La puta creyente III
Daniel ahora quiere unir a más personas a su credo retorcido dónde convence a Sofía de que necesita más creyentes putas
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@claudio.fernandez1
claudio fernandez
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Daniel ahora quiere unir a más personas a su credo retorcido dónde convence a Sofía de que necesita más creyentes putas
Sofia se vuelve una viciosa de Daniel y como este la está llevando en su mismo credo al perder la cabeza mientras el se la folla y lo disfruta
Daniel llega a un pueblo abandonado donde se encuentra una joven llamada Sofía que es una creyente religiosa y de como este la follara engañandola en su propio credo
Una mujer ve como se desboca su deseo y acaba en una vorágine de placer y emociones sin precedentes.
Sin nada que lo sujetase, el vestido se deslizó por el cuerpo de María cayendo irremediablemente al suelo de aquella estancia, dejando ante mi la espalda desnuda de aquella mujer tan deseada, su culo que minutos antes había estado penetrado con mis dedos y las medias y zapatos que eran las únicas prendas que se mantenían sobre su piel.
El chico al que estaba lamiendo la polla, la agarró de la cabeza y comenzó a tensar sus músculos, vi saltar un chorro de esperma hacia la cara de mi mujer y en la de nuestra amiga y cómo ambas relamían los restos de leche que emanaba de aquella polla.
Así lo hicieron, durante la comida charlaron de sus vidas en los últimos años, se contaron mil aventuras y rieron con los recuerdos que cada uno guardaba de su antigua relación. En la sobremesa, mientras tomaron café y algún licor, comenzaron a hablar de sus aventuras amorosas y enseguida recordaron su actividad sexual.
De pronto escuché una voz que me hizo dar un respingo en la silla: "Hola… las he visto mejores." Decía esa voz que se escuchaba por mis altavoces. Convencido de que cortaría de inmediato le respondí "¿Te gusta?", a lo que ella respondió afirmativamente.
Lucía una minifalda espectacular y un top que dejaba ver su ombligo y su vientre liso, pude observar con más proximidad el volumen de sus pechos, qué maravilla, estaban operados, sin duda, pero qué preciosidad, tan alta como yo, en este momento lo pude comprobar y con unas sandalias de tacón corto que realzaban aun más su figura y su cuerpo de pecado.
Comenzamos a pasar jugadas… que si poker, que si dobles parejas, el caso es que entrábamos en la misma dinámica que con las cartas, una vez que perdí yo me pusieron, como prueba, asomarme a la terraza que da al paseo lleno de gente y subirme a una silla haciendo como que tiendo ropa y debía subir a la silla con el bañador bajado.
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