Capítulo 1
Hola, mi nombre es Rafael Gómez y vengo a contarles mi afortunada aventura que llevó a conquistar a mi novio, Juan Marín.
Hace 12 años su familia se mudó al barrio donde yo vivo. La familia Marín consistía en Wanda Isabel, la madre de Juan, y su hijo Juan Marín, o como lo llamaban sus amigos: Juancho. Su casa quedaba dos casas al lado de la mía, así que lo veía todos los días.
Un día estaba jugando en el patio de casa con unos vaqueros e indios cuando él quiso jugar conmigo. Mi madre estuvo de acuerdo y, desde ese día, todas las tardes jugábamos juntos. Mi madre y su madre, al ser ambas madres solteras, crearon un vínculo de amistad muy rápido. Al punto que, cuando la madre de Juan comenzó a trabajar de enfermera, mi madre se ofreció a cuidar a Juancho por las tardes.
Los años pasaron, pero mi amistad con Juancho siempre creció. No sé cuándo dejó de ser mi compañero de juego para convertirse en el centro de mis sueños más profundos, pero sé que es el muchacho que más he amado en mi vida.
Para que tengan una idea de cómo es mi Juancho: es baloncestista de la universidad, delgado, mide 6 pies de altura, tiene piel avellana, cabello lacio oscuro y corto, ojos oscuros y recientemente cumplió 22 años.
Yo soy más bien nerd y llenito, mido 5’3, soy un poco más blanquito, pero de pelo y ojos igual que él. Tengo 21 años y estoy a meses de cumplir los 22.
Siempre hemos estado juntos: vamos a los mismos colegios, por lo general estamos en los mismos salones y por las tardes siempre estamos juntos, ya sea en su casa o en la mía. Nuestras madres, como había dicho, hicieron una amistad igual de fuerte que la nuestra y, al ser madres solteras, se ayudaron mutuamente. Ambas trabajan en el mismo hospital, así que cuando una trabaja, la otra nos cuida. Aunque estos últimos años nos han permitido quedarnos solos de vez en cuando.
Bueno, la historia comienza en un fin de semana en que nos permitieron quedarnos solos en su casa. Allí fue donde tuvimos nuestra primera vez.
Verán, en casa de Juancho se había hecho una fiesta del trabajo de nuestras madres unos días antes y todavía quedaban cervezas y otras cosas en la casa. Nuestras madres nos han dejado tomar una que otra cerveza ya que somos adolescentes; entienden que es mejor que lo hagamos en casa con moderación a que lo hagamos a escondidas y lejos, donde nos puede pasar algo.
Juancho, siendo el travieso que es, planeó quedarnos en su casa para beber y fumar un poco. Como siempre, accedí a acompañarlo; cualquier cosa con tal de estar a su lado. Mi madre nos dio permiso porque entendía que íbamos a terminar unas cosas sobre un proyecto escolar.
Una vez salimos de la universidad, Juancho y yo fuimos al parque donde hay una cancha de baloncesto y después llegamos a su casa. Luego del colegio llegamos yo, Juancho y su novia, Patricia.
Juancho me dijo que abriera unas cervezas mientras él buscaba su laptop para comenzar a estudiar. En medio del trabajo, Patricia, que no había hecho nada más que estar pegada a su celular, decidió que se iba con unas amigas al centro comercial y que cuando acabara quería que le enseñara unas fotos del proyecto para postear en TikTok.
Juancho y ella salieron al patio para discutir, algo que ya era costumbre desde hacía un par de meses. Mis sospechas eran que Paty solo estaba con Juancho porque él era del equipo de baloncesto y ella porrista, y como Sebas (el jefe del equipo) no se comprometía con nadie, decidió tener una relación con Juancho.
En fin, ese día tuvieron una discusión que llegó a ruptura, lo que llevó a Juancho a beber más (según él) porque se había “safado de una mujer superficial”. Tomó 8 cervezas él solo y fumó dos porros corridos.
Mientras tanto tuve que oír todo lo que le fastidiaba a Juancho de Paty. Luego lanzó una pregunta inesperada:
- Si yo fuera gay, ¿tú estuvieras conmigo por quien soy o porque pertenezco al equipo? —me preguntó.
- ¿Por qué la pregunta? —le contesté.
- Contéstame —me dijo.
- Si yo estuviera contigo te haría el hombre más feliz del mundo porque te lo mereces, no porque pertenezcas a algo —dije.
- Porque ninguna de mis ex me ha dicho eso —dijo mientras se tambaleaba en la puerta de la casa.
- Porque lo único que quieren es que las cojas —dije.
- Bueno, no estaría mal en estos momentos —dijo.
- O sea, ¿estás pensando en coger en estos momentos? —dije.
- Bueno, ¿para qué lo voy a negar? —dijo.
- Tú no piensas más que en eso —dije.
- De nuevo, ¿para qué lo voy a negar? Total, es lo que buscan —dijo.
- Tú no deseas que te quieran por sentimientos —dije.
- Sí —dijo.
- Juancho, eres bello, pero eligiendo pareja eres malísimo. Pero no te desesperes, ya llegará la verdadera pronto —le dije mientras le daba otra cerveza.
- Así que me consideras bello… ¿más que cualquier otro o hay alguien más bello que yo en la uni? —dijo Juancho mientras se acercaba a mí de forma muy sensual.
No me enorgullece decirlo, pero en ese momento que se me acercó (entendiendo que estaba borracho y fumado), se me ocurrió hacerle una trampa. Sabía que Paty lo comparaba con Sebas en todo y que a él le gustaba competir contra él. Sabía que mencionarlo lo volvería loco de celos.
- Obvio que Sebas —dije con tono de burla. No le gustó para nada el comentario. Intentó caminar hacia atrás, pero andaba tan borracho que por poco se caía.
- Era broma —le dije mientras lo aguantaba de la camisa para que no se cayera.
- Sinceramente, no hay hombre en la tierra que considere más guapo que tú. Si yo fuera Paty no estaría de shopping, te tendría dispuesto a hacer lo que fuera que quisieses hacer conmigo —dije, sabiendo que nada de eso él lo recordaría.
- Sebas JAMÁS te va a besar como yo ahora mismo —dijo, y luego me robó un beso.
Luego de haberme besado apasionadamente, fue directo a su máquina de ejercicios. Se quitó la camiseta y comenzó a alzar pesas. Yo me quedé en la cocina, pero él me llamó para que lo acompañara.
Yo no me atrevía ni a mirarlo. Pasaron un par de minutos de silencio y él me preguntó:
- ¿Qué, te pusiste nervioso? —dijo mientras descansaba en la máquina.
- Un poco, si te soy sincero —dije.
- Perdón, es que estoy super bellaco —dijo.
- Si lo deseas, te puedo ayudar —dije sin pensar.
- Mmm, yo nunca me he metido con un chico —dijo.
- Piensa en Paty —dije acercándome a él (obvio que no iba a desaprovechar la ocasión).
Él me miró mientras yo le ponía mi mano en su pantalón. Miró hacia abajo, soltó una sonrisa pícara y volvió a besarme.
- Hagámoslo entonces —dijo, poniendo sus manos en mi nuca.
Yo besaba su cuello, su manzana de Adán, bajé a su pecho, todo mientras metía mi mano dentro de su pantalón para tocar su verga que ya tenía erecta. Todo iba de maravilla, pero me percaté de que se había quedado dormido.
Por unos minutos no me importó. Bajé su pantalón (no llevaba ropa interior) y le chupé su verga mientras dormía. Se me ocurrió que, ya que dormía, podía meter mi pene en su boca sin que él se diera cuenta. Lo hice mientras se lo chupaba: él chuparía el mío. Estuvimos así un par de minutos.
Me bajé los pantalones y le introduje mi verga a sus labios. Él no abrió los ojos, pero sí comenzó a chuparme. Sin embargo, la conciencia no me dejaba continuar. Saqué mi pene de su boca y comencé a masturbarme mientras lo veía.
Tomé una de sus manos y la puse en mi verga; él, de instinto, comenzó a jalármela. Yo ponía el ritmo. Estaba en el cielo, tanto que no me percaté cuando me vine todo encima de él. Todo mi semen y el de él habían manchado todo su pecho.
Me senté a su lado a jugar con su cabello y lo veía dormir mientras cogía aliento. Una vez recuperado, fui a buscar servilletas para limpiar su semen, pero decidí pasarle la lengua y probarlo de una vez. Una vez limpio, le puse su pantalón y lo ayudé a recostarse en su cama.