El terreno estaba comprado y la constructora ya comenzaba los trabajos del nuevo estudio a las afueras de la ciudad, algo simple, armado como piezas de mecano. El nuevo estudio sería más privado y sobre todo más grande. Pensar que hace un tiempo no tenía clientes y ahora, no nado en dinero, pero, tengo recursos suficientes como para mejorar el negocio.
De pronto, la puerta abriéndose interrumpió mis sueños de ser magnate. Un tipo, de unos treinta años, entró al estudio; no alcanzaba el metro setenta y gordito; usé el diminutivo no por ser tierno, es que él era gordo, sí, pero no tanto como para ser mórbido; con pancita, rellenito, vamos, digamos que tenía los triglicéridos muy altos.
—Hola —me dijo algo nervioso—. Tomás me habló de este lugar, y eeeh...
Hice memoria, Tomás era el de la chica guerrera.
—Hola, pasa, toma asiento —le dije riendo—. ¿En qué puedo ayudarte?
Pedro me contó que él era el encargado del aseo en un gimnasio muy popular que tiene muchas sucursales en el país. Entró al puesto solo de caliente, ya que quería ver mujeres guapas. Él recibía una pensión de sus padres fallecidos; le bastaba buena como para vivir cómodamente, sin grandes lujos, pero no necesitaba trabajar.
Tomás es cliente de ese gimnasio y le habló a Pedro de mí.
—En la sucursal —me contaba— hay una chica espectacular, musculosa y hermosísima; todos estamos locos por ella, y bueno, como me ves, no soy del todo su tipo, y Tomás me dijo que tú haces milagros.
Pasé del de los deseos al milagroso de un paraguazo, en fin. Pedro me contaba que esta chica era la presidenta de no sé qué club de CrossFit, que ha ganado hasta competencias internacionales y tiene millones de seguidores en su Instagram. Lo revisé y, efectivamente, era una diosa griega de unos 25 años y pelo castaño claro; una amazona, una valquiria, una titánide, una espartana, una... Okey, ya quedó claro el punto. Ella tenía un físico espectacular; varios comentarios en sus fotos decían que hasta estaba hecha con IA.
Como siempre le advertí a Pedro que no podría asegurar nada, que todo dependería de ella, pero que yo haría mi mejor esfuerzo. Acordamos una cifra pretrabajo, algo para "moverme" y, una vez que todo estuviese encaminado, pondríamos precio final.
Lo primero era contactarla y conocerla, saber si era de las que iban más allá o no, pero en vez de pensar algo rimbombante y rebuscado, me fui por lo más simple y obvio; ella era presidenta de un club de CrossFit, así que por ahí partiría.
Llamé al club y pedí hablar con la presidenta; al rato me habló la valquiria. Le dije que buscaba hacer una sesión de fotos con una chica de cuerpo fitness y que, buscando en internet, di con este club y, al verla, supe que ella era la indicada; le ofrecí el trabajo y, además del pago, le regalaría las fotos para que las publicara en sus redes sociales; ella aceptó sin ningún reparo.
Yo sabía que le gustaban las fotos por su Instagram y que nunca había tenido una sesión profesional; todas eran selfies frente a un espejo, ya saben, lo típico.
El día acordado, en el estudio, tenía preparado un par de implementos de CrossFit: Cajón de saltos pliométricos, kettlebells, cuerda soga, saco búlgaro de entrenamiento y un par de mancuernas.
Fabiola, así se llamaba la titánide, llegó a la hora, vestía de buzo deportivo y su cara rebosaba de entusiasmo, le dije que se fuera a cambiar y que su atuendo estaba en el camarín. El atuendo lo compré específicamente para probarla; consistía en un peto diminuto y un low-rise micro shorts, ambos azul de spandex. Si se espantaba, hasta acá llegaba el deseo de Pedro, pero no, en un instante salió como si nada, cero inhibición. He de imaginar que esta clase de gente, de cuerpo perfecto y adicta al gym, está acostumbrada a que la vean con ropa ajustada, ¿no?
Ella se veía, uf, divina, no exagero. La fisionomía de Fabiola era un estudio de contrastes extremos, donde la delicadeza de sus facciones se fundía con una musculatura hiperdesarrollada y esculpida al límite de lo humanamente posible.
Ella medía un metro setenta y pico, su rostro, de piel tersa y facciones suaves, era el escenario de unos grandes ojos que tenían un anillo café alrededor de la pupila que se disolvía en un iris entre el verde y el azul según la luz, una nariz respingona y una sonrisa radiante de expresión viva y jovial, que contrastaba dramáticamente con la imponente estructura de su anatomía inferior.
Luego de un largo y poderoso cuello, el plano superior revelaba un desarrollo atlético formidable. Sus hombros eran redondos y prominentes, conectando de forma fluida con unos brazos de bíceps y tríceps densos, cuyas fibras y relieves se marcan con total nitidez bajo la piel, busto grande, redondo y firme. El torso combina una cintura estrecha y cónica con un hermoso love handle. La pared abdominal se presentaba completamente magra, revelando un bloque simétrico y profundamente tallado, un "six pack" perfecto.
Culo poderoso y redondo, de caderas anchas que terminaban en unos muslos masivos y de una amplitud hiperbólica; los cuádriceps, segmentados en vientres musculares tan definidos y voluminosos que crean hendiduras profundas y relieves imponentes que capturan la luz. Esta masiva estructura descendía de manera imponente hacia unas rodillas firmes, dando paso a unas pantorrillas igualmente gruesas, densas y fuertemente desarrolladas que completaban una anatomía superlativa y estética maximalista.
Ella era una fuerza de la naturaleza, un portento, la perfección que el trabajo duro puede alcanzar.
Me puse nervioso, lo admito, era un cuerpo fuera de mis ligas; para qué vamos a vanagloriarnos de que todo me la puedo y que vengan de a dos; en la vida hay que conocer tus límites, y mi pene, ahí, no tenía nada que hacer.
La sesión fue muy entretenida, la cámara la amaba, cualquier disparo, incluso en los errados, ella salía bien, en un momento, y dado lo ajustado de su tenida, se le sale una teta, ella solo dijo "ups" y se largó a reír, aproveché el momento y le dije que la dejara así, que su cuerpo era demasiado perfecto para taparlo, probándola. Ella sonrió, miró al techo como pensando y se quitó todo, sin recatos.
Las mujeres musculosas, por lo general, tienen las tetas atrofiadas, o sea, como casi no tienen grasa los pechos se les disminuyen, pero los de ella eran grandes, redondos, perfectos, con pezones rosados, pequeños; sucede lo mismo con la vagina, como que el clítoris tiende a sobredesarrollarse; la vagina de ella era hermosa, rosada, un deleite. Tenía un pequeño hilito de vello en el pubis.
Luego, al terminar la sesión, conversamos distendidos; como les conté una vez, no sé qué tengo, pero la gente confía en mí rápidamente. Fabiola me contaba que no es tan fácil ser guapa como se cree; cada día debe lidiar con toda clase de tipos de todas las edades que la invitaban, hostigaban y le ofrecían el oro y el moro con una clara finalidad, así que follaba menos de lo que la gente creía; hay mujeres así: les encanta el pene, pero no cualquier pene.
En fin, le propuse una sesión privada, algo personal, solo para mí y mi creatividad y esas bazofias de "artista". Una sesión de alto calibre, —como eres guapa y fornida—, le dije— podríamos hacer una sesión con alguien 180 grados a ti—. A ella le encantó la idea; a pesar de su enorme poderío físico, era una chica muy dócil.
Le dije que necesitábamos alguien con ciertas características; la llevé junto al computador y puse un prompt, que ya tenía redactado, con las características exactas de Pedro en un workflow de ComfyUI para generar una imagen IA. AL verla, Fabiola se tapó la boca de la impresión.
—Se parece mucho a Pedrito, el del aseo del gimnasio —dijo riendo.
—¿En serio? —le dije con teatralidad—. ¿Crees que se animará a participar?
—No lo sé —dijo ella—, nunca he hablado con él más que el saludo.
—Déjamelo a mí —le dije—, iré al gimnasio y hablaré con él.
Ya todo estaba listo y dispuesto; acordamos con Fabiola su pago y a Pedro, luego de darle las buenas nuevas, le dije la totalidad del costo de su deseo; me depositó de inmediato.
Y llegó el día.
El estudio estaba minimalista; en un rincón, de paredes y piso azul, había una máquina completa de ejercicios, un estante con mancuernas y un baúl negro, donde había un par de sorpresas. Parecía un rincón de gimnasio.
El juego de roles sería sencillo: la portentosa y sexy personal trainer entrenaba duramente al gordito.
Él vestía una sudadera gris, pantalones deportivos azules y zapatillas blancas; ella, mostrando todo su poderío físico, un diminuto peto y short, ambos blancos de spandex y zapatillas blancas; su pelo estaba con estilo cola de caballo.
Comenzamos con cosas simple, poses divertidas de él tratando de hacer ejercicios con esfuerzo y ella mandoneándolo, cosas jocosas, para distender el ambiente, generar confianza, y como siempre, cada tanto les recordaba que se relajaran, que "era secreto", que "nadie sabría de las fotos", ya saben, esa técnica de programación neurolingüística de repetir muchas veces un concepto o palabra.
Pero debía ganarme el sueldo.
—Alumno —le dije a Pedro—, siéntate en la máquina y toma las pesas para los brazos; entrenadora —le dije a Fabiola—, ponte de rodillas junto al alumno—. Ambos lo hicieron.
Mientras Pedro, sentado en la máquina de ejercicios, tenía los brazos levantados, Fabiola lo miraba con picardía, y con su dedo índice haciendo círculos en la panza rellenita de Pedro. Él, con esa simple acción, comenzaba a tener una erección; se notaba el bulto en su buzo deportivo.
—Entrenadora, baje su mano al pantalón del alumno—. Ella lo hizo y notó el pene semierecto de Pedro; ella sonrió, ahogando la carcajada que quería nacer; sin lugar a dudas, sabía lo que ella provocaba en los hombres.
Comenzó a masajear el pene de Pedro sobre la ropa, sin dejar de sonreír; él miraba con risa nerviosa. Pedro sabía exactamente lo que quería, sí, era un caliente de mierda, sí; pero también era muy tímido, y eso le causaba ternura a Fabiola.
—Entrenadora, bájele el pantalón al alumno.
Al hacerlo, salió a relucir un pene bastante grande y grueso; se las tenía guardadas este Pedrito. Fabiola no disimuló su sorpresa abriendo los ojos y levantando las cejas.
Ella comenzó a pajearlo con sus brazos musculosos; yo rogaba para que no se emocionara demasiado y lo apretara con su poderío, ya que lo partiría en dos.
Mientras lo pajeaba con una mano, con la otra levantaba su peto, dejando al descubierto sus hermosas y grandes tetas y, sin pedírselo, comenzó a pajearlo con ellas. El pene de Pedro, erecto al máximo, estaba en medio de esas hermosuras mientras ella las apretaba con sus manos, mostrando sus poderosos bíceps, y subía y bajaba sus tetas con ritmo suave y constante.
La sonrisa de Pedro era nerviosa, intercalada por gestos de placer; de seguro en ese momento no podía creer que la amazona del gimnasio, la deseada por millones, le estaba haciendo un titjob.
—Permiso— dijo ella y tomó el pene de Pedro y se lo echó a la boca, dando profunda mamadas.
Pedro gimió de placer; la boca pequeña de Fabiola hacía un esfuerzo para meter esa gruesa verga en su boca; los labios carnosos se angostaban cuando bajaba y volvían a engrosarse cuando subía. El pene de Pedro brillaba con la humedad de la saliva. La mano de Fabiola estaba dentro de su short, estimulando su clítoris Ella pasó de cero a cien en un santiamén; hacía tiempo que no follaba, estaba ganosa.
—Entrenadora, desnúdese y siéntese en su alumno.— Ella ni lo dudó, en un instante estaba desnuda y se puso de espaldas a un Pedro que aún estaba tumbado en la máquina, ella, con las piernas abiertas, toma el pene de Pedro con su mano y lo apunta directo a la entrada de su vagina. Bajó despacio y sintió esa verga dilatar su vagina, ella gimió nasal, y comenzó a hacer ejercicio de piernas sobre el pene. Los músculos de sus piernas estaban hinchados con la postura, una delicia a la vista, mientas subía y bajaba estimulaba sus pezones; Pedro, había bajado los brazos y la tenía tomada por esa cintura musculosa y angosta, sentía fibras, nada de grasa en sus manos.
Luego, ambos totalmente desnudos estaban en el piso. Fabiola estaba de rodillas haciéndole mamadas a un Pedro que estaba de pie y totalmente fuera de sí; su panza rellenita vibraba con cada mamada. Miraba hacia abajo y veía cómo esa diosa, esa valquiria, ese amasijo de músculos hecha mujer hacía desaparecer su pene en su boca.
—Alumno, saque el utensilio de ejercicios de la caja —le dije. Pedro abrió la caja y sacó una cuerda de salto que en vez de manijas tenía dos grandes cilindros de punta redonda. Ella tomó la cuerda y comenzó a saltar, riendo, y luego se los devolvió a Pedro.
—Entrenadora, ponga un pie sobre la banca de la máquina e inclínese un poco. Ella lo hizo muy ágil y sexy; su poderosa pierna estaba sobre la banca mientras la otra estaba sobre el piso. Se inclinó y, como presintiendo lo que venía, levantó su redondo y poderoso culo, abriendo sus musculares glúteos con las manos.
Pedro comenzó a meter la larga y gruesa manija en la vagina de Fabiola, quien, de manera golosa, pidió que la otra no quedara en soledad. Él, con risa nerviosa, le hizo caso y metió la otra manija en el ano de Fabiola. Al principio no cedía, pero al entrar ella, gimoteó con fuerza y el ano se dilató. Ella gemía de placer cada vez que él metía y sacaba, con delicadeza, las manijas de la vagina y el ano de Fabiola; ella pidió más rudeza, él aceleró el tranco.
Luego Pedro tiró la cuerda de salto lejos y comenzó a penetrarla él por el ano, primero con delicadeza, luego más rudo; la panza de él rebotaba en ese culo poderoso.
Le pedí dar una nalgada que casi me hizo reír; él la golpeó, pero las nalgas de Fabiola eran tan musculosas que no le hizo mella, ni vibraron siquiera. También rogaba a los dioses para ella no hiciera fuerza con sus poderosos glúteos que podría dejar la verga de Pedro como tortilla.
Luego Fabiola se puso de espaldas en la banca de la máquina de ejercicios, con las piernas elevadas, abiertas, y Pedro comenzó a penetrarla con ansias. El pene entraba completo dentro de esa rosada vagina que ya estaba más rojiza de placer. Los testículos, como péndulo, golpeaban los glúteos de ella como cachetadas. La panza de Pedro fricaba contra el six pack poderoso de Fabiola; ella lo tomó del cuello y lo llevó hasta sí para besarlo apasionadamente mientras sus piernas lo apresaban como tenazas; de nuevo rogaba para que midiera su fuerza, que podría quebrarle algún hueso al gordito.
—Dame más por el culo, Pedro —pidió ella, y él, en la misma posición, obediente, cambió de agujero; ella se contorsionó hacia atrás del placer. Él tenía entre sus brazos flácidos unas piernas musculosas y poderosas abiertas de par en par mientras penetraba ese culo dilatado y rojizo de tanto roce. Ella acabó, lanzando un pequeño chorrito vaginal y sus músculos se contrajeron, haciéndolos ver aún más poderosos. Fue justo a tiempo, ya que Pedro sacó su pene del ano y eyaculó sobre el six pack de Fabiola una gran cantidad de semen. Ella, en éxtasis, miró sus músculos brillantes de sudor y semen, sacó un poco los dedos y se humedeció los labios con él, sonriendo.
Luego se puso de rodillas y tomó el pene aún palpitante de Pedro y lo succionó con euforia.
—¡Corte! —dije—. Perfecto, son unos profesionales. Los felicitaba mientras me alejaba hacia mi escritorio, dejando a ambos jadeando; de reojo miré y ella besó apasionadamente a Pedro, envolviéndolo con sus poderosos brazos.
Mucho más tarde me despedí de ambos; al mirar por la ventana los vi alejarse por la avenida conversando animadamente, en un instante, ella lo abrazó por el cuello con sus brazos musculosos mientras él trataba agacharse, sin poder zafarse de esa poderosa valquiria. Sonreí.
Varios meses después, de casualidad en un mall los volví a ver; Pedro estaba hecho un poderoso Adonis, musculoso, cero grasa; iba de la mano de Fabiola; ella lo había "entrenado" bien. Sonreí.
Con el siguiente trabajo estrenaría el nuevo estudio, y a tiempo, ya que el deseo requeriría un espacio más grande del necesario para poder ser realizado.