Tengo 21 años, y esto ocurrió hace tan solo un par de meses, me encontraba pasando unos días con mis padres y mi hermano en la costa, estábamos en un hotelito, nada del otro mundo, con la típica piscina y poco más... pues bien, no hace falta decir lo mucho que me aburría con mis padres, estaba cansada de ir con ellos a todos sitios, así que una mañana que ellos salían de excursión les dije que me quedaría en el hotel porque no me encontraba nada católica para ponerme a dar paseítos.
En fin, que el caso de mi esposa era extremadamente difícil, ¿Cómo conseguir realizar mi fantasía?. ¿Proponérselo? Imposible. Lo más probable es que se lo contase a nuestros hijos para entre todos llevarme al psiquiatra. Eso en el mejor de los casos. En el peor podría ser incluso que me sacase de casa.
Ya no pude contenerme más y casi le desgarré la ropa para poder saborear su piel, sus pequeños pero bien puestos pechos y con sus pezones que cada vez estaban más y más duros, y como no, sus dulces flujos de los que no dejé caer ni uno solo en otro sitio que no fuera mi boca. Lo deseaba.
Fue imposible. Eran demasiado grandes para llegar a ella con mi lengua. Me monte sobre ella y empecé a jugar con mi verga entre sus nalgas. Se las abría y la dejaba aprisionaba con tremendas nalgas. Le dije que me la apretara. La gorda apretó sus nalgas y hasta me dolió el apretón pero era exquisito, mientras mi manos apretaban sus tetas que se desparramaban por el lado. Tenía que hacer mío ese culo.
Comencé a fijarme en su hija, una preciosa niña rubita de 18 años cuando yo tenía 23 y descubrí maravillado que tenía una madre que parecía su hermana y que todo el mundo se giraba para observarla el movimiento de culito, ella tenía en ese momento 40 años, no sé si inconscientemente por esa visión, acabé tirándola los tejos a su hija y nos convertimos en novios.
Corrimos todos hacía las tiendas y colocamos las toallas y sacos de dormir abiertos cerca del fuego. Nos tumbamos entre besos, abrazos y toqueteos. Mi novia se tumbó boca arriba delante de mí y se abrió de piernas deseosa de que la lamiera entera.
ÉL ya estaba empalmado otra vez, no podía esperar más, le ordené que me metiera la polla, necesitaba sentirla dentro de mi, y eso hizo, me la clavó entera, la sentía entrar y salir, primero despacio... luego más y más deprisa.... más y más.... mientas yo me acariciaba el clítoris... estaba llegando a otro clímax... me paré... no quería acabar aun...
Jamás había hecho a nadie partícipe de sus fantasías, las cuales alimentaba en la contemplación de fotografías y videos en la red. El chat le atemorizaba, ante la posibilidad de que le propusieran un contacto real. Sin embargo, aquel anuncio captó su atención e hizo crecer su inquietud y sus deseos de probar.
Así que me dediqué a pasear la vista por la habitación cuando vi que mi amiga sueca le estaba tocando la polla al alemán por debajo de la mesa. Mi amigo holandés también los estaba mirando.
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