Al día siguiente les escribí. La euforia de la victoria seguía viva y el recuerdo de sus pollas enormes en mi boca no me había dejado dormir bien. Les mandé un mensaje simple: “Vengan a mi casa esta tarde Respondieron casi al instante con emojis de fuego y un “Allá vamos, campeón”.
Llegaron pasadas las cinco, vestidos con ropa casual pero ajustada: camisetas sin mangas que marcaban sus brazos tatuados y musculosos, y shorts deportivos que ya dejaban entrever los bultos pesados. Jamal y Tyrone entraron a la casa con esa presencia imponente, sonriendo con esas sonrisas blancas que me derretían. El ambiente cambió en cuanto cerré la puerta. El aire se cargó de tensión sexual.
—Bonita casa —dijo Tyrone mirando alrededor, pero sus ojos volvieron rápido a mí—. Aunque venimos por otra cosa.
No perdimos tiempo con charla innecesaria. Los llevé directo a mi habitación. cogiendolos de las manos y ellos
solo dijeron tranquilo no hay prisa Apenas entramos, Jamal me cogió por los hombros yo me sorprendí y me alzo con una facilidad y me puso al frente de tyron donde me dijo que lo besara con mis piernas traba de sostenerme de su cadera
asi ke nos empezamos a besar un minuto después jamal me iba a bajar pero no lo hizo puso su mano en mi estomago y con su otra mano en mi cuello y comenzó a moverme como si me estuviera follando
pegando su paquete a mi culo mientras me movía para todos lados
yo solo podía escuchar sus risas hasta que dijeron dejame grabar esto
la diferencia de tamaño era evidente solo me estaba usando como un juguete después de 3 minutos me bajaron estaba un poco mareado
empujó suavemente contra la pared y me besó con fuerza, su lengua invadiendo mi boca mientras sus manos grandes bajaban por mi espalda hasta apretarme el culo. Tyrone se pegó por detrás, frotando su paquete ya endurecido contra mí, mordiéndome el cuello.
Me desnudaron entre los dos, quitándome la ropa con urgencia. Yo hice lo mismo, levantándoles las camisetas para poder besar y lamer esos pectorales duros cubiertos de tatuajes. Sus cuerpos eran una obra de arte: piel negra brillante, músculos definidos, abdominales marcados y esa fuerza contenida que me hacía sentir pequeño y completamente entregado.
Cuando les bajé los shorts, sus pollas saltaron libres, ya medio duras y creciendo rápido hasta alcanzar esos 29 centímetros gruesos y venosos que tanto había soñado toda la noche. Me arrodillé de nuevo, como en el baño del estadio, pero esta vez con más espacio y más tiempo.
Empecé chupando a Jamal, tragando lo más profundo que podía. Su polla me abría la garganta, sentía cada vena pulsando contra mi lengua. Tyrone me agarraba la cabeza y me guiaba, follándome la boca con movimientos largos y lentos.
—Qué puta boca tienes… sigue así —gruñía Jamal.
Cambiaba de una a la otra, babeando abundantemente, lamiendo los huevos pesados y chupando las cabezas gruesas hasta que brillaban de saliva. Ellos gemían y me elogiaban, llamándome su campeón cachondo.
Me levantaron y me tiraron en la cama. Tyrone se acostó de espaldas y me sentó encima de él, de frente, para que siguiera chupándole la verga mientras Jamal se colocaba detrás de mí. Sentí su lengua caliente y húmeda en mi culo, lamiendo y abriéndome con dedicación. Sus dedos gruesos entraron poco a poco, preparándome.
—Quiero follarte —susurró Jamal contra mi oído.
Asentí con la polla de Tyrone todavía en la boca. Jamal se lubricó con saliva y empezó a empujar. Sentí cómo esa cabeza enorme me abría, centímetro a centímetro, dolor y placer mezclados hasta que sus caderas chocaron contra mi culo. Estaba completamente lleno. Empezó a moverse, primero lento, después más fuerte, follándome profundo mientras yo seguía mamándole la verga a Tyrone.
El ritmo se volvió salvaje. Jamal me embestía con fuerza, sus huevos golpeando contra mí, sus manos tatuadas apretándome las caderas. Tyrone me sujetaba la cabeza y me follaba la garganta al mismo ritmo.
en la habitación solo es escuchaba como esa cama rechinaba por los movimiento y lo duro que sonaba las tablas de la cama
y claro mis gemidos sobre todo
Cambiamos de posición varias veces. Me pusieron a cuatro patas, uno follándome por atrás mientras el otro me daba de comer su polla por la boca. Sudábamos, gemíamos, el sonido de piel contra piel llenaba la habitación. Me corrí una vez sin tocarme, solo por la fricción de sus pollas dentro de mí.
Finalmente, los dos se pusieron de pie frente a mí mientras yo estaba de rodillas en la cama. Me masturbaban sus vergas enormes justo delante de mi cara.
—Ábrela —ordenó Tyrone.
Los dos se corrieron casi al mismo tiempo, chorros espesos y abundantes de semen caliente que me cubrieron la cara, la lengua, el pecho y el pelo. Tragué todo lo que pude, saboreando su gusto fuerte.
Caímos los tres en la cama, respirando agitados, sus cuerpos grandes y tatuados pegados al mío. Jamal me acariciaba el pelo mientras Tyrone besaba mi cuello.
—Esto recién empieza —dijo Jamal con una sonrisa—. Todavía nos quedan muchas formas de seguir follando
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