Una noche de trabajo me quedé dormido y empecé a soñar que estaba en una casa y de pronto pasó mi esposa agarrada de manos con un viejo de aproximadamente 65 años. Ella me hizo un gesto con la cara como que voy a hacer. Pasaron una cortina. Los seguí, pero desaparecieron. De pronto, continuando con la búsqueda, los encontré a los dos: el viejo sentado y ella montada arriba de él, desnuda y metiéndose el pene del viejo, que tenía como 20 centímetros de largo y como 10 de ancho. El viejo estaba chupando aquellas tetas que yo chupo. Le tenía las tetas llenas de saliva y, al ver la parte de atrás de mi esposa, se veía inmenso aquel trasero moviéndose con rapidez. Ella está jadeando de lo que estaba disfrutando. Vi cómo le tenía el machete al viejo lleno de baba del ano, como si hubiera acabado. Yo quedé pasmado pensando que ella nunca había hecho eso conmigo. Me imagino que cuando vio el pene del viejo se excitó tanto que quiso metérselo por allí. Yo me hice ver con ella y ella me dijo: «Papi, qué rico». Me dijo que se lo metiera también. Entonces saqué mi verga, que estaba hinchada y con baba. Me paré atrás de ella. Ella procedió a sacarse la verga del viejo y se la metió en su vagina, agarró mi verga y se la puso atrás. Yo procedí a metérsela en el culo con aquellas ganas. Le entró directo, ya que la verga del viejo le ensanchó el culo, pero lo tenía caliente. Le dimos los dos una arremetida por delante y por detrás como de 10 minutos hasta que acabamos los dos. Ella abría los dedos de los pies de lo que estaba disfrutando. Se tiró hasta un pedo. Quedó tirada en la cama con los pies abiertos y relajada. El viejo se metió su verga en el pantalón, le mamó la teta la última vez y se fue. Yo quedé con ganas de nuevo, por lo que le hice un sándwich en el ano y le volví a acabar. El culo le quedó como un túnel.
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