El riesgo de ser sorprendida y la excitación que me produce masturbarme en público, me han llevado a tener un squirt a bordo de un taxi de app. Y bueno, como dicen por ahí, una cosa lleva a la otra. He sido descubierta por el conductor y terminé aceptando una invitación a disfrutarnos en un motel.
Bajo el sol inclemente y los ruidos constantes de la construcción, empezó a crecer en mí un deseo salvaje entre el jabón, el lavadero y las miradas furtivas de cuatro albañiles. Con la casa vacía, el cuerpo limpio y la mente encendida, me entregué sin límites a una experiencia gang bang.
¿Y si vendía mi cuerpo? Solo una noche. Sin compromisos. Sin riesgos. Yo ponía las reglas. Me registré en un sitio web para escorts de alto perfil. Cuidé cada detalle: fotos sugerentes pero finas, luz suave, mirada traviesa
La morbosidad y excitación que me provoca el escuchar piropos al pasar por un taller mecánico, me llevaron de la mano a entregarme en los brazos de un mecánico, cobrando venganza de mi exesposo. Un encuentro sexual fuerte, con mi culo lubricado por el aceite y la grasa automotriz de un sucio taller.
Una experiencia que nunca imaginé que viviría a mis 24 años fue la que tuve cuando decidí viajar de Zapopan a Morelia pidiendo ride en la carretera libre, ofreciendo mi cuerpo a cuanto trailero me recogiera... hasta llegar completamente destrozada y llena de placer