Siete meses después de haber sido desvirgada. Con mi cuerpo ardiente de lujuria, la sensualidad y erotismo que irradiaba de mi aura. Me entregué a los brazos de mi padre, cual si fuese poseída por el demonio de la lujuria, que me condujo a la realización de mi más glorioso encuentro sexual.
Mi virginidad, lo más preciado que tenía, aquello que había cuidado por tanto tiempo, se convertía en un volcán a punto de hacer erupción, la morbosidad que sentía a mis 18 años por saberme desvirgada, me asechaba cada día. Un fuerte deseo que me llevo a ser desvirgada por un albañil.
Ayudo a Mari con la compra y me invita a pasar a su casa.
Me quedo encerrado en el ascensor con Mari y disfruto de sus tetazas.
Me levanto con ganas de orinar y mamá está en el baño.
Una noche al volver de fiesta sorprendo a mis padres follando y termino siendo invitado a gozar con mi madre.
Madre de más de sesenta sigue levantando las pasiones de su hijo.
El embarazo dispara la líbido de Rosa. Las atenciones que no recibe de su marido las obtiene de su hermana.
Un hombre de mediana edad se ve tentado por su joven vecina.
Una madre fantasea con tener sexo con su hijo y se siente culpable por ello.