Lo fui siguiendo a ver a donde quería llevarme, viendo que nos encaminábamos hacia el túnel de la avda. de Salgado Torres. Al principio dudé, pero como estaba lloviendo y no había sitio donde poder refugiarse, decidí continuar hasta la entrada al túnel, al menos allí podría esperar a que amainase la lluvia.
El cabrón ya estaba caliente a más no poder. Le notaba el bulto de su entrepierna duro e hinchado, restregándose por mi culo, mientras me lamía y mordisqueaba el cuello, a la vez que con sus manos me empezaba a desabotonar la camisa que llevaba.
Muerto de vergüenza, nervioso y enrojecido como un tomate por haber sido descubierto, me encogí de hombros diciéndole bueno, mientras terminaba de vestirme.
Cuando uno es jovencito, lo que más le aterra, es ser descubierto por algún vecino, familiar o conocido, que descubra tu gran secreto, que te gustan los hombres y disfrutas dándoles el culo y ser follado, al menos ese era mi mayor terror.
Y si quieres y te apetece, podemos hacer algo más, tienes un culito que me encanta, me decía magreándome el culo con su mano.
Aquella verga si conseguía entrar en mi culo, me iba dejar reventado, era como si te meten el puño en el culo.
Historia que vivió un lector de mis relatos, el cual me escribió pidiendo si podía escribir sus recuerdos de cuando fue desvirgado.
Enrojecido y temblándome las piernas, miré hacia él, clavando mis ojos en la tremenda tranca que tenía el tío aquel.
Mustafá me había visto, y vio como dudaba en si entrar o no, así que, sin quitarme la vista de encima, llevó su mano a su entrepierna
Viendo la vergüenza que le daba, antes de que se arrepintiera, empecé a bajarle la cremallera del pantalón. Una vez se la había bajado, metí mi mano liberándole aquella polla que ya empezaba a estar dura y tiesa por la excitación que estaba sintiendo.