Terminé mi trabajo antes de lo previsto, eran las doce del mediodía, decidí regresar a casa, me sentía un poco cansado y solo quería tomar una ducha y recostarme, conduje hasta casa, subí a mi habitación, me desnudé y me metí a la regadera, apenas me estaba mojando, cuando entró melisa al baño.
Melisa- papá me puedo bañar contigo, estoy muy pegajosa, y sucia.
Yo- ¿que no estabas en la escuela?, que haces aquí.
Melisa- pues, tenía libre, solo iba a presentar un examen, me puedo bañar contigo.
Yo accedí, ella se desvistió enfrente de mí, y sin problemas entró en la ducha conmigo, me estaba bañando tranquilamente, cuando ella se empezó a acercarse más a mí, al grado que rosé con mi miembro sus glúteos, en ese momento, el agua fría de la regadera se volvió caliente, la sensación de satisfacción subió por mi cuerpo, una ola de lujuria llenó mi mente, no había sentido algo así desde samanta, en mi mente solo rodaba un pensamiento de placer, sin contenerme comencé a excitarme, una erección invadió mi miembro, el agua corría por mi cuerpo, el aire se volvió tibio, de pronto se volteó melisa, se percató de mi erección, y se rio, diciendo, papá nunca lo había visto así, miré mi pene, estaba enorme, recto y largo, pero a melisa no le importó, ella siguió bañándose, en tan solo un segundo la observé de manera diferente, una chica de dieciocho años, delgada, de 1.60 de estatura, con curvas espectaculares, una espalda muy bonita, que se desvanecía con su cadera, unos glúteos muy hermosos, pequeños y redondos, nunca había visto a mi hija de esa manera, pero en el momento en que ella rosó mi miembro, las cosas cambiaron, melisa la más pequeñas de las tres, la estaba mirando de manera diferente, ya no como mi hija, si no como mujer que era, con un cuerpo hermoso, delgada, de tez clara, una carita que parecía muñequita de porcelana, cabello lacio largo, unos pechos pequeños muy lindos, mi hija me miró y me dijo.
Melisa- papá, estas bien.
Yo- sí, por qué.
Melisa- porque te quedaste muy quieto, y tu pene está recto y enorme.
Yo- estoy bien.
Melisa- ¿seguro?, porque se puso así, me estás viendo atrás, jajaja, papá siempre las has visto, porque ahora tienes una erección.
Yo- no sé, tú tienes la culpa por las nalgas que tienes.
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