Desvirgado por el padre y tío de su amigo V
Así fue como, Nando, un joven adolescente después de ser desvirgado y follado por el padre y tío de su mejor amigo, se convierte en la putita de ambos sementales.
Relatos eróticos sobre sexo anal
Así fue como, Nando, un joven adolescente después de ser desvirgado y follado por el padre y tío de su mejor amigo, se convierte en la putita de ambos sementales.
Así fue como, Nando, un joven adolescente fue desvirgado y follado por el padre y tío de su mejor amigo.
Estábamos terminando de recoger los documentos, cuando Oscar, llamaba por teléfono diciéndole a su hermano Mario, que tardaría más o menos una hora en llegar, que ya se encargaba él de llevar la comida para la cena, que ya la había encargado, así que no nos preocupáramos, que de eso ya se encargaba él.
Así fue como, Nando, un joven adolescente fue desvirgado y follado por el padre y tío de su mejor amigo.
Así fue como, Nando, un joven adolescente fue desvirgado y follado por el padre y tío de su mejor amigo Bufff, no podía creerlo, el padre de mi mejor amigo me estaba tirando los tejos, me decía que le gustaba mi culito y que lo ponía cachondo. Dios, si supiera las pajas que me había tirado a costa suya, seguro que me quitaba allí mismo el bañador y me daba una follada que no iba a olvidar en mi vida.
Yo no le sacaba la vista a la polla de aquel viejo, veía cómo se tocaba la verga acariciándosela. Me fijé que no estaba meando, tenía la polla medio morcillona y no dejaba de acariciar la verga mirando para mí, escaneándome de arriba abajo.
Partimos el sábado por la tarde como habíamos quedado, de Ciudad de México a Puebla no era mucho tiempo, si bien con algunas paradas en la autopista tardamos más o menos dos horas.
Mi primera experiencia sexual con un chico.
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Víctor, amigo de mi padre, mi iniciador, me desvirga, me preña y me hace suyo,
Este es el relato que un lector me pidió que escribiera, de cómo desvirgó e hizo suyo a un jovencito vecino, preñándolo por primera vez en su debut en el sexo.
Sabía que aquel jovencito andaría caliente, con ganas de sexo y solo era cuestión de darle un pequeño empujoncito. Había visto unas casas abandonadas a medio derruir cuando lo seguía, y allí era a donde lo iba a llevar si aquel jovencito decidía seguirlo.
Por aquel entonces contaba 19 años, iba al instituto Eusebio da Guarda, eran clases para adultos, muchas veces en lugar de acudir a clase, lataba, otros llamaréis hacer pellas, en fin, la cosa es no acudir a clase. Lo que hacía era ir por La Coruña a beber, fumar, jugar al ajedrez, en fin, ir de rumba todo el día, hasta que llegaba la noche que era cuando me iba a la estación de autobuses para coger el coche de línea e irme para mi casa.
Al fijarme más en él, pude apreciar que me estaba haciendo señas y bufff, el cabrón tenía la polla de fuera, menuda tranca que se le podía apreciar, era bien larga y ya la tenía bien tiesa, se la estaba acariciando con la mano a la vez que la exhibía para que se la pudiera apreciar.
Me llamo Miguel ángel, soy gay, aunque en mi familia no saben nada de mis gustos sexuales, o al menos eso creo. Estando de visita en Bogotá, acudí a una sala gay, donde además de sauna, cuarto oscuro, etc. Aquel día había un espectáculo de estriptis, del que fui algo más que un simple espectador.
Salido y caliente como estaba, aquel sábado vuelvo a la taberna de Bernardino, donde vuelvo a ser enculado por el tabernero y su amigo.
Había subido al vehículo del amigo del tabernero, se había ofrecido a llevarme después de haberme follado junto a su amigo, y ahora después de dudar un poco, había aceptado a ir con él a su casa. Me había invitado a beber algo y pasar un buen rato junto a él.
Que, cuanto tiempo sin venir por aquí, ¿eh? Me decía echando su mano a mi entrepierna, empezando a palparme la polla y genitales, a la vez que me preguntaba si ya no me gustaba fumar puritos. Que, cuanto tiempo sin venir por aquí, ¿eh? Me decía echando su mano a mi entrepierna, empezando a palparme la polla y genitales, a la vez que me preguntaba si ya no me gustaba fumar puritos.
Espera un momentito que estoy apurado, me decía metiéndose en el aseo. Vi cómo entraba todo apurado al aseo, a la vez que se iba levantando el pequeño mandil que llevaba puesto por encima del pantalón.