Ari: Prisionero de mi piel V
Soy bajito, apenas un 1.50 cm, y peso 60 kilos. Pero mi cuerpo nunca se ajustó del todo a lo que se espera de un hombre: mi silueta es femenina: piernas torneadas, caderas generosas, mi trasero voluminoso.
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@JMsanz050 · Estados Unidos
JR Rodriguez
0 relatos · Estados Unidos
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Soy bajito, apenas un 1.50 cm, y peso 60 kilos. Pero mi cuerpo nunca se ajustó del todo a lo que se espera de un hombre: mi silueta es femenina: piernas torneadas, caderas generosas, mi trasero voluminoso.
Como todos los domingos, salí con mi madre a comprar víveres. Caminábamos juntas como si fuéramos dos mujeres, madre e hija —bueno, ella no sospecha nada—. Y ahí estaba él.
Intenté ignorarlo. De verdad lo intenté. Me repetía cada mañana que Jordan no significaba nada, que era solo un muchachito de 19 años entrometido, altanero, inmaduro, un don nadie comparado conmigo. Salía de casa con la cabeza gacha, decidido a no mirarlo, decidido a pasar de largo. Pero siempre estaba ahí.
Desde aquel día, mi vida dejó de ser la misma. Jordan comenzó a aparecer con frecuencia cerca de mi casa, como si el barrio entero se hubiera convertido en su terreno de cacería y yo en su presa favorita.
Me llamo Arian, aunque todos los que me quieren de verdad me dicen Ari. Tengo 25 años y paso la mayor parte del tiempo en casa, trabajando como contador, escondido entre números rodeado de papeles y mi laptop que, a veces, se siente como la única compañía que me entiende y me da cierta paz.
Agosto cae pesado sobre el barrio. El bar de siempre. La terraza. La cerveza fría y el humo lento. Javier mira, desea, paga. No piensa demasiado. Nunca lo hace. Una camarera joven. Un cuerpo real. Un acuerdo sin palabras. Luego la casa. El olor a tabaco viejo. El silencio después.
Una remodelación en casa, yo una chica de 21 años dulcemente sensual y cachonda, a solas con 7 albañiles en casa durante 4 días, una botella de vodka y pastillas de viagra. Fueron la receta perfecta para un “gang bang” que me dejo exhausta, satisfecha, adolorida y con el culo roto.
Hola soy Sandra y le contare como fue mi primera noche entera de sexo zoo y lujuria con mi querido perrito Balti.
En la asfixiante soledad del ático, Teresa se entrega al placer frente a un espejo antiguo dejándose seducir por una entidad maléfica. Pero al abrir los ojos, descubre que quien la observa desde el umbral no es un demonio, sino su propio hijo.
“El inerme” explora la intimidad silenciosa de una pareja que, sin nombrarlo, se desliza hacia una sensual asimetría. Entre rutinas domésticas y deseos susurrados, él aprende a entregarse, ella a guiar. Una historia de eros cotidiano, tenso y profundamente humano. Relato de casi 6000 palabras.
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