Nos vestimos, su amante había regresado, ella no dejaba de besarlo y agradecerle con su mirada el despertar sexual de su nuevo agujero, como si yo no estuviera, como sino existiera; el me miraba a mi con prepotencia de saberse mi condición de cornudo sumiso consentido y humillado
Me desataron las manos y volvió a advertirme que ni siquiera me tocara o el resto de velada la pasaría en el cuarto de baño a oscuras y de rodillas con las manos atadas por detrás a mi polla, mientras oiría sus jadeos desde la habitación.
Yo sabía que eso traería complicaciones, pero la quería y eso era lo que importaba, además siempre me quejé de mi ex que era pasiva en las relaciones y era yo el que tenía que insistir para echar un polvo porque a ella no le iba mucho.