Con los niños fuera todo el fin de semana, la casa se convierte en territorio privado. Sin discursos ni romanticismos, Nekane y Joseba retoman un ritual que llevan años perfeccionando: órdenes cortas, obediencia inmediata y una intimidad cruda que no necesita explicaciones.
Una noche entre amigas donde el deseo circula sin miramientos. Poder, amistad y sumisión en un trío que goza, se corre y disfruta.
Eva domina la situación. La estética del shibari, la lógica de deseo contenido entre cuerda y nudos. Penumbra, placer y entrega.
Sigue la historia del barrio. Volvemos con Adriana y el reencuentro con su marido y Javier se topa con Carla en el bar, con la que descubre lo que es el placer femenino a su costa.
Raquel se despierta con resaca y come con su padre unos macarrones con tomate. El día avanza, sexo con su novio Asier a la tarde. Al final un hallazgo que la desestabiliza.
Siguen las historias de un barrio cualquiera, con calor, sudor y sexo como hilo negro de la historia.
Agosto cae pesado sobre el barrio. El bar de siempre. La terraza. La cerveza fría y el humo lento. Javier mira, desea, paga. No piensa demasiado. Nunca lo hace.
Una camarera joven. Un cuerpo real. Un acuerdo sin palabras.
Luego la casa. El olor a tabaco viejo. El silencio después.
“El inerme” explora la intimidad silenciosa de una pareja que, sin nombrarlo, se desliza hacia una sensual asimetría. Entre rutinas domésticas y deseos susurrados, él aprende a entregarse, ella a guiar. Una historia de eros cotidiano, tenso y profundamente humano. Relato de casi 6000 palabras.
Relato de la metamorfosis de Miguel, de hombre a muñeco, en un ritual donde el látex borra la piel y la voluntad se disuelve en silencio. Valeria no domina desde el castigo, sino desde la frialdad clínica con la que convierte a su compañero en un objeto vivo. Una exploración del deseo negado.
Texto en el que reivindico la literatura erótica e incluso pornográfica, consciente y desligada de ser una mercancía de usar y tirar.