A mis 18 años entré al Servicio Premilitar buscando disciplina pero terminé mojándome como una perra con cada mirada de los soldados. El teniente Gutiérrez y sus hombres despertaron algo oscuro en mí: una calentura que no podía controlar. De niña buena a puta en uniforme
Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.
Aprovecho para lucir mis mejores faldas, vestidos y blusas para lucir mi cuerpo, no quiero sonar engreída pero me considero una chica llamativa soy de tez clara, pequeñita tan solo mido 1.58 de altura, cabello largo y rubio, ojos cafés, con buen cuerpo ya que me gusta hacer ejercicio con cintura peq