Había salido a dar un paseo ya al caer la tarde, el momento en que refresca algo después de un día caluroso. Caminaba sin rumbo de un sitio a otro, simplemente paseando. Sin quererlo llegué hasta el parque de Pradolongo, ni sabía que hubiera allí un parque. Decidí entrar y dar un paseo, miré en el mapa de Google en el teléfono y me adentré en el parque, ya oscurecía, pero había farolas por doquier, mucha gente paseando con sus mascotas, niños jugando, otras personas corriendo. En resumen, un sitio agradable.

Entré en el parque con la misma intensión con la que había estado antes, pasear, descansar, disfrutar de la brisa. Fue entonces cuando me llamó la atención ver a un tipo recostado a un muro, detrás de los bancos. De lejos llamaba la atención, rapado, barba tupida, camiseta pegada al cuerpo, vaqueros. Fumaba con los brazos cruzados, cogía el cigarrillo con una mano para soltar la bocanada de humo y volvía a cruzar los brazos. Cuando pasé a su lado nos miramos, un escalofrío me corrió por la espalda. “¡Joder, qué tío!”, me dije para mis adentros. Antes de que quitara yo la vista, él con una mano se agarró el paquete del pantalón en abierta insinuación para que viera su sexo. Caminé unos metros sin saber por qué lo hacía, me detuve y me volví a mirarlo. Me miraba fijamente, fue y se sentó en el banco más alejado de la luz de la farola y me hizo señas de que me sentara a su lado.

No lo niego, fui temblando como un adolescente. Llegué al banco, todavía indeciso, pero a la vez deseando todo.

Anda, siéntate un rato. - me dijo con un vozarrón enorme, pero sonriente. Yo obedecí, me senté a su lado, miré alrededor desconfiado. - Nadie va a ver nada, no seas miedoso. - me calmó.

Mientras hablaba con un movimiento rápido se había sacado la polla dejándola al descubierto. Me quedé mirándola, gruesa y oscura. El cigarrillo le colgaba de los labios, dejaba escapar el humo pausadamente. Me miraba fijamente.

  • ¿Qué? ¿Muy grande para ti? - recalcó con lascivia mientras se acariciaba el sexo erecto. Alargué mi mano para cogerla, el tacto era agradable, el suspiró cuando mi mano cogió su polla dura.
  • Estás muy cachondo. - pude decir mirándole a los ojos. Me sonrió, me atrajo hacia sí y me besó.
  • ¡Anda, nene, chúpamela un rato! ¡Es toda tuya! - me susurró al oído

Le hice caso, me encorvé y empecé a chuparle la polla en el parque. Costaba trabajo metérmela en la boca por lo gruesa, pero yo hacía lo mejor para poder tragarla. Eso sí, tengo que reconocer que me gustó su sabor y olor, muy limpio y eso ayuda mucho. Al rato me apartó, alguien se acercaba. Disimulamos un poco, pasó un señor con su perro sin mirarnos siquiera.

  • ¿Te gusta? ¿Quieres seguir chupándomela? - me preguntó acariciándome la nuca. No tuve que responder porque bajo la presión de su mano bajé para seguir comiéndole la polla. Al rato metió su mano en mi pantalón buscando mi culo, metió un dedo. - ¡Joder, qué culazo tienes! - dijo casi a voz de cuello.

Al rato se levantó y se plantó frente a mí blandiendo su polla, me la metió en la boca y empezó a follarme la boca agarrando mi cabeza. Me provocó arqueadas, las babas se me salían. Me dio un respiro, pero si soltar mi cabeza.

  • ¿Quieres mi lefa? ¿Dime, la quieres?

Yo asentí con un movimiento de cabeza y él no perdió tiempo. Estando sentado la polla no parecía tan larga, solo gruesa, pero de pie sí pude comprobar que era larga y gruesa, en fin, grande. Me folló con fuerza sin hacer caso a mis arqueadas, las babas me caían por la barba, pero no se detuvo hasta correrse. Sentí que presionaba sus manotas, que rugía y un chorro caliente bañó mi garganta. Yo tenía solo una opción, tragarla y lo hice. Cuando la sacó, me tomó el mentón prendió el encendedor para ver mejor, abrí mi boca para que viera que me la había tragado. Su cara dejó escapar una sonrisa de satisfacción, yo tomé con una mano su polla y la lamí con cariño. Seguía teniéndola dura, me gustaba mucho y sabía que lo que estaba haciendo le gustaba más a él.

Se volvió a sentar en el banco, encendió otro cigarrillo y me ofreció uno que negué porque no fumo. Estuvimos un rato mirándonos, sonriendo por lo que había pasado.

  • No te voy a preguntar si te gustó porque lo he visto bien. - me dijo sonriente... ¡Uf!, me has dejado seco!
  • ¿Y a ti, te gustó?
  • ¿Y me lo preguntas? ¡Joder, tío, que chupas de maravilla! Eres un profesional.
  • Bueno, tú no te quedas atrás. - agregué - Me follaste la boca a lo macho.
  • ¡Y te gustó! - soltó una carcajada estrepitosa. - ¡Y me gustó a mí! Oye, ¿y seguro que no te opones a que te folle el culo?
  • ¿Qué tú crees?
  • Creo que no me equivoco, que te gusta y mucho porque cuando te metí el dedo, soltaste un gemido y eso dice que te gusta. - dio la última bocanada al cigarrillo y lo apagó contra el banco antes de tirarlo. - Me gustaría follarte ese culo y darte caña como a ti te gusta, ¿verdad?
  • Sí, no te voy a negar que me gusta.
  • ¡Joder, no sigas que se me pone dura de nuevo!
  • Pero si no se te ha bajado, la tienes igual de dura. - dije apretando su polla por encima del pantalón mientras lo miraba a los ojos. - ¿Y qué pasaría entonces?
  • ¡Cojones!, ¡qué caliente me has salido! - casi brincó del banco, se puso de pie. - ¡Ven, ven, vamos detrás de esos matorrales que te la voy a meter para que sepas lo que es bueno!

Nos fuimos detrás de unos matorrales, allí había bastante oscuridad. Me bajé los pantalones y le ofrecí mis nalgas. Él se agachó para acariciarlas, besarlas, morderlas.

  • ¡Oye!, eso sí, no tengo lubricante ni condón. - me dijo serio.
  • Me he tragado tu lefa ya. - le respondí.
  • Pues a pelo, machote, y con saliva. ¿La podrás aguantar? - me peguntó.
  • Tú inténtalo, es solo meterla. - le alenté yo.

Eso le dio bríos, empezó a escupir y ensalivar mi ojete para lo que se avecinaba. Metió sus dedos para dilatar y escupió bastante, se levantó y me puso la punta.

  • Ahora te la meto, aguanta un poco.

Sentí como se abría mi culo dejando paso a su polla, sentí un escalofrío, un dolor eléctrico que me invadió, abrí la boca para soltar un gemido, rápido se encargó él de tapar mi boca con su mano. La metió directo hasta atrás, sentí como se me aflojaban las piernas al sentirme taladrado así. Pero sabía lo que hacía, se quedó quieto, quitó su mano de mi boca.

  • Te dije que aguantarás un poco, ahora respira, respira y deja que dilate tu culo. - me besó. Yo seguía jadeando. - Deja que tu esfínteres se adapten a lo que te he metido, yo sé lo que te digo, yo espero. Cuando estés relajado me lo dices y te follo.

Me sorprendió que usará un lenguaje tan poco común, me pasó por la mente que fuera médico o algo por el estilo. Estuvimos así uno o dos minutos, empecé a sentirme mejor y apretando el culo le dije:

  • ¡Ya!, ¡ya puedes follarme!, ¡fóllame, fóllame!

Así fue el comienzo de aquella follada al aire libre, en un parque, casi a la vista de todos. Se movía bien, suave al principio, duro a veces, me daba nalgadas, me besaba.

  • ¡Joder!, ¡qué culo tienes, tío! - me decía.

Hablaba muchas cosas, gruñía, resoplaba y seguía follándome sin soltarme. Estuvimos bastante tiempo follando, cuando se fue a correr apuró sus movimientos.

  • ¡Te voy a llenar el culo de lefa, maricón!

Se corrió dando resoplidos.

  • Ahora hazte una paja antes de que te la saque. - me ordenó.

Le hice caso, me corrí en nada. Cuando me incorporé, me subí los calzoncillos y los pantalones, miré su polla grande, se la acaricié, él me dio un pañuelo de papel para que se la limpiara, lo besé mirando su cara de satisfacción.

Salimos caminando rumbo a la salida del parque. Había poca gente, yo estaba flipando con todo lo que había pasado.

  • ¡Me llamo Juanjo! - Me dijo de pronto. - ¿y tú?
  • Yo, Roberto. Un placer, Juanjo. - sonreí con malicia. - Hemos empezado al revés.
  • Empezamos bien, como me gusta empezar y seguro que a ti también. Oye, ¿cómo te sientes? ¿No te hice daño?
  • Bueno, no, todo bien. Claro, esa polla es de respeto, cuando me dijiste que aguantara no pensaba que sería tan a lo grande.
  • De respeto es ese culo que tienes, joder tío, te la metí toda y con saliva, uf, qué morbo. ¿Sabes? Pocos se atreven a ponérseme delante en cuatro para que me los folle y así, pues, macho, te llevas el premio.
  • Pues los dos contentos y satisfechos. - le dije.
  • Mucho, tío, mucho. - me abrazó para decirme al oído - Lo que más gusta es que te vas con mi lefa dentro.
  • Sé guardarla bien.
  • Primero te la tragaste de glotón, después te pusiste el calzoncillo sin echarla. Te la llevas en ese culo.
  • ¿Preferirías que la hubiera echado? - le pregunté sabiendo la respuesta.
  • Joder, no me calientes más, que me vuelve loco que te vayas con mi leche. Saber que vas preñado, que tienes el culo lleno de mi lefa...uf, ¡qué pasivazo!

Llegamos a la calle, nos detuvimos.

  • ¡Mira, yo tengo que seguir camino al trabajo! Aquí tienes mi número, dame el tuyo. - le dicté mi número. - Después nos escribimos y a ver si nos damos el gusto como Dios manda en una cama. ¿Qué me dices?
  • Sí, sí, quiero y si tú lo deseas, mejor.

Nos despedimos con otro abrazo y beso incluido, él aprovechó para decirme.

  • Cuando llegues a tu casa, hazte una foto de ese culo chorreando mi lefa, mándamela por WhatsApp. Me lo prometes. - le dije que sí.

Él fue a buscar su coche y yo tomé rumbo a mi casa. No había caminado ni dos manzanas cuando recibí un mensaje de Juanjo.

  • Me tienes loco, no voy a poder concentrarme hoy. - Acompañaba el texto una foto de su paquete.

Durante la noche intercambiamos algunos mensajes, yo cumplí con lo que le había prometido. Me hice las fotos de mi culo chorreando su lefa, le mandé tres fotos para animarlo más. Me llamó enseguida de recibirlas.

  • ¡Abusador, abusador! - comenzó diciéndome. - ¡Joder!, tío, que con la oscuridad no lo vi bien. ¡Uf!, ¡te lo dejé bien follado, se ve que te acabé de dar caña!
  • ¿Te gusta?
  • He salido un momento a fumarme un cigarro, oye, quiero tenerte y quiero ver a la luz ese ojete recién petado por mí. ¿Me vas a dar ese gusto? Dime que sí, dime que sí...
  • Cuando quieras, dime tú cuándo...
  • Mira salgo del trabajo a eso de las seis, te mandó la dirección y me esperas a eso de las siete. ¿Puedes?
  • ¡Vaya, madrugador!
  • Trabajo toda la noche, estaré molido, pero sacaré fuerzas para preñarte de nuevo... ¿Vas a venir?
  • Sí, claro, allí estaré.
  • Te daré una perdida a eso de las seis, vamos a desayunar juntos en mi casa. Te voy a dar tu leche...

Después colgamos y me dedique a pasar el tiempo, cenar algo, ver la tele y acostarme a eso de las diez porque el día siguiente parecía prometer cansancio. Dormí bien, como una piedra hasta las seis cuando sonó el teléfono. Me preparé y salí de casa con el fresco matinal. En el teléfono tenía la dirección que me había mandado, cogí el metro y fui dos estaciones. Encontré el edificio sin dificultad. Llamé al telefonillo, escuché su voz ronca, me abrió y subí a su piso. Me abrió la puerta, estaba completamente desnudo, excitado a más no poder. Cerré la puerta y quedó delante de mí con los brazos abiertos, sonriente. Tenía el pecho y el abdomen muy velludos, tenía cierta pancita, hombros muy anchos, piernas más delgadas y aquel enorme badajo que me apuntaba directamente. Nos abrazamos y besamos, mientras él me quitaba la ropa. No me dio tiempo de ver el apartamento ni nada, fuimos dejando un reguero de mi ropa hasta la cama del dormitorio. Ya los dos desnudos nos besamos en silencio, devorándonos mutuamente.

Olía bien, se había duchado antes de que llegara. Sus labios de un color oscuro como su sexo, besaba con pasión. Sus ojos me miraban fijamente, como queriendo entrar en mi mente, hipnotizándome. Alargué mi mano para palpar su polla dura.

  • ¿Te gusta? ¿Eh? - me susurró al oído. - ¿Quieres verla bien?, yo asentí.

Él se levantó y quedó al pie de la cama dejándome ver su polla oscura, gruesa con las venas salientes. El glande un poco más grueso que el resto, una polla que engrosaba hacia el tronco y los huevos grandes. Me pareció bello, un hombre hermoso con un rabo más hermoso todavía. No estaba afeitado, un vello negro y ensortijado le cubría el pubis. Acaricié aquel miembro, acerqué mi cara y rocé mis labios, olí, besé. Él dejó escapar varios suspiros, apretaba las manos como conteniéndose ante el placer que sentía. Abrí mi boca despacio mirándolo a los ojos y deslicé su polla en mi boca hasta la garganta. Él tomó mi cabeza con suavidad y presionó para que entrara toda su polla. Sentí que el aire me faltaba, su polla taponeaba mi garganta, me impedía respirar. Mis ojos se aguaron, mi nariz resoplaba, tuve unas arqueadas y entonces sentí que retiraba su miembro. Tendría los ojos enrojecidos, llorosos, las babas me colgaban del mentón. Él cogió una toallita y me limpió con suavidad.

  • ¡Me encanta verte tragar mi polla y ver cómo se te desorbitan los ojos! - me dijo y me besó. - ¡Me gustas mucho! Quiero que lo sepas, sé que es difícil para ti, pero me gusta mucho que te tragues mi polla completa.
  • Es muy grande y gorda... - dije desfallecido.
  • Lo sé, pero es lo que hay. Es asunto de entrenamiento, poco a poco. - me besó y me hizo acostarme. - ¿Quieres que te enseñé cómo tragarla sin esas arqueadas?
  • Si tú quieres... - me aventuré a decirle.
  • ¡Sí, lo quiero! Me gusta mucho, me vuelve loco follarme la boca de alguien. - me hizo acostarme con la cabeza fuera de la cama, quedando en el aire. - esta es la posición ideal para poder tragarla bien. Ahora relájate, respira. Recuerda que tu macho domina la situación y sabe lo que hace, yo aguanto la respiración mientras la tienes dentro, cuando respiré, te dejo a ti también respirar. ¿Comprendes? Es un juego.

Me quedé quieto en la cama, algo asustado, pero a la expectativa de los que me decía y hacía. Me tomó la cabeza y la colocó bien, me abrió la boca.

  • Ahora abre bien, pero relájate, abre y deja que entre, acercó su polla a mi boca y la introdujo despacio, tratando de llegar a la garganta y seguir. - Así es mi amor, así es nene. Bien relajado y traga, no trates de respirar por ahora.

Le hice caso, sentí como me entraba por la boca, rozaba la garganta y debido a la posición en que estaba, le permitía seguir más allá de la campanilla. Vi sus huevos encima de mis ojos, después la retiró suave. Ya cuando salía pude tomar una bocanada de aire con alivio, pero no me provocó aquellas arqueadas y ahogamiento. Se encorvo para besarme.

  • Ya ves, nene, puedes hacerlo y puedes satisfacerme mucho.

Se volvió a plantar en posición de meter de nuevo su rabo, yo abrí la boca y eché la cabeza hacia abajo para dejar libre el paso. Esta vez fue mejor, entró sin provocarme reacción negativa.

  • ¡Ya ves cómo te entra sola! - me dijo antes de ponerse a moverse como si follaba mi boca.

Sentía como mi garganta dejaba pasar su rabo duro y gordo. Se tomaba su tiempo para sacarla y dejarme respirar, para de nuevo volver a meterla y seguir. Sus huevos grandes me golpeaban en la nariz y los ojos, me hacía sentir bien.

  • ¡Aguanta un poco que me voy a correr! - me dijo y comenzó a follarme con cierta brusquedad o rapidez, traté por todos los medios de adaptarme y dejar que se corriera. No me hizo sufrir tanto, se corrió dando gruñidos y clavando hasta el final su polla. Al sacarla el sabor de su semen invadió mi boca. Se quedó blandiendo su rabo delante de mí, un hilo de semen se asomaba y parecía caer. Acerqué mi lengua y lo recogí.

Se subió en la cama y me volteó para ponerme bocabajo.

  • ¡Te la voy a meter ahora que todavía la tengo dura! - dijo mientras me untaba lubricante y acto seguido me la metió.

Me quedé quieto, inmóvil porque al penetrarme de nuevo me hizo sentir ese escalofrío y dolor, como si algo estuviera a punto de romperse dentro de mí. Cayó sobre mí, abrazándome, con su polla bien dentro de mí. Tenía mi culo a reventar.

  • Tenía que hacerlo ahora antes de que se me bajara. - me dijo besando mi nuca. - Además, ¿viniste para esto? - dijo empujando y haciéndome sentir su polla dentro. Nos besamos.
  • Tienes sabor a mi lefa en la boca. ¿te gusta estar así?
  • Sí, sí, lo sabes bien...
  • Tienes un culo rico para estar follando día y noche.
  • Y tú tienes un rabo para adorarlo...
  • Quiero gozar contigo mucho, ¿no te vas a oponer?
  • No, no me opongo. Me gusta mucho que me den por culo, que me follen... - agregué sin saber lo que decía.
  • ¿Has dicho que “me den, ...me follen”? ¿Te gusta con más de uno?
  • ¡Eh...! - me di cuenta de que había dicho algo y que había comprendido otra cosa. - No, solo generalizaba...
  • ¡Mírame, nene! - me hizo girar la cabeza y mirarlo. - Sé tú mismo, di lo que te gusta.
  • No me malinterpretes... - le dije.
  • ¿La sientes? - me dijo empujando su polla dentro. - La tienes dentro, te gusta, te gusta ser pasivo y gozar cuando te follan machos como yo. Eso no es pecado.
  • No, no lo es, me gusta mucho estar así bien calzado.

No me imaginaba que quería decirme con aquello, no le presté mucha atención, me entregué a disfrutar aquel momento. Muy a pesar de que se había corrido, seguía con la polla bien dura y me follaba bien, se movía dándome mucho placer. Sus manos no paraban de acariciarme, me besaba, murmuraba cosas, se desesperaba o calmaba, mordía, besaba, lamía. Fue un sexo largo, pasional y brutal, mezcla de todo en un solo momento de goce. Hizo que me corriera primero yo, después él se corrió y caímos abrazados. Me quedé bocabajo como estaba con las piernas abiertas, él acarició mis nalgas con una mano.

  • Me gustas un montón. - dijo mientras dejaba deslizar su dedo por mi culo recién follado. - ¿Cómo te sientes?
  • Bien, muy bien. Contento y cómodo. - le dije mirándolo. - Me ha gustado mucho lo que me has hecho hoy, es lo máximo.
  • Se acercó y me besó, besó mis nalgas y pasando por encima de mí, buscó algo en la mesita de noche. Cogió un tubo de alguna crema y me untó en el culo.
  • Esto es para que no sientas ningún malestar. - me dijo mientras untaba metiendo sus dedos.

Se levantó, alzó mis piernas para ver mi culo. Cogió el teléfono y empezó a fotografiar. Se me escapó un pedo con un poco de lefa que él no dejó correr mucho, la devolvió a mi ojete con el dedo. Después se acostó a mi lado y vimos las fotos de mi culo dilatado, semiabierto y chorreando semen.

  • ¡Uff! ¡Qué pasada, tío, te he dejado ese culo lleno de mi lefa! - comentó con lascivia mordiéndose los labios. - ¿Te imaginas si te lo follamos unos cuantos? Te lo dejaríamos más abierto.

No le dije nada, no sé, no habíamos hablado de nada parecido.

  • ¡No me dices nada! - exclamó al ver que no le había dicho nada.
  • ¿Sobre qué?
  • No te hagas el ingenuo. - soltó una carcajada. - De que te follemos unos amiguetes y yo. Dijiste que te gustaba que te follaran y dieran polla..., lo dijiste.

Lo miré a los ojos, él pasó su brazo por mi espalda y con la otra mano empezó a acariciar mi culo.

  • ¡A ver, nene! - metió dos dedos, después me besó. - ¿A ti te gusta que te den por culo? ¿Sí o no?
  • Sí, pero...
  • ¡Bien, bien...! - Me interrumpió. - Te gusta mamar, tragar lefa ¿sí o no?
  • Claro que me gusta, pero …
  • ¡Mira tienes aguante y eso mola! Anoche te follé, te di lefa dos veces, en menos de 20 horas te volví a dar lefa dos veces, y estoy seguro de que, si te digo de follarte de nuevo, me abres las piernas para que lo haga. - me miró fijo. - Eres pasivo para eso, para ser follado y alimentado por machos leferos. ¿No te gusta?
  • Sonreí, él se sintió complacido con mi sonrisa que interpretó como un sí.
  • No te lo niego, he estado en orgías y me han dejado el culo chorreando lefa.
  • Mira, nene, no te iba a proponer nada malo. Tengo unos amiguetes activos que son la leche follando, leferos y muy bien dotados todos. - se rio con malicia. - nos llamamos “Pollones leferos”.
  • ¡No me digas que hasta tenéis nombre de grupo!

Él cogió su teléfono y abrió su WhatsApp, efectivamente, aparecía un grupo con ese nombre. Me estuvo enseñando algunas fotos.

  • ¿Me dejas que les mande tus fotos? - yo asentí.

Las mandó y escribió: “mirad lo que me acabo de follar, lo he dejado a reventar de lefa”. Alguien con el nombre de Petador contestó enseguida: “joder, tío, qué suerte tienes”. Le siguió otro, Lefero: “HDGP, lo has petado bien”. Otro, llamado Bate, mandó la foto se su polla grande con el texto: “pregúntale si quiere esto”. Seguido aparecieron tres fotos más de pollas XXL, una de un negro. Yo me acosté y abrí mis nalgas para que le mandara una foto, Juanjo me dio el móvil para que escribiera el texto. “¿Alguien adivina para qué está este culo?”, una lluvia de mensajes llegó como respuesta. “Para petarlo”, “para follarlo a tope”, “para darle caña”. Nos hicimos una autofoto los dos abrazados y la mandamos con un mensaje: “ya nos pondremos de acuerdo”.

Estuvimos un rato hablando, me dijo que tenía que dormir y que si quería dormir podía o podía ver la tele en la sala, o navegar por internet también. Preferí irme y que quedáramos para después si lo deseaba. Le pareció bien y quedamos que me llamaría por la noche.