Después de aquel loco fin de semana, volvimos a Alicante. La relación con José era una tensión palpable. No hablamos de lo sucedido, pero estaba claro que a mí me había cambiado; el sexo duro, la cocaína, la traición... eso era lo real. José, por su parte, seguía en su rutina de vendedor, ignorando la hemorragia de nuestra vida.

Su única reacción fue una propuesta desesperada: "Al siguiente fin de semana que podamos, quiero volver a la disco de Toledo. Voy a hacer lo que no pude hacer: te vas a tragar mi polla con la cocaína." Yo le dije que sí, sin más detalles. Su necesidad de redimirse con el mismo acto que lo había humillado era patética.

La Llamada y la Propuesta

A mitad de semana, mientras José se había ido a Valencia a trabajar, tuve una llamada extraña.

— ¡Hola! ¿Cómo estás? Vaya finde que te has pegado, ehhh...

Me mosqueé, pero enseguida me dijo que era Pedro del Moral, el DJ.

Estuvimos charlando. Me dijo que estaba por Alicante, había tenido un evento y mañana se iba. Estaba en el centro y me propuso tomar algo y vernos. Yo estaba aburrida, y la idea de ese riesgo nuevo me atrajo como un imán. Accedí.

Me puse mi uniforme de provocación: una blusa blanca ajustada con un escote que no dejaba dudas, una falda mini negra con vuelo, y mis tacones.

Llegué al bar. Pedro estaba sentado en la terraza. Me saludó con la cordialidad superficial de quien tiene acceso a todo. Me propuso entrar a tomar una cerveza.

💰 La Semilla del Vicio

Estuvimos charlando. Me contó sus proyectos; se veía un hombre de mundo, de negocios sucios y fiestas interminables. Fue entonces cuando soltó la bomba, casualmente: me comentó que en ciertas discotecas se podía trabajar de "gogo pro".

— Es como ser gogo, pero más... personalizado. Te puedes sacar muchos euros complaciendo a clientes de élite, Naomi, sin mucho esfuerzo.

Lo que venía siendo prostituta de lujo, pero llamado de otra manera. Solo le escuché, pero la idea se grabó en mi cabeza. El dinero, el lujo, el acceso a ese mundo de poder...

Mientras la conversación fluía, bebíamos muchas cervezas. No sé en qué momento exacto empezó, pero noté sus manos en mis brazos, mis piernas. Era sobón, sí, pero su contacto era una promesa de algo más grande.

Con disimulo, me metió la mano debajo de la falda. Estábamos en una mesa apartada y me dejé hacer. Sabía tocarme bien, y por instinto, correspondí sobándole el paquete. Estábamos los dos hirviendo de deseo.

🚽 El Baño y el Enganche

Mi sorpresa vino con la orden al oído: "Ahora vamos a ir al baño. Y me la vas a chupar. ¡Ya!" Eso me excitó de una manera que no pude contener.

Fuimos al baño de hombres. Entramos en el único cubículo. Sin hablar, me hizo arrodillarme. Se sacó la polla y me la metió en la boca. Empecé a mamar despacio, disfrutando del acto. Después se sentó en el váter y yo seguí mamando. Cada vez fue más intenso, hasta que se corrió. Me excitó muchísimo su brusquedad.

Salimos del baño, pagó y me dijo: "Vamos a mi hotel." Yo ni lo pensé.

📞 La Penetración de la Traición

El hotel era lujoso. En el ascensor, la paliza de besos y sobeteos fue fuerte. Apenas entramos en la habitación, me tiró encima de la cama y me comió las tetas, el coño, con la profesionalidad del que ha hecho esto miles de veces. Al rato estaba abierta de piernas y él encima, follandome de manera brusca. Yo creo que había tomado demasiadas cervezas y me dejé hacer, anhelando la sensación de ser usada.

Después de un rato, me dijo que se la chupara. No tenía la polla muy grande, pero sí era gorda. Y luego vino la orden final: "Quiero follar el culo, Naomi. Esta vez, sí."

Me puse de pies y me arrodillé en un sillón, él se puso detrás y empezó a penetrarme el culo despacio.

Fue en ese momento cuando mi teléfono sonó, encima de la cama.

— ¡Joder! — Era José.

Pedro me dijo que lo cogiera. Yo, con la polla de Pedro entrando en mi culo, hablé con José de cuándo llegaba de Valencia.

Cuando colgué, miré a Pedro. Le dije que era un cabrón. Él sonrió, y como respuesta, me dio bien duro, aumentando la velocidad de la penetración anal. Me encantó la follada de culo.

Antes de correrse, me dijo que me diera la vuelta y me echó todo el semen en la cara. Me supo de semen hasta el pelo.

Me gustó. En ese momento, entendí que no podía volver a la vida de José. Tenía que ver la posibilidad de trabajar de "gogo pro".