Soy Carla, rubia, 1'56, 45 kg, pecho una 90, cuerpo atlético, culo chico y coñito depilado. Bueno, os explico qué pasó.

Fuimos ayer a la final, nos sentamos encima de donde entran al vestuario.

Yo llevaba short apretado corto rojo de España, sin bragas, se me metía en el culo y la raja, camisa de España apretada sin sostén también.

Empezó el partido y animábamos. Llegó la media parte y ganaban por un gol.

Me puse de pie donde entran y me quité la camisa con un dedo en la boca y apoyada al muro en pompa.

Les dije:
—Si ganáis, os enseño el pepe.

Se reían y señalaban, pero los dos equipos fliparon.

Salía en todas las cámaras de las pantallas, pero me dio igual.

Comenzó la segunda parte y ganaron dos a cero.

Al venir yo ya tenía el short quitado. Entraban cantando y me decían:
—Vente, rubiaaaa.

Le dije a mi marido que iba a buscar un lavabo y bajé. Escuché ruido de celebración y entré.

Gritaron:
—¡Ha venido la rubia!

Me cogieron en alto y me desnudaron en el aire. Movían botellas de cava y me las metían en el coño. Qué gustazo al entrar y al salir. Bebían de mi coño y me lo comían. Un delantero me giró el cuello y no paraba de morderme. Se ve que le ponía. Eso me besaba con lengua todo el rato. Otros me comían los pezones mientras los que bebían se turnaban.

Me agacharon y se desnudaron y empecé a chupar sin parar todas. Me pusieron en pompa contra las duchas y se turnaban. Tenía todos los agujeros llenos y en el coño dos. Yo gritaba como una loca. Me llenaron de leche, pero luego me duché con ellos. Me dejaron jabón y ellos me lavaban y el de los besos volvió. Me besaba mientras me duchaba.

Me fui. Salí, todos me dijeron adiós y gracias.

Escuché peleas en otro vestuario y entré. Todos dejaron de pelearse, los argentinos. Me desnudé.

Dice uno:
—Vamos a descargarnos con la bolsa.

Qué cachonda que me hablaran así.

Vaya quilombo se va a montar.

Me fui para un mediocampista que estaba desnudándose en el banquillo. Me agaché y le cogí la polla y empecé a comérsela mirándole. Se corrió en mi boca.

Se animaron todos, pero me follaron muy extremadamente agresivos del cabreo que llevaban. Me obligaban con la mano a hundir la cabeza y dar arcadas. Comiéndose me azotaban la cara y el culo y dándome caña. Se corrió todo el equipo en el culo y coño y me decían:
—Pa que te lo lleves para casa.

Me dieron como dos tapones para que no se saliera y se lo llevara a mi marido. Me dieron las gracias por animarlos y me fui con mi marido y nos fuimos para casa. Al llegar a casa me desnudé. Me empapé él mirando y me quité los tapones. Aquello parecía unas vacaciones, no paraba de salir. Y le digo:

—Cómo me gusta el fútbol, cariño.