“Hazlo, Kevin. Córrete dentro de mí. Quiero sentirlo. Córrete dentro del coño de tu hermanita”. Para subrayar esas palabras, Cora se empujó hacia abajo sobre mí, alojando mi polla lo más profundo posible en su coño. Mi mano quedó atrapada entre nosotras, jugando lo mejor que pudo con su clítoris.
El vuelo a Montreal fue tranquilo, solo aburrido a pesar de ser en clase ejecutiva. Leí los horarios del trabajo por hacer y, por lo que leí, no habría retrasos. La línea que el cliente había pedido venía directamente de la planta de producción, sin extras, y el equipo asignado para la instalación tenía suficiente experiencia como para que no previera ningún problema.
Mi hermana no solo se había sentado a observar mientras mi madre y yo hacíamos el sesenta y nueve como las adolescentes más cachondas del planeta, sino que además se había corrido. Mi hermana se había masturbado hasta el clímax viendo a su madre y a su hermano follarse la cara.
Ambos yacíamos jadeando en la oscuridad. Periódicamente, una pequeña sacudida recorría a mamá haciéndola retorcerse contra mí. La abracé y sonreí como un idiota. Una parte de mí quería quedarme despierto y observar a esta mujer insoportablemente sexy alcanzar su brillo postorgásmico.
Quitándose los tacones de una patada, llegó al borde de mi cama, donde se sentó riendo. El olor a sudor y vodka impregnaba el aire. Mamá tenía el pelo despeinado. Todavía llevaba el vestidito negro, francamente escandaloso, con el que había salido.
Los hormonas hicieron que Karen y Rachel continuaran su declive.
La miré y sin vergüenza empecé a lamer la entrada de su vagina que se encontraba resplandeciente por los jugos que la bañaban...
Siempre tuve la fantasía de estar con una dama mayor que yo, de aproximadamente unos 40 años, sobre todo porque sabía que tenían mucha más experiencia que las mujeres de 18 o 20 años en la cama...
Mi señor me ha vuelto a pedir que escriba otro relato, en el anterior ya os conté que me he comprado casa, y la verdad que estoy deseando poder estrenarla
El compadre de ambos, finalmente logra someter a la esposa, y se la coge en todos los rincones de la casa, y cuando el esposo vuelve del trabajo, se convierte en el cornudo conciente, humillado y esclavo de la nueva pareja. El compadre se los termina cogiendo a los dos, convirtiéndolos en sus putitas.