sensualmente mientras caminaba.
Recordaba cómo horas antes había sido cogido ferozmente. Mi padre leía su periódico sin sospechar nada y yo estaba con las ganas de poseer ese rico culo que se manejaba.
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