Con una sobrina, hija de mi hermano mayor, una tarde cuando la encontré desnuda con las piernas abiertas y los ojos cerrados mientras se estaba metiendo los dedos adentro, no pude controlar lo caliente que me había puesto al ver semejante visión. Y más aún cuando abrió los ojos y me miró con la cara de pervertida que yo jamás la había visto hacer. Sin dejar de seguir metiendo sus dedos, me dijo que me estaba esperando porque su papá le había dicho que yo iba a llegar a su casa y que me dijera que lo esperara un rato más porque tenía que hacer un mandado de su jefe.

Que no iba a desaprovechar esa oportunidad que siempre había estado esperando y deseando desde que se enteró de que yo me había separado de su tía, y que quería que yo fuera el que le diera su primera vez y la hiciera mujer. Yo no me podía acordar de dónde mi sobrina había sacado semejante cuerpazo; ya era toda una mujer. Por un instante, mi sentido de que no estaba bien me hizo dar la vuelta y salirme de la casa de mi hermano, cuando escuché que me decía:

—Tío, te prometo que no se lo voy a decir ni contar a nadie. Y no quiero que nadie más que tú seas el primer hombre en estar aquí dentro de mí. Olvida por un rato que soy tu sobrina y tú mi tío, y hazme sentir una mujer de verdad. No te preocupes por mi papá, tenemos más de dos horas. Y si tú, después de darme lo que te estoy pidiendo, no lo quieres volver a hacer de nuevo conmigo, también te prometo que no te voy a volver a molestar ni a hablar nunca de esto. Quiero darte esto porque esta oportunidad no la voy a tener, ya que mi papá me dijo que te quieres ir a trabajar lejos de aquí.

Yo estaba teniendo la peor y más grande batalla dentro de mi cabeza. Por un lado, me decía a mí mismo que no estaba bien y que me fuera inmediatamente de la casa de mi hermano. Por el otro lado, mi palo prácticamente me gritaba: “Ya méteme ahí de una buena vez, por el amor de Dios”. Tanto que no sentí en qué momento mi sobrina se había levantado y ya tenía mi pantalón y mi bóxer en los tobillos, y mi tranca hasta el fondo de su garganta. Sin darme tiempo de nada ni para reaccionar, me jaló hacia abajo hasta dejarme boca arriba sobre el piso de la sala y me montó. Con una de sus manos agarró mi pene y se lo puso en la entrada de su cueva, que ya estaba más que mojada. Como pensando que no la iba a dejar terminar de hacer lo que quería, no le importó que todavía estuviera virgen. De un solo empujón, dejando mi punta con la cabeza empezando a entrar en medio de sus labios, vi cómo tomó aire y, sin pensarlo dos veces, se dejó caer con todo el peso de su cuerpo. Hasta a mí me dolió cuando sentí que había llegado hasta lo más profundo del vientre de mi sobrina. Ella pegó un grito de dolor y había empezado a llorar. Yo me quise levantar para ver qué tanto la había lastimado, pero ella no me lo permitió porque me apretó mucho más fuerte con sus piernas y me pidió que por favor me quedara quieto y no me moviera para nada. Que no me preocupara porque había sido su culpa, ya que pensó que yo ya me iba a levantar y no la iba a dejar terminar lo que ya había empezado. Por eso no quiso esperar a meterlo despacio; para darme su virginidad se había lastimado ella misma y de paso a mí también.

Yo, al darme cuenta y sentir mi verga completamente enterrada bien adentro de mi sobrina, ya no me estaba importando demasiado que la mujer que tenía mi verga hasta el útero fuera la hija de mi hermano mayor. Solo estaba viendo a una mujer muy caliente y con el cuerpo más delicioso que pudiera haber tenido. Cuando de repente me doy cuenta de que mi sobrina se había empezado a mover primero bien despacito, de lo apretada que estaba, yo perdí cualquier sentimiento de moralidad. Por ver cómo la mujer que tenía montada encima de mi verga era mi sobrina, me dejé llevar hasta donde a mi sobrina le dio la gana. Hasta perdí la cuenta de las veces que me hizo venirme dentro de ella, hasta que ella misma se fijó en la hora que era y que su papá, o sea mi hermano, tal vez ya venía en camino para su casa. Pero no se detuvo hasta que me volvió a hacer venir una última vez dentro de ella. Luego me limpió todo con su boca y su lengua. Antes de que se fuera al baño a vestirse, me dijo que no se iba a bañar hasta el día siguiente porque quería dormir oliendo a su tío y con la vagina llena de la leche de su tío favorito. Me volvió a decir que no me preocupara por nada, que nunca nadie lo iba a llegar a saber jamás, y me prometía que si me había gustado cogerme a mi sobrina, ella con todo el gusto del mundo iba a ser la putita de su tío. Y si se llegaba a quedar embarazada, le iba a echar la culpa al primer chamaco que quisiera ser su novio.

Hasta la fecha aún seguimos teniendo relaciones mi sobrina y yo, porque cuando terminó la prepa yo me la traje, con el permiso de mi hermano y mi cuñada, a estudiar la carrera. Porque por pura casualidad encontré un trabajo y empecé a rentar una casa cerca de la escuela donde estaba por empezar a entrar a estudiar su carrera mi sobrina. Y para que no tuviera que rentar y ahorrar mucho dinero para mi hermano, la traje a vivir conmigo. Sin ninguna pena ni vergüenza, me gusta y me pone muy caliente cuando me dice: “Así, tío, dame más duro. Quiero sentir tu leche caliente dentro de mí”. Y no le tenemos que dar explicaciones a nadie aquí en donde estamos, porque nadie nos conoce ni siquiera se puede imaginar que la mujer que me coge de día o de noche es la hija menor de mi hermano mayor.

Espero les guste.