Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Como comenté en mi relato anterior, fuimos a casa de Rita tras el evento de danzas. Los fantasmas del pasado me asaltaban a cada rincón de la casa que recorría. Bebimos un café en aquel viejo sillón donde más de una vez habíamos dado rienda suelta a nuestro desenfreno sexual.

Tras un par de horas de charlas, la situación se fue calentando y finalizaron como debían terminar: revolcándonos como animales en su nueva cama extra gigante.

Disfruté enormemente los retoques estéticos que se había hecho Rita en su zona vaginal, la había dejado como una jovencita casi virgen: estrecha, caliente, aunque algo más seca que antes. Tras ese fenomenal polvo, nos duchamos y volvimos a la habitación.

Como era su costumbre tras la ducha, se puso un breve y gastado camisón, se giró hacia la cama y vio como habían quedado las sábanas, manchadas, revueltas. “¡¡Noooo, mirá como dejamos todo!! Hoy había cambiado las sábanas y todavía no lavé las otras. Ni loca me acuesto ahí de nuevo” dijo mientras retiraba las sábanas sucias, las hacía un bollo y las llevaba al cesto del baño.

Alejo: ¿querés ir a casa? Allá tengo sabanas limpias, no será tu súper cama, pero podemos compartirla.

Rita: ¿y si nos vamos a un hotel?

Alejo: un pernocte en un telo ¿Te gustaría?

Rita: aceptado, me visto y vamos.

Para quienes no sepan, “un pernocte en un telo” es pasar la noche en un motel, con habitaciones especialmente preparadas para mantener relaciones sexuales, con todo lo que desees utilizar: juguetitos, yacusi, ducha escocesa, frigo bar bien surtido, camas especiales, sillones de formas exactas para todas las posiciones, entre otras cosas.

En mi ciudad supo haber 7, de los cuales uno se incendió, otro simplemente dejó de funcionar, quedando solo 5: dos que aparentan ser hoteles convencionales y están en zona céntrica y otros tres en la periferia, pero que lentamente van quedando en sectores muy transitados, debido a las nuevas urbanizaciones.

Conociéndole los gustos a Rita, los céntricos quedaban descartados de plano por el horario de liberación de las habitaciones. De los tres restantes, había uno que era su debilidad, sobre todo por un par de habitaciones temáticas: Arabia y Atlántida; sabía que ese sería el destino, por lo que llamada mediante quise asegurar que estaban libres y reservar. La respuesta fue negativa, se liberarían (como mínimo) pasadas la 3 de la mañana. Sólo quedaba saber cuál de los otros dos sería el destino final.

Mientras todo eso sucedía, Rita cumplió con sus costumbres habituales: acomodó en una mochila el clásico camisón gastado, algunos elementos propios de su higiene personal (siempre los lleva como si no hubiese en los moteles), alguna prenda íntima de recambio y se enfundó en un leggins azul oscuro con malla que resaltaba su culo y raja, una remera y un buzo que hacía juego. Se puso una campera para cubrirse, comenzó a apagar luces y cerrar puertas de la casa.

Salimos a la calle y prontamente nos subimos al auto para partir con destino al motel.

Rita: ¿a cuál vamos negri? ¿Al temático?

Alejo: mala suerte Rita, solo quedaban comunes y una de sado

Rita: ufaa… ¿qué tenes en mente?

Alejo: las cabañitas de la ruta, ahí tienen algunas consideradas especiales

Rita: ok, sorpréndeme entonces.

En el trayecto, ella jugaba con mi entrepierna, acariciando como para mantener el clima y yo le respondía de igual modo. Meterle mano con ese leggins tan ajustado, era como si lo hiciera sobre una segunda piel. Cuando tomamos la ruta por esos escasos 10 km., se calmó un poco pues el transito era intenso.

Llegamos al portón de acceso y tras un par de curvas, me detuve ante la conserjería. Desde el interior y a través de un portero electrónico me habló el conserje.

Conserje: buenas noches, ¿qué podemos ofrecerles?

Alejo: un alojamiento con pernocte en cabaña especial.

Conserje: perfecto. Si desean, pueden tomar una promoción especial

Alejo: ¿Cuál sería?

Conserje: permaneciendo hasta las 16 horas, la casa les ofrece como cortesía el almuerzo sin cargo y solo un cobro extra de 3 horas y no las 6.

Me dí vuelta y miré a Rita, como consultándole con la mirada. Ella asintió con la cabeza “Si no tenés nada que hacer, nos quedamos” completó.

Acepté la propuesta, aboné el servicio básico y recibí un llavero con el número 12. Se habilitó el paso, levantando la barrera, y al enfrentar el pasillo que rodeaba las cabañas, pude observar al fondo un aviso lumínico verde con el número en cuestión. Se abrió de manera automática un portón corredizo que volvió a cerrarse cuando mi auto quedó detenido en el garaje.

Tras el cierre, se encendió una luz roja sobre la puerta de acceso a la cabaña y coloqué la tarjeta sobre el lector que destrabó la puerta.

Ingresamos y nos encontramos con una pequeña recepción con percheros y una mesa pequeña para dos personas, donde había una carta con las opciones y servicios que se prestaba a cuartos, una pequeña puerta en la pared que era desde donde se proveía lo solicitado. Dejamos los abrigos y la mochila de Rita, pasamos al cuarto propiamente dicho.

Una cama amplia, igual a la de Rita, luces algo intensas para el lugar, un tv colgado en la pared que enfrentaba la cama, un sillón tipo caballete para posiciones especiales y al fondo cubierta con una mampara de acrílico, un yacusi con ducha escocesa. A uno de los lados de la cama, había un placar de puertas abiertas donde podían verse toallones, batas, una serie de envoltorios con elementos para higiene y en un apartado, lubricantes íntimos, preservativos variados y un set de juguetes sexuales prolijamente embolsados en envases individuales sellados.

Rita: a bueno… tenemos de todo para pasarla genial

Alejo: ya lo creo, pero solo abri lo que vayas a utilizar ya que lo utilizado se factura al salir.

Rita: negri, no es la primera vez que voy a un telo, conozco varios y sé cómo funciona todo esto. Sello roto, pago asegurado.

Lentamente la temperatura de la habitación fue subiendo, invitándonos a desvestirnos. Nos sentamos en la cama, nos descalzamos y apoyar los pies en el suelo, la losa radiante nos indicó que la temperatura subiría un poco más. Solo nos quedamos con la ropa interior, tirados en la cama, observando todos los detalles y los comentábamos.

Rita: una pena el tema de la luz, es muy fuerte para una habitación así

Alejo: tenés razón, estaría mejor algo más oscurito

Se giró hacia la cabecera de la cama y halló una perilla que accionó despacio: se empezó a escuchar música lenta, cuyo volumen subía al accionar más la perilla. Lo ajustó para que fuese adecuada y vió una botonera de 4 fichas: presionó la primera y la luz blanca cambió a roja, luego la segunda y pasó a azul, la tercera mutó a verde y la cuarta nos dejó a oscuras por completo. Los colores variaban no así la intensidad.

En la mesa de noche que estaba de su lado, había un teléfono, no dudó y lo levantó. Segundos después fue atendida por una voz de mujer, le pidió instrucciones para bajar la intensidad de las luces y recibió las mismas. Con una perilla que estaba junto a la puerta de acceso al cuarto, podía modificarse y así lo hizo, dejando la roja casi al mínimo.

Rita: ahora si negri, el ambiente está perfecto.

Aprovechó el haberse levantado y pasando por el placar, tomó un par de sobres de lubricantes, abrió una caja de preservativos y retiró uno, y una bata.

Dejó las cosas sobre la mesa de noche, la bata en el suelo y se volvió a acostar a mi lado.

Rita: ¿te acordás la primera vez en el hotel de Lobos?

Alejo: cómo olvidarme, si fue la primera vez que te comí la concha hasta hacerte acabar.

Rita: no solo eso, fue la primera vez que me comían el culo, ¡¡cómo me hiciste gozar esa noche!! Y eso que no me cogiste.

Alejo: a ver si me acuerdo como fue…

Me desnudé por completo mientras ella hacía lo mismo y ya desnudos se ubicó en el centro de la cama, abriendo las piernas flexionadas hacia los costados, dándome espacio más que suficiente para ubicarme entre ellas y sacando la lengua, comencé a pasarla por los bordes de los labios vaginales.

Rita: mmm… que lindo se siente… qué calentita me voy poniendo…

Puso los brazos bajo la nuca y se dejó hacer, la respiración se fue haciendo más intensa y profunda, pero la concha no lubricaba lo suficiente, estaba húmeda pero no tanto como para ayudarme colocándole los dedos dentro y abrirla para liberar el clítoris. Ya gemía, dejó caer las piernas y quitó las manos de la nuca, cuando sintió que intentaba meter uno de mis dedos en su interior, dio un pequeño saltito, el roce le molestaba. Extendió su mano hacia la mesa de noche, tomó un sobre de lubricante, lo abrió y bajando la mano, lo dejó caer entre mi boca y su concha.

Un sabor a fresa empezó a brotar de ella, con sus dedos ayudó a esparcirlo mientras yo permanecía pasando la lengua por la raja.

Rita: ahora si negri, mete los dedos.

El gel ayudó mucho y la raja se volvió una pista de patinaje, la lengua iba y venía por fuera y los dedos resbalaban a su interior, era víctima de una paja absolutamente placentera que provocó un par de gemidos roncos e intensos.

Aceleré el movimiento de los dedos y la llevé a un orgasmo pleno, donde por primera vez logré que destilara jugos propios mezclados con el lubricante. Dio un pequeño grito mientras tensaba el cuerpo y caía rendida en el colchón.

Rita: cuánto hacía que no terminaba así, ya casi me había olvidado de lo que era un orgasmo con la lengua, qué rico se siente…

Alejo: como si nunca te la hubieran chupado, turrita…

Rita: una cosa es que te la chupen y otra muy distinta que lo disfrutes y acabes como perra en celo

Me situé a su lado y reposamos un buen rato, ella había quedado exhausta y yo con ganas, pero sabía que a lo largo de la noche y la mañana siguiente tendría mi recompensa.

Rita: negri, andá a lavarte un poco, mi olor a concha me está matando, tenés la cara brillosa por el gel y mi acabada.

Me empujó hacia el borde de la cama, y para no caerme, me levanté y fui al baño a limpiarme un poco. En eso estaba cuando entró, aún desnuda y puso a llenar el yacusi.

Rita: ahora un bañito juntos para relajar músculos y volvemos a la camita para seguir ¿te parece?

Arrojó sales de baño y se metió lentamente en la bañera, se sentó y me invitó a acompañarla, a su lado, nada de sentarme frente a ella.

Rita: quién diría que volveríamos a encontrarnos y terminaríamos encamados en un telo, ¿no?

Alejo: tenés razón, pero siempre hubo química y ganas entre nosotros

Mientras las burbujas jugaban con nuestros cuerpos, allí sentados recordamos nuestras primeras aproximaciones, la noche en que sonó la alarma de la escuela y me llamó para que la acompañase a recorrer las instalaciones, terminando en nuestro primer polvo en el sillón de su despacho, o aquel último día en la escuela donde cerramos la sala de informática con llave y terminamos cogiendo sobre el escritorio.

Rita: estuvimos a nada de ser pareja, de no ser por nuestros cargos y mis obligaciones.

Alejo: tuviste miedo del “qué dirán” y por eso decidí irme.

Rita: no te lloré, pero si estuve mucho tiempo enojadísima con vos

Alejo: ¿muchas parejas hasta hoy?

Rita: pocas, estables solo dos. La última me incentivó a retocarme la conchi y rejuvenecerla, ya parecía una cacerola, me costaba sentir placer. ¿vos?

Alejo: muy pirata, solo una estable que duró 6 años. Me hice muy adicto a las maduritas

Rita: pero largaste poca lechita… ¿Cuánto hace que no tenías sexo?

Alejo: mmm… ¿unas 24 horas?

Rita: ¡¡qué hijo de puta!! ¿Y era una viejita como yo?

Alejo: una pendejita de 24 años

Rita: ¡¡profanador de cunas!! ¿Estaba buena?

Alejo: digamos que interesante, aunque algo complicada

Rita: las pendejas están terribles, se regalan muy fácil, incluso mi nena

Alejo: ¿Rochi? No jodas

Rita: cambia de macho como de calzones, se operó para no quedar embarazada y disfruta de una “sexualidad libre”

Alejo: ¿hombres y mujeres?

Rita: ¿lo podés creer? Si hasta participo en fiestachas, una trola terrible ¿los tuyos?

Alejo: ambos en pareja, el más chico muy estable pero el otro un veleta terrible

Nos levantamos de la bañera, nos secamos, nos pusimos las batas y nos fuimos a la cama otra vez. Ya recostados, seguimos la charla y como quien no quiere la cosa, empezamos a mimarnos y besarnos nuevamente, ya habíamos recargado baterías y estábamos listos para otro encuentro.

Rita: se te está poniendo durito…

Alejo: no es para menos, con semejante hembra…

Rita: pero ahora me toca a mí trabajar, si te portas bien te doy el postre que tanto te gustaba

Alejo: estoy a su merced, mi putita.

Se rio y se retiró la bata, desprendió la mía sin quitarla, tan solo la corrió y dejó mi frente al descubierto. Comenzó su labor con una serie de besos corto por el rostro, arrodillada a mi lado, fue bajando con sus besos por el pecho, siguió por el vientre hasta comenzar a rodear mi verga que lentamente se ponía más y más dura. Sabía muy bien lo que hacía, pues dejaba al alcance de mis manos su raja para que la acariciara mientras cubría de besos la zona.

“Es la primera vez que te veo casi sin pelos aquí abajo” dijo mientras acariciaba los huevos y daba ligeros apretones a la verga. “Trabajo de la pendejita del viernes, le daba algo de asquito tanto pelo” le respondí. “Hizo un excelente trabajo, así es mucho más cómodo” mencionó antes de depositar los primeros besos en la cabeza de la verga.

Yo sabía que no le gustaba mamar verga, siempre me lo había recalcado, pero si le gustaba jugar alrededor de la misma, buscando el mejor tamaño.

Se había vuelto una experta en excitar y lograr su cometido, ya la verga me dolía de lo dura que estaba, necesitaba una buena mamada o bien ponerla en la conchita con urgencia. Justo en ese momento, sucedió algo que no esperaba: comenzó a lamerla desde la base hasta la cabeza y jugaba con la misma rodeándola sus labios casi al límite de meterla en su boca. Estuve tentado de bajarle la cabeza y enterrársela hasta donde pudiera, pero no quería forzar la situación: la mamada era inevitable. Cambió la posición y aprovechó el momento para abrir un preservativo y con una habilidad que le desconocía, lo colocó con la boca. Por primera vez, Rita me estaba mamando la verga, de manera lenta, profunda y acompasada: realmente una delicia.

Tenía la capacidad de engullirla por completo, retenerla en el interior de su boca y la liberaba lentamente con un chupón intenso, repetía el movimiento una y otra vez, de manera tranquila provocándome un placer inmenso.

Se aferró a la base y lo apretó de tal modo que retuvo mis deseos de explotar, aceleró las mamadas y me llevó a un límite incontrolable. Se detuvo, se sentó en la cama y me hizo señas que me ubicara de pie ante ella, con la misma maestría que me colocó el preservativo, lo retiró y tomando sus tetas, lo ubicó entre ellas y completó una turca increíble, en la que al llegar al borde superior de sus tetas, abría la boca y pasaba la lengua por la cabeza. Fueron unos dos o tres minutos y no pude resistir más: al subir la última vez, me descargué totalmente: mi leche bañó su cara, cayó entre las tetas y tuve que apoyarme en sus hombros para que la flojedad de mis piernas no me llevaran al suelo.

Ver su cara embarrada de leche, me encantó.

Rita: ¡¡pero que lindo!! Un bombazo más y me llenas la boca de leche

Alejo: perdón no me pude contener

Rita: me hubiera gustado que lo hicieras, ya sabés que no me agrada chuparla a pelo, pero estaba muy tentada y quería probarla

Alejo: ¿seguís sin tragar leche?

Rita: si, solo me animo a mamar con forros, es lo último virgen que me queda

Alejo: ¿entregaste el culo?

Rita: y me encanta que me enculen, más que tenerla en la concha, ya vas a ver todo lo que aprendí en estos años

Volvimos al baño, nos dimos una ducha rápida para quitar restos y volvimos a la cama, previo hacer desaparecer un par de latas de cerveza y los sándwiches de miga que había en el frigo.

Nos abrazamos y así nos dormimos. El sonido del teléfono del cuarto me despertó: “Caballero, en la puerta de intercambio tienen un desayuno de cortesía de la casa” dijo una voz al otro lado del aparato. Agradecí el gesto y fui en busca de él. Había un par de vasos de café, unos sobres de leche, azúcar, edulcorante y cuatro medialunas.

Los traje a la cama y tras despertar a Rita, desayunamos. La habitación permanecía cálida por lo que no era necesario estar vestidos, pero ella se colocó su infaltable camisón… Se sentó y mientras bebía el café comenzó un breve monólogo.

“Negri, sabes que ya no estamos para relaciones estables, pero espero que no desaparezcas otra vez por diez años. Está clarísimo que la pasamos genial y me encanta, sabés muy bien lo que me gusta y también lo sé lo que a vos te gusta, no perdamos esto ¿si?” dijo mientras dejaba el vaso del café vacío en la mesa de noche.

Alejo: ¿querés que seamos amigos con derechos?

Rita: obvio, nada de compromisos ni de fechas establecidas, una llamada y coordinamos para pasar un buen rato o día juntos ¿te va?

Alejo: suena bien, pero para confirmarlo, quiero que me muestres más de lo que aprendiste en estos años

Rita: seguro, cambiamos las sábanas y en un ratito te muestro.

No había perdidoo la costumbre, no podía coger más de una vez si no cambiaba sábanas y mucho menos si quedaban rastros y manchas en ellas, era muy obsesiva con eso.

Tras buscar en el placar y no hallar lo necesario, tomó el teléfono de la habitación y solicitó un juego limpio de sabana, tras recibirlo quitó las manchadas y preparó el terreno para el último round del encuentro. Fue hasta su mochila y extrajo del interior un vaporizador con aroma a vainilla que gatilló dos o tres veces sobre las sábanas limpias. Abrió la cama y me invitó a compartirla un rato más, nos dimos algo de calor corporal y por un tiempo más conversamos organizando futuros encuentros: que si en mi casa, que si en la de ella o en algún telo. Finalmente quedamos en que el próximo encuentro sería en el telo que tanto le gustaba y que ella se encargaría de reservar la habitación, con tiempo para disfrutar un detalle más al momento de pasar un rato a puro sexo.

Sería muy cerca del mediodía cuando inició el proceso de nuestro último combate cuerpo a cuerpo.

“Antes de empezar, quiero saber algo: ¿la vas a poner con o sin forro en mi culo? Es para prepararme” pidió parada a los pies de la cama. “Como más te guste y lo disfrutes” le respondí. “Ok, pero tenés que saber que una vez que me la hayas metido en el culo, no voy a dejarte meterla en la concha, porque será a pelo ¿entendido? Es mi condición” sentenció.

Me resultó extraño, pero acepté la propuesta. Se encaminó al baño y pude escuchar cómo se accionaba el duchador por un par de minutos. Volvió casi lista para empezar, se tomó el tiempo de seleccionar un par de sachet de lubricantes, me hizo señas de que abandonara la cama, se ubicó en el centro de la misma, observando hacia el cabezal, selección las luces adecuadas, colocó un par de almohadas en una ubicación específica, y lentamente fue acomodándose para quedar en cuatro, con las piernas ligeramente abiertas, bajó el torso y quedó con el culo en pompa.

Rita: dejá a mano los sobres de lubricantes, los vas a usar cuando te lo diga

Alejo: si jefa

Rita: no te rias, es para no cortar la excitación en el momento justo. Recordá que si la metes en el culo y la sacas para pasarla por la concha, se termina ahí nomás.

Alejo: ¿algo más que deba saber?

Rita: si, me la podes chupar, pasearla por la concha para calentarme bien, pero nada de intercambiar agujeros. Y un detalle más, me encanta que me laman el culo antes de ponerla adentro, también podes mandar un dedo o dos para dilatarlo antes de metérmela. ¿De acuerdo?

Si bien parecía una master class, era ni más ni menos que aquello que la excitaba y me llevaría a poder perforarle el culo por primera vez a la hembra con la que tantas veces había soñado encular.

Me masajee la verga un ratito para darle un buen tamaño y comencé con la tarea, siempre respetando sus reglas. Primero la acomodé para comerle la concha un poco y lograr algo de lubricación (recuerden que es bastante seca), cuando comenzó a humedecerse, le di una repasadita al orificio del culo con la lengua. Sabía a vainilla, obviamente lo había lavado muy a conciencia. Con ello surgieron los primeros gemidos y noté como llevaba su mano derecha a la raja, para frotarse despacio ayudando a la lubricación y excitándose de manera tranquila.

Reemplacé la lengua por la verga a lo largo de su raja y notaba como sus dedos se rozaban con la verga, casi penetrándola simultáneamente.

Ubicó la cara contra las almohadas y ahogaba sus gemidos intensos para que no se escucharan. Sacudió la otra mano cerca de los sachet de lubricantes, era la señal de que ya quería que lo vaciara en el culo, abrí uno y lo dejé caer exactamente en el hoyo. “Meteme el dedo, ahora, así se va dilatando, y entiérramela en la concha” pidió entre gemidos.

Seguí sus órdenes, primero la verga en la concha y segundos después el dedo mayor en el culo. No bombeaba, pero se movía para que mi dedole abriera el esfínter lentamente, empecé a embestirla pero me detuvo enseguida “Dejame hacer, que se agrande el agujero y cuando te haga señas, me pones la verga en el orto” fue lo último que dijo antes de empezar a manejar la situación. Se meneaba de manera contínua, buscando que el anillo se ampliara, en un momento dado vi que estaba bastante abierto y retirando aquel dedo, volví a embestir pero ahora con dos. “AHHHH!!!! Ni se te ocurra sacarlos ahora, ya falta nada” pidió con un grito. Le hice caso y mantuve los dedos dentro cuando volvió a sacudir la mano cerca del último sachet. Era la orden para verterlo en el agujero de su culo, así lo hice y pude mover los dedos en un mete saca leve, Rita ya no podía evitar los gemidos intensos, al borde del grito.

Rita: ¡¡ya!! ¡¡Méteme la verga ya!!

Saqué los dedos y sin perder tiempo se la mandé a fondo. La lubricación y la dilatación eran las adecuadas, por lo que no me costó nada entrar en ella, hasta hacer tope con su culo. Una vez adentro, me quedé quieto y dejé que ella fuera la que manejara el movimiento que se inició lento y fue aumentando paulatinamente. Cada empujón recibía como respuesta un gemido y no pude más que aferrarme a sus caderas para colaborar con el movimiento.

Habrán sido no más de 5 minutos, cuando aceleró descontrolada y en cuestión de segundos gritó y apretó mi verga con su ano. Me escurrió en menos de lo que podía imaginar, arrancó lo poco que me quedaba de leche y la dejó en el interior de su cuerpo. Temblando, cayó sobre la cama, aún con mi verga dentro, arrastrándome con ella. Aplasté su cuerpo, mientras sentía como le palpitaba el culito.

Unos minutos después, me despidió de su interior violentamente. Me retiré de arriba de su cuerpo y pude ver como la leche empezaba a escurrir desde aquel agujero enrojecido rumbo a sus piernas y para terminar en las sábanas.

Descansamos casi hasta el final del turno, quizá eran las 15 cuando lentamente se fue incorporando con algo de dificultad.

Rita: no te creas que tenes la super verga, siempre me queda sensible el culo

Caminó hacia el baño, mostrando que estaba dolorida. Sentí el bidet abrirse y el agua golpear su cuerpo, volvían lo gemidos y un chapoteo propio de sus manos llevando agua a su concha. Unos 15 minutos más tarde, dejó el baño caminando algo más recompuesta, no se calzó sus clásicos hilos, sino que solo se puso un protector y las leggins, el brassier claro con puntillas y la remera. Se sentó de lado en la cama y mirándome preguntó “¿qué tal? Te gustó trabajarte mi culito?” Asentí con la cabeza y agregué: “lo tenés muy apretadito, está casi tan bueno como la conchita reparada”.

Rita: lo entrego bastante poco, porque quieren romperlo sin piedad y eso no me hace gozar para nada. Si siguen mis reglas lo disfrutamos ambos.

Alejo: voy a tener que guardarte más leche la próxima vez, estuve buenísimo

Rita: seguro, si me das una buena cantidad, hasta trato de llevarte a un segundo polvo, si aguantas.

Alejo: habrá que probarlo.

Tomó el teléfono de la habitación, pidió el almuerzo prometido y tras vestirnos ambos, nos sentamos a la mesa de la entrada a reponer energías.

Rita: repito lo que dije anoche, no desaparezcas, la paso muy bien con vos

Alejo: después de semejante turno, no pienso en otra cosa que volver a cogerte pronto

Rita: así me gusta, que quieras cogerme, ni loco enamorarte o algo así

Alejo: prometido

Terminamos de almorzar, nos recostamos un rato hasta que el aviso de liberar la habitación llegó. Tomamos nuetras cosas y nos subimos al auto. Pasados unos 10 minutos, se abrió el portón y nos permitió salir, la tarde seguía lluviosa y fría como el día anterior. Marchamos hasta el portón de salida, se verificó el estado de la habitación, nos solicitaron las llaves y nos extendieron una tarjeta con un descuento especial a utilizar en los próximos 20 días. Nos miramos y con una sonrisa cómplice entendimos que volveríamos pronto.

La llevé a su casa, no quiso que bajara con ella, se despidió con un beso intenso antes de abandonar el auto y murmuró: “te llamo en unos días”.

Ingresó a la casa, aún con dificultades al caminar y cuando cerró la puerta, me fui a mi casa.

Estaba acomodando algunas cosas cuando sonó el celular. “Te comiste a la viejita negro, tenías el celu apagado. El miércoles vuelvo, nos juntamos y me contas. Tito”. El tipo se había tomado un tiempo para molestar y hacerme notar que había ayudado en mi fin de semana. Tito es terrible, pero gracias a él, pude disfrutar de un buen fin de semana.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar