El amigo de mi marido
Como fue mi primer intercambio a traves de una aventura con el mejor amigo de mi marido una vez que nos fue a visitar a casa.
@JuCa42 · Argentina
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Como fue mi primer intercambio a traves de una aventura con el mejor amigo de mi marido una vez que nos fue a visitar a casa.
En el Corte Inglés de Moratalaz había un vendedor que era conocido en su zona por una pericia inusitada en el instante de la venta.
A ella siempre le gusto echarse un último polvo conmigo, mismo si había pasado toda la noche con otro, me decía que después de acabar con los otros, si bien estaba satisfecha, era como que le faltaba un poquito mas y bueno yo nunca me hice rogar.
Me costó mostrar mi cuerpo a un desconocido, pero Don Pedro, el dueño del local, tuvo la suficiente sabiduría para descubrir en mí algunas condiciones que me hacían apta para el trabajo siendo contratada como bailarina a prueba.
Con el paso del tiempo, de los años, mis relaciones sexuales han mejorado de forma importante. Así, de ser un chico algo tímido y con experiencias sólo satisfactorias en el plano físico, he pasado a conseguir plenas actuaciones que nos dejan satisfechos en lo físico y en lo emocional tanto a mi pareja como a mí mismo.
Durante un rato en la habitación de las chicas pudo oír risas que dieron paso a jadeos entrecortados. Jorge pensó que lo hacían para reírse de él y salió de su cuarto enfadado y dispuesto a poner los puntos sobre las íes. Cuando llegó a la altura de la habitación pudo ver que la puerta estaba entreabierta y al asomarse vio una escena que lo dejó perplejo.
Se giró y al verme empalmado, se asombró de aquella cosa. Sin pensárselo se agacho y me la agarró con la mano y mamándomela. Mientras me la mamaba, se subió la minifalda y se quito su húmedo tanga rojo y empezo a meterse el dedo, luego el segundo.
Permitió que me abrazara a ella para desdramatizar la paja, y no impidió que la tocara. Mientras ella se reía y acababa de limpiar mi polla todavía entre sus manos, yo le tocaba sus tetas descaradamente, sopesándolas, y la besaba por el cuello con lujuria y pasión.
Vaya si me volvía loca, mi tiempo dedicado a la masturbación aumentó iba todo el día mojada , me masturbaba en el granero, en el lavabo por debajo de la mesa mientras cenábamos, ya he dicho antes que soy muy ardiente, soy un animal adicto al sexo.
Un día apareció un pastor alemán de unos dos años por el barrio donde yo vivía, siempre fui muy amigo de los perros y rápidamente no convertimos en buenos compañeros de juegos, incluso le puse nombre, Capitán, al que el obedecía como si siempre lo hubiese tenido.
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